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martes, 17 de abril de 2012
EL DESORDEN Y LA LUCHA Y EL DESPOJO DE LA IMAGINACIÓN
Por un desorden, consecuencia del pecado original, cada facultad, dice Santo Tomás, busca su bien propio sin ocuparse del bien común, aunque el conjunto haya de perecer. Sucede entonces como cuando hay que domar a una manada de fieras. Que no se consigue sino con el látigo y sin perderlas de vista. Y si uno carece de dominio sobre sí mismo, sobre todo al principio, aquello es una jaula de fieras. No bajéis a ella so pretexto de dominarlas a latigazos. No lo lograríais. Cerrad la trampa y subid hacia Dios. ¿Cómo lograrlo? Es un secreto, pero el Espíritu Santo os lo enseñará.
Además, que el Enemigo merodea siempre alrededor de las almas. Y aquellas que se le escaparon y se esfuerzan en servir a Dios le son particularmente odiosas. Para turbarías lo intenta todo. Quiere impedir que den frutos. Y para eso arremete contra las flores en cuanto éstas brotan. Pues cada flor que cae antes de tiempo es un fruto perdido para la cosecha. Y cada buen pensamiento apagado por el miedo, cada buen deseo sofocado por el te-mor, son otras tantas flores estériles. El Demonio lo sabe. Y por eso excita en el alma esos mil pequeños brotes importunos y turbadores de necia vanidad, de envidiosa susceptibilidad, de iracunda impaciencia, de caprichosa avidez que molestan, inquietan, paralizan, intimidan, y acaban por dividir simultáneamente la atención del espíritu y la aplicación de la voluntad.
Dios, en cambio, jamás está en la turbación o en la inquietud; por esos signos reconoceréis, pues, siempre, que aquello no es de Él. ¡Es tan sutil el Demonio para dañar a las almas de vida interior!
DESPOJO DE LA IMAGINACIÓN
Un punto sobre el que hemos de insistir es la educación de la imaginación.
La imaginación es la zona en que confluyen las facultades superiores y las inferiores. Adueñarse de ella tiene así la mayor importancia. Pero no se consigue fácilmente... Paciencia, pues, y tiempo al tiempo.
No tenemos sobre la imaginación un poder despótico, sino político. Ganémosla por destreza. Presentémosle imágenes buenas y santas; dejémosla libre, si es necesario, vigilándola. Poco a poco, cuando las demás facultades hayan sido ganadas por Dios, formará al lado de ellas.
La regla general es el Age quod agis de los antiguos. Terminar con las discusiones inútiles sobre lo que acabamos de hacer, con las preocupaciones sobre lo que hemos de hacer más tarde. Lo que hemos de vigilar, regular y dominar es la imagen que está siempre al final de la acción lo mismo que estuvo en su origen. Atengámonos únicamente a la imagen de lo que hacemos, pero sin precisarla más de cuanto sea menester. Que durante este tiempo el fondo del alma está unido muy suavemente a Dios. Insistamos mucho sobre este punto.
Multiplicar las imágenes es aumentar el desasosiego, dividir las fuerzas de la atención. Durante la acción, no tengamos en la imaginación más que una imagen; la de la cosa que hagamos. En la meditación, por otra parte, en lugar de combatir las distracciones, vale más que nos volvamos hacia Dios y vayamos derechos a Él por un movimiento vigoroso del alma.
Ocupad vuestro espíritu, pero en paz y con paciencia. No le deis a moler más que muy buen trigo. Que trabaje lentamente. Las lecturas inútiles no sirven más que para hacer girar la imaginación en el vacío. Pero los molinos no están hechos para girar, sino para moler. La conclusión es fácil de deducir.
Para ver mejor los «armónicos» de una idea principal y sus ideas afines, debilitad el sonido de aquélla. Y dedos: agrando, luego exagero.
No escuchéis el rumor que se forma en vuestra alma; eso es, por lo menos, perder el tiempo. Dejad más bien que la tierra siga girando. Procurad vivir a la manera de las almas desasidas. Uníos a Dios por lo más alto del alma. No esperéis a mañana para concluir vuestros trabajos de construcción. Hacedlo desde ahora mismo.
Vigilad mucho vuestras fuentes, vuestros puntos de partida, como se vigila un cruce de agujas o una cimentación. Pues sin eso, y ayudados por la lógica, podéis construir todo un edificio sobre la arena, sin punto de apoyo, en el aire. Y ya sabéis lo que sucede... A menos de que las conclusiones a las que lleguéis os adviertan por sí mismas que habéis equivocado el camino...
En el descanso, suprimid despiadadamente todo ensueño imaginativo en cuanto lo vislumbréis. Dad a Dios la fidelidad de no ocuparos más que de Él y Él os dará enseguida la Gracia, para hacer lo que sea preciso y para resolver los problemas pendientes.
Hay períodos en los que la «rueda de molino» es muy difícil de parar; es preciso saber soportar esas importunidades de la imaginación. No persigáis entonces a Dios, sino volved hacia Él suavemente las facultades superiores. Es lo más seguro e, incluso, lo más fácil. Velar sobre la salud, la moderación en la marcha, en la escritura, etc., ayuda mucho. Pues en la pobre máquina humana todo se relaciona.
Importa mucho evitar todo lo que agita, inquieta y turba. ¿Sobre quién descansará mi Espíritu sino sobre el humilde y el pacífico? ¡Tenemos tanta necesidad del Espíritu Santo!
Acordaos de que la imaginación es tanto más de temer y de vigilar cuanto que no siempre se equívoca necesariamente.
Robert de Langeac - La vida oculta en Dios
Además, que el Enemigo merodea siempre alrededor de las almas. Y aquellas que se le escaparon y se esfuerzan en servir a Dios le son particularmente odiosas. Para turbarías lo intenta todo. Quiere impedir que den frutos. Y para eso arremete contra las flores en cuanto éstas brotan. Pues cada flor que cae antes de tiempo es un fruto perdido para la cosecha. Y cada buen pensamiento apagado por el miedo, cada buen deseo sofocado por el te-mor, son otras tantas flores estériles. El Demonio lo sabe. Y por eso excita en el alma esos mil pequeños brotes importunos y turbadores de necia vanidad, de envidiosa susceptibilidad, de iracunda impaciencia, de caprichosa avidez que molestan, inquietan, paralizan, intimidan, y acaban por dividir simultáneamente la atención del espíritu y la aplicación de la voluntad.
Dios, en cambio, jamás está en la turbación o en la inquietud; por esos signos reconoceréis, pues, siempre, que aquello no es de Él. ¡Es tan sutil el Demonio para dañar a las almas de vida interior!
DESPOJO DE LA IMAGINACIÓN
Un punto sobre el que hemos de insistir es la educación de la imaginación.
La imaginación es la zona en que confluyen las facultades superiores y las inferiores. Adueñarse de ella tiene así la mayor importancia. Pero no se consigue fácilmente... Paciencia, pues, y tiempo al tiempo.
No tenemos sobre la imaginación un poder despótico, sino político. Ganémosla por destreza. Presentémosle imágenes buenas y santas; dejémosla libre, si es necesario, vigilándola. Poco a poco, cuando las demás facultades hayan sido ganadas por Dios, formará al lado de ellas.
La regla general es el Age quod agis de los antiguos. Terminar con las discusiones inútiles sobre lo que acabamos de hacer, con las preocupaciones sobre lo que hemos de hacer más tarde. Lo que hemos de vigilar, regular y dominar es la imagen que está siempre al final de la acción lo mismo que estuvo en su origen. Atengámonos únicamente a la imagen de lo que hacemos, pero sin precisarla más de cuanto sea menester. Que durante este tiempo el fondo del alma está unido muy suavemente a Dios. Insistamos mucho sobre este punto.
Multiplicar las imágenes es aumentar el desasosiego, dividir las fuerzas de la atención. Durante la acción, no tengamos en la imaginación más que una imagen; la de la cosa que hagamos. En la meditación, por otra parte, en lugar de combatir las distracciones, vale más que nos volvamos hacia Dios y vayamos derechos a Él por un movimiento vigoroso del alma.
Ocupad vuestro espíritu, pero en paz y con paciencia. No le deis a moler más que muy buen trigo. Que trabaje lentamente. Las lecturas inútiles no sirven más que para hacer girar la imaginación en el vacío. Pero los molinos no están hechos para girar, sino para moler. La conclusión es fácil de deducir.
Para ver mejor los «armónicos» de una idea principal y sus ideas afines, debilitad el sonido de aquélla. Y dedos: agrando, luego exagero.
No escuchéis el rumor que se forma en vuestra alma; eso es, por lo menos, perder el tiempo. Dejad más bien que la tierra siga girando. Procurad vivir a la manera de las almas desasidas. Uníos a Dios por lo más alto del alma. No esperéis a mañana para concluir vuestros trabajos de construcción. Hacedlo desde ahora mismo.
Vigilad mucho vuestras fuentes, vuestros puntos de partida, como se vigila un cruce de agujas o una cimentación. Pues sin eso, y ayudados por la lógica, podéis construir todo un edificio sobre la arena, sin punto de apoyo, en el aire. Y ya sabéis lo que sucede... A menos de que las conclusiones a las que lleguéis os adviertan por sí mismas que habéis equivocado el camino...
En el descanso, suprimid despiadadamente todo ensueño imaginativo en cuanto lo vislumbréis. Dad a Dios la fidelidad de no ocuparos más que de Él y Él os dará enseguida la Gracia, para hacer lo que sea preciso y para resolver los problemas pendientes.
Hay períodos en los que la «rueda de molino» es muy difícil de parar; es preciso saber soportar esas importunidades de la imaginación. No persigáis entonces a Dios, sino volved hacia Él suavemente las facultades superiores. Es lo más seguro e, incluso, lo más fácil. Velar sobre la salud, la moderación en la marcha, en la escritura, etc., ayuda mucho. Pues en la pobre máquina humana todo se relaciona.
Importa mucho evitar todo lo que agita, inquieta y turba. ¿Sobre quién descansará mi Espíritu sino sobre el humilde y el pacífico? ¡Tenemos tanta necesidad del Espíritu Santo!
Acordaos de que la imaginación es tanto más de temer y de vigilar cuanto que no siempre se equívoca necesariamente.
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viernes, 13 de mayo de 2011
MORTIFICACIÓN DEL CORAZÓN Y RENUNCIAMIENTO A LA VOLUNTAD PROPIA
Dad vuestro corazón a Jesús cada vez más. No esperéis para eso a ser perfectos. No, dádselo ahora. No busquéis voluntariamente ningún consuelo. Dios, que os conoce y que vela sobre vosotros, os dará los que necesitéis in tempore oportuno.
Dios no quiere que procuréis el ser amado y el saberlo. Os lo concederá por añadidura, pero cuando ya no lo deseéis. Mientras tanto, quiere que lo busquéis a Él sólo, siempre por todas partes, en todo, especialmente en la humillación.
No busquéis nada sensible; no es sólido. Estamos compuestos de una parte espiritual y de una parte sensible; pero lo que sucede en la segunda es de orden absoluta. No debe contar prácticamente. Dios es espíritu. So1o importa, pues, lo espiritual. Si lo que le decís nada os dice, no importa. Continuad, con tal de que Él esté contento.
Más bien es, preciso temer las emociones sensibles en la vid espiritual, porque son emociones agradables. Se cree uno virtuoso. Se apega uno a ellas, porque son emociones agradables. No las pidáis, no las deseéis. No os adhiráis a ellas nunca. El amor sensible proviene del conocimiento sensible. ¡Si pudierais comprender la diferencia que hay entre el mismo amor natural de Jesús y el amor sobrenatural, el verdadero amor de caridad! Suponed un alma que, sin haber recibido la Gracia, hubiese amado a Nuestro Señor sobra la tierra únicamente porque Él era hermoso y bueno... Es algo de orden absolutamente distinto. Lo sensible debe ser mortificado, eliminado, para dejar sitio a lo espiritual. Fijaos en San Juan de la Cruz: no sólo quiere que se renuncie a lo sensible, sino, incluso, en los afectos espirituales, a la alegría sentida por si misma. Sobre la tierra, no hay proporción entre nuestro conocimiento y nuestro amor. Por eso es por lo que se puede amar más de lo que se conoce. Debe bastarnos con saber que Dios es Infinitamente amable y que se le ama cumpliendo su voluntad. El conocimiento sensible es secundario, pero podemos figurarnos a Nuestro Señor de tal o de cual manera; depende de las imaginaciones. En cuanto al conocimiento intelectual, San Juan de la Cruz dice, y es verdad, que no tenemos sobre Dios más que unas ideas toscas, pero mientras Dios no nos dé luces infusas, tenemos que servirnos de ellas aunque sepamos sobradamente que son toscas. Pues nosotros no somos espíritus puros.
RENUNCIAMIENTO A LA VOLUNTAD PROPIA
Nosotros probamos a Dios que le amamos cuando cumplimos su voluntad desde la mañana a la noche, cuando la cumplimos bien, cuando la cumplimos con todo nuestro corazón, no sólo en sus líneas generales, sino en sus más pequeños detalles.
La amistad verdadera consiste en la unión de dos naturalezas y de dos personas en una sola voluntad.
Caminad con la mirada fija en lo alto. Obedeced sencillamente, inteligentemente. Y, en lo demás, en cuanto no haya pecado, haced la voluntad ajena, mejor que la vuestra. Lo que cuesta más no es la mortificación, es la obediencia, esa cesión de nuestra voluntad a la voluntad de otro. ¡Bajo qué luz tan dis-tinta veríamos la obediencia, si viéramos en la voluntad de ese otro la de Dios!
A veces, ante un pequeño sacrificio que hemos de hacer, no queremos ver la voluntad de Dios, porque si la viéramos, estaríamos obligados a seguirla. Entonces desviamos nuestras miradas para no considerar el vínculo que une indisolublemente la perfección y ese pequeñísimo sacrificio.
Tenemos que reprocharnos todas las noches nuestras resistencias a la voluntad de Dios por falta de generosidad, por falta de amor y, sin embargo, un sacrificio frustrado queda frustrado eternamente… y quizá era el comienzo de una cadena de gracias que se rompió porque no supimos coger su primer anillo. La fidelidad en las pequeñeces para con un Dios tan grande seria para nosotros el comienzo de los máximos favores. Santa Teresa del Niño Jesús decía que no recordaba haber negado nada a Dios desde la edad de tres años.
Desconfiad mucho de los razonamientos a los que os sintáis apegados. No son fruto normal de vuestra inteligencia, sino más bien de vuestra voluntad. No siempre veis las cosas como en realidad son, pues hay imponderables atómicos que se os escapan. Y suplís esta deficiencia con un alarde de voluntad: "Lo quiero así, pues así lo mando, y si me preguntáis el motivo os diré que es mi voluntad" (Juvenal). Es algo que hay que corregir.
No dejéis hacer a Dios lo que podáis hacer vosotros mismos. Todavía le quedará mucho que hacer.
No puedo actuar fuera de las indicaciones de Dios. Cada vez que me he mantenido en los límites exactamente trazados por la Providencia se ha realizado un poco de bien. Cada vez que he querido traspasarlos, aunque no fuera más que en una tilde y bajo los mejores pretextos, lo he embrollado todo y el bien no se ha realizado.
Robert de Langeac - La vida oculta en Dios
Dios no quiere que procuréis el ser amado y el saberlo. Os lo concederá por añadidura, pero cuando ya no lo deseéis. Mientras tanto, quiere que lo busquéis a Él sólo, siempre por todas partes, en todo, especialmente en la humillación.
No busquéis nada sensible; no es sólido. Estamos compuestos de una parte espiritual y de una parte sensible; pero lo que sucede en la segunda es de orden absoluta. No debe contar prácticamente. Dios es espíritu. So1o importa, pues, lo espiritual. Si lo que le decís nada os dice, no importa. Continuad, con tal de que Él esté contento.
Más bien es, preciso temer las emociones sensibles en la vid espiritual, porque son emociones agradables. Se cree uno virtuoso. Se apega uno a ellas, porque son emociones agradables. No las pidáis, no las deseéis. No os adhiráis a ellas nunca. El amor sensible proviene del conocimiento sensible. ¡Si pudierais comprender la diferencia que hay entre el mismo amor natural de Jesús y el amor sobrenatural, el verdadero amor de caridad! Suponed un alma que, sin haber recibido la Gracia, hubiese amado a Nuestro Señor sobra la tierra únicamente porque Él era hermoso y bueno... Es algo de orden absolutamente distinto. Lo sensible debe ser mortificado, eliminado, para dejar sitio a lo espiritual. Fijaos en San Juan de la Cruz: no sólo quiere que se renuncie a lo sensible, sino, incluso, en los afectos espirituales, a la alegría sentida por si misma. Sobre la tierra, no hay proporción entre nuestro conocimiento y nuestro amor. Por eso es por lo que se puede amar más de lo que se conoce. Debe bastarnos con saber que Dios es Infinitamente amable y que se le ama cumpliendo su voluntad. El conocimiento sensible es secundario, pero podemos figurarnos a Nuestro Señor de tal o de cual manera; depende de las imaginaciones. En cuanto al conocimiento intelectual, San Juan de la Cruz dice, y es verdad, que no tenemos sobre Dios más que unas ideas toscas, pero mientras Dios no nos dé luces infusas, tenemos que servirnos de ellas aunque sepamos sobradamente que son toscas. Pues nosotros no somos espíritus puros.
RENUNCIAMIENTO A LA VOLUNTAD PROPIA
Nosotros probamos a Dios que le amamos cuando cumplimos su voluntad desde la mañana a la noche, cuando la cumplimos bien, cuando la cumplimos con todo nuestro corazón, no sólo en sus líneas generales, sino en sus más pequeños detalles.
La amistad verdadera consiste en la unión de dos naturalezas y de dos personas en una sola voluntad.
Caminad con la mirada fija en lo alto. Obedeced sencillamente, inteligentemente. Y, en lo demás, en cuanto no haya pecado, haced la voluntad ajena, mejor que la vuestra. Lo que cuesta más no es la mortificación, es la obediencia, esa cesión de nuestra voluntad a la voluntad de otro. ¡Bajo qué luz tan dis-tinta veríamos la obediencia, si viéramos en la voluntad de ese otro la de Dios!
A veces, ante un pequeño sacrificio que hemos de hacer, no queremos ver la voluntad de Dios, porque si la viéramos, estaríamos obligados a seguirla. Entonces desviamos nuestras miradas para no considerar el vínculo que une indisolublemente la perfección y ese pequeñísimo sacrificio.
Tenemos que reprocharnos todas las noches nuestras resistencias a la voluntad de Dios por falta de generosidad, por falta de amor y, sin embargo, un sacrificio frustrado queda frustrado eternamente… y quizá era el comienzo de una cadena de gracias que se rompió porque no supimos coger su primer anillo. La fidelidad en las pequeñeces para con un Dios tan grande seria para nosotros el comienzo de los máximos favores. Santa Teresa del Niño Jesús decía que no recordaba haber negado nada a Dios desde la edad de tres años.
Desconfiad mucho de los razonamientos a los que os sintáis apegados. No son fruto normal de vuestra inteligencia, sino más bien de vuestra voluntad. No siempre veis las cosas como en realidad son, pues hay imponderables atómicos que se os escapan. Y suplís esta deficiencia con un alarde de voluntad: "Lo quiero así, pues así lo mando, y si me preguntáis el motivo os diré que es mi voluntad" (Juvenal). Es algo que hay que corregir.
No dejéis hacer a Dios lo que podáis hacer vosotros mismos. Todavía le quedará mucho que hacer.
No puedo actuar fuera de las indicaciones de Dios. Cada vez que me he mantenido en los límites exactamente trazados por la Providencia se ha realizado un poco de bien. Cada vez que he querido traspasarlos, aunque no fuera más que en una tilde y bajo los mejores pretextos, lo he embrollado todo y el bien no se ha realizado.
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Colgate la cruz en el cuello, te protegera de todo peligro, sera tu aliada en la tentacion y espantara todo mal.
Espacios dedicados a Dios.
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VATICAN MUSEUMS 1/3Hace 14 años
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