lunes, 22 de noviembre de 2010
Ermitaños EN PIEDECUESTA, SANTANDER, ESTÁ LA ÚNICA HERMANDAD DE ERMITAÑOS DE COLOMBIA Y SURAMÉRICA.LA INTEGRAN RELIGIOSOS Y MONJAS CATÓLICOS DE LA COMUNIDAD OPUS PATRIS,
FUNDADA POR EL SACERDOTE BELGA ANTONIO LOOTENS. TODOS ABANDONARON LAS COMODIDADES DE LA VIDA URBANA Y SE INTERNARON EN LA MONTAÑA A ORAR POR LA HUMANIDAD.
Texto y fotos: Julián Lineros
Texto y fotos: Julián Lineros
viernes, 19 de noviembre de 2010
miércoles, 17 de noviembre de 2010
según la enseñanza del padre Serafín del Monte Athos
Cuando X, un joven filósofo, llegó al Monte Athos, había leído ya un cierto número de libros sobre la espiritualidad ortodoxa, particularmente la pequeña filocalia de la oración del corazón en los relatos del peregrino ruso. Estaba seducido sin estar verdaderamente convencido. Una liturgia vivida en su ciudad le había inspirado el deseo de pasar algunos días en el Monte Athos, con ocasión de sus vacaciones en Grecia, para saber un poco más sobre el método de la oración de los hesicastas, esos silenciosos a la búsqueda de "hesychia", es decir, de paz interior.
Contar con detalle cómo llegó al padre Serafín, que vivía en un eremitorio próximo a San Pantaleón, sería demasiado largo. Digamos únicamente que el joven filósofo estaba un poco cansado. No encontraba a los monjes a la altura de sus libros. Digamos también que, si bien había leído varios libros sobre la meditación y la oración, no había rezado verdaderamente ni practicado una forma particular de meditación y lo que pedía en el fondo no era un discurso más sobre la oración o la meditación sino una "iniciación" que le permitiera vivirlas y conocerlas desde dentro por experiencia y no sólo de "oídas".
El padre Serafín tenía una reputación ambigua entre los monjes de su entorno. Algunos le acusaban de levitar, otros de que gritaba y gemía, algunos le consideraban como un campesino ignorante, otros como un venerable staretz inspirado por el Espíritu Santo y capaz de dar profundos consejos así como de leer en los corazones.
Cuando se llegaba a la puerta de su eremitorio, el padre Serafín tenía la costumbre de observar al recién llegado de la manera más impertinente: de la cabeza a los pies, durante cinco largos minutos, sin dirigirle ni una palabra. Aquéllos a quienes ese examen no hacía huir, podían escuchar el áspero diagnóstico del monje:
En usted no ha descendido más abajo del mentón.
De usted, no hablemos. Ni siquiera ha entrado.
Usted... no es posible... que maravilla. Ha bajado hasta sus rodillas...
Hablaba del Espíritu Santo y de su descenso más o menos profundo en el hombre. Algunas veces a la cabeza, pero no siempre al corazón ni a las entrañas... Así es como juzgaba la santidad de alguien, según su grado de encarnación del espíritu. El hombre perfecto, el hombre transfigurado era para él, el habitado todo entero por la presencia del Espíritu Santo de la cabeza a los pies. "Esto no lo he visto sino una vez en el staretz Silvano, decía, era verdaderamente un hombre de Dios, lleno de humildad y de majestad".
El joven filósofo no estaba aún ahí. El Espíritu Santo sólo había encontrado paso en él "hasta el mentón". Cuando pidió al padre Serafín que le hablase de la oración del corazón y de la oración pura según Evagiro Póntico, el padre Serafín comenzó a gemir. Esto no desanimó al joven, que insistió. Entonces el padre Serafín le dijo: "Antes de hablar de la oración del corazón, aprende primero a meditar como la montaña...". Y le mostró una enorme roca: "Pregúntale cómo hace para rezar. Después vuelve a verme".
Contar con detalle cómo llegó al padre Serafín, que vivía en un eremitorio próximo a San Pantaleón, sería demasiado largo. Digamos únicamente que el joven filósofo estaba un poco cansado. No encontraba a los monjes a la altura de sus libros. Digamos también que, si bien había leído varios libros sobre la meditación y la oración, no había rezado verdaderamente ni practicado una forma particular de meditación y lo que pedía en el fondo no era un discurso más sobre la oración o la meditación sino una "iniciación" que le permitiera vivirlas y conocerlas desde dentro por experiencia y no sólo de "oídas".
El padre Serafín tenía una reputación ambigua entre los monjes de su entorno. Algunos le acusaban de levitar, otros de que gritaba y gemía, algunos le consideraban como un campesino ignorante, otros como un venerable staretz inspirado por el Espíritu Santo y capaz de dar profundos consejos así como de leer en los corazones.
Cuando se llegaba a la puerta de su eremitorio, el padre Serafín tenía la costumbre de observar al recién llegado de la manera más impertinente: de la cabeza a los pies, durante cinco largos minutos, sin dirigirle ni una palabra. Aquéllos a quienes ese examen no hacía huir, podían escuchar el áspero diagnóstico del monje:
En usted no ha descendido más abajo del mentón.
De usted, no hablemos. Ni siquiera ha entrado.
Usted... no es posible... que maravilla. Ha bajado hasta sus rodillas...
Hablaba del Espíritu Santo y de su descenso más o menos profundo en el hombre. Algunas veces a la cabeza, pero no siempre al corazón ni a las entrañas... Así es como juzgaba la santidad de alguien, según su grado de encarnación del espíritu. El hombre perfecto, el hombre transfigurado era para él, el habitado todo entero por la presencia del Espíritu Santo de la cabeza a los pies. "Esto no lo he visto sino una vez en el staretz Silvano, decía, era verdaderamente un hombre de Dios, lleno de humildad y de majestad".
El joven filósofo no estaba aún ahí. El Espíritu Santo sólo había encontrado paso en él "hasta el mentón". Cuando pidió al padre Serafín que le hablase de la oración del corazón y de la oración pura según Evagiro Póntico, el padre Serafín comenzó a gemir. Esto no desanimó al joven, que insistió. Entonces el padre Serafín le dijo: "Antes de hablar de la oración del corazón, aprende primero a meditar como la montaña...". Y le mostró una enorme roca: "Pregúntale cómo hace para rezar. Después vuelve a verme".
jueves, 11 de noviembre de 2010
Conversión del alma al amor de Dios. Enrique Herp
En lo que sigue es nuestro propósito presentar doctrina que nos capacite para conseguir la perseverante y amorosa unión con Dios directamente, sin que nada se interponga entre El y nuestras potencias.
Para ello es preciso conocer algo más, aunque ya queda suficiente doctrina expuesta en los capítulos precedentes. Pues, como la piedra cae por inercia, así el alma mortificada, rotos todos los lazos que la sujetan, vuela hasta la unión con Dios, sin intermedio alguno; porque Dios es el centro natural del alma, para quien fue creada, a fin de reposar en Él y disfrutar eternamente.
Es necesario morir a nosotros mismos, si queremos vivir para el Señor; pero necesitamos aprender a vivir y hallar la paz en Dios por una comunicación vital de lo divino, que nos una a El. Sin esto, no aprenderemos a morir a nosotros mismos y lograr la pretendida unión. Cuanto más avancemos en lo uno tanto más aprovecharemos en lo otro, porque ambos son inseparables. Dos, en efecto, son los términos: Dios y nosotros. Nuestra voluntad está en el medio. Por tanto, si la voluntad se convierte a El por amor, el mismo amor la lleva a separarse de nosotros. La voluntad se entrega del todo y se desprende hasta el desprecio de nosotros mismos. El proceso inverso es paralelo: a medida que la voluntad gira en torno nuestro se aparta de Dios. La conversión a nosotros mismos puede resultar tan grande que se desprecie a Dios por completo. Así, pues, el desprendimiento de toda criatura, incluidos nosotros mismos, y la conversión a Dios se cumplen por igual en una misma acción, aunque nosotros hayamos preferido exponerlo en dos puntos diferentes para entenderlo mejor.
Dios
Adentrándonos en esta segunda parte, tengamos en cuenta que Dios es el origen de donde brotaron todas las cosas, pero de modo particular la criatura racional. Esta vino a ser el coronamiento de toda la creación. Dios es también causa final, es decir: todas las cosas han de ser orientadas a Él, cada cual conforme a su modo de ser.
El hombre, señor de las cosas
Todas las demás criaturas fueron ordenadas a subvenir las necesidades del hombre. Para que le sirvan de ayuda e instrumento encaminándole hacia Dios. Pensemos, por ejemplo, en distintos modos de alimentar, vestir, corregir e instruir al hombre. Cómo las criaturas pregonan el nombre de Dios, su infinita grandeza, sabiduría, belleza, dulzura, sutileza, bondad, y otros modos infinitos en que la naturaleza, los sentidos exteriores y la razón se pueden ejercitar.
Sentidos externos y potencias interiores
Consiguientemente, los sentidos exteriores han sido ordenados para servir y estar sometidos a los internos. Estas potencias internas, a su vez, están al servicio de las espirituales, creadas para vivir siempre en amor de Dios. Como los rayos solares necesitan estar siempre unidos al sol, si quieren permanecer en su ser. Por tanto, el alma que quiere llegar a la perfección necesita proceder de modo semejante con Dios. Se apresure siempre a injertarse en Él con sus tres potencias, por medio de la gracia divina y la propia voluntad. Esto es propiamente lo que pretendo enseñar aquí: la manera de conseguirlo.
Los escrúpulos y su origen.Enrique Herp
La décima es la mortificación de todo escrúpulo de conciencia, mediante una filial confianza en Dios. Hay algunos, efectivamente, que son incapaces de tranquilizar sus conciencias. Tienen sincera contrición, se confiesan frecuentemente y hacen grandes penitencias, pero no tienen paz. Viven con cierta ansiedad y temor, sin verdadera esperanza ni confianza en Dios.
Origen de los escrúpulos
Sienten grandes escrúpulos de conciencia y se confiesan repetidas veces; sin embargo, no trabajan seriamente en corregir los defectos de donde les viene la ansiedad y remordimiento.
Esto es señal de que los escrúpulos radican en el temor del castigo de Dios y no precisamente en el deseo de perfección. Se considera pecado lo que de suyo no lo es, y esto por dos motivos. Primeramente el desordenado amor propio, pues de ahí procede un temor excesivo a cualquier cosa que le pueda contrariar. Por lo cual, aunque estos aparecen exteriormente como fieles observantes de los mandamientos de Dios y de la Iglesia, en realidad no cumplen el precepto de la caridad. Porque todo cuanto hacen no lo hacen por amor, sino coaccionados por el temor, para no condenarse. Por tanto, obran por egoísmo y no por amor de Dios. No pueden, pues, confiar en el Señor, porque no son fieles a Dios; antes bien, toda su vida interior es temor y temblor, trabajos y miserias. Todos sus ejercicios de oración, trabajo, penitencias, obras de misericordia. Todo lo hacen para echar de si algún temor. De nada les sirve eso. Cuanto más se aman a sí mismos, tanto mayor es el miedo a la muerte, juicio y penas del Infierno.
Causa del temor desordenado
Puede concluirse de aquí que la causa del temor desordenado es el amor de sí mismos con que cada uno busca la felicidad, aunque sea infiel a quien puede hacerle feliz.
Otro motivo de escrúpulos es la tacañería o amor calculado para con Dios, pues del poco amor se sigue escasa confianza. Sólo el amor de Dios lleva al hombre a la verdadera esperanza y confianza en la divina misericordia, bondad, liberalidad y gracia. Cuando falta amor, ninguna virtud, por grande que fuere, ni siquiera la penitencia, es capaz de crear la confianza.
Confianza en Dios
Nada hay tan necesario como una gran esperanza y confianza en Dios, para aquel que quiere llegar a la perfección. ¡Oh santa esperanza! ¡Oh dichosa confianza en Dios, con tal que no arrastre a nadie a la negligencia y pereza para enmendarse! La esperanza bien entendida induce a una gratitud más digna y al deseo de adquirir más perfectamente la gracia, caridad y perfección de todas las virtudes. Incita a desechar todo lo sensual, a procurar lo que sirve para mortificación de sí mismos y a sufrir alegremente cualquier adversidad. Esta esperanza es verdaderamente necesaria y saludable. Porque cuanto más espere tanto más agradecido se muestra y más se reforma a sí mismo.
La dulzura del amor de Dios desecha la amargura del corazón
La séptima es la perfecta mortificación de toda amargura del corazón.
Cosas que crean un corazón amargado
Notemos que la amargura del corazón radica en una de estas cinco causas. Ante todo, la presunción de las propias obras virtuosas: muchas penitencias, prácticas piadosas u otras que parecen buenas a juicio de los hombres, pero que se originan de un corazón propietario, soberbio, inmortificado. Son en realidad mortificaciones falsas, repugnantes a los ojos de Dios. Sirven para enorgullecerse y despreciar fácilmente a los demás juzgándolos en el corazón y quizá con palabras como el fariseo: «No soy como los demás hombres, rapaces, injustos, adúlteros, ni tampoco como este publicano» (Lc 18,11). No hay nadie en peor situación que éstos, porque sus propias virtudes les perjudican y ellos crean fácilmente discordia entre los demás, pensando y juzgándolos falsamente, como dice San Gregorio: «El hombre perfecto se inclina a compasión fácilmente, pero quien lo es sólo en apariencia no puede tolerar las flaquezas humanas ni a los pecadores. Esto es señal de una conciencia amargada, altanera e intranquila, como dice San Juan Crisóstomo: El que critica las cosas ajenas con severidad, esto es, los defectos de los demás, nunca merecerá el perdón de sus delitos, mientras no cambie de actitud». Pero si esto lo ha hecho costumbre, apenas tendrá esperanza de enmendarse.
En segundo lugar, esta amargura procede de la negligencia en la propia mortificación. Esta acrimonia se manifiesta principalmente contra los prelados y superiores, cuando niegan lo que se les pide o mandan hacer lo contrario.
Los murmurantes
Yo te advierto de verdad que los hombres no cometen cosa más reprensible ante Dios que la murmuración, especialmente cuando se ataca a prelados y superiores. Porque, como advierte San Agustín, el pueblo de Israel en el Antiguo Testamento ofendió a Dios principalmente murmurando contra El. Es decir: contra Moisés y Aarón, los jefes que Él les había dado. Lo refiere Moisés con estas palabras: «No van contra nosotros vuestras murmuraciones, sino contra Yahvé» (Ex 16,16). Por lo demás, apenas hay esperanza de que éstos progresen en la virtud.
La murmuración, hija del Infierno
En efecto, la murmuración es hija única de los demonios infernales. Ellos la tomaron por esposa y la mandaron apacentar todos los monasterios. ¡Oh pecado maldito! ¡Oh bestia aborrecible! Tú devoras las obras buenas. Tú eres quien atiza el fuego infernal. Tú haces a la pobre alma demoniforme, no deiforme. Por merecer tú la ira divina fue necesario que Datán y Abirón con sus descendientes bajaran vivos a los infiernos en cuerpo y alma. Por tu culpa Coré con otros doscientos cincuenta hombres perecieron en terribles llamas y quedaron sepultados con cuerpo y alma en los abismos (Núm 16,31-33).
Tercero. Esta amargura nace de la envidia que brota contra otros, debido a que han tenido para ellos ciertas palabras, hechos, signos o gestos displicentes. Lo exageran mucho interpretándolo todo en el peor sentido, aunque las cosas no sean malas de por sí. Esto procede de que quieren ver en el otro solamente lo vituperable y difamante y lo que pueda ocasionarle daño.
Hay que evitarlo a toda costa, porque procede de un fondo de odio y envidia.
La amargura tiene una cuarta causa: el deseo de la propia complacencia. Porque quieren ser vistos, amados y alabados; que los superiores o aquellos con quienes tratan, incluso los seglares, los tengan por buenos. Cuando ven que uno se va superando cada día y que merece estima y honor de la gente, entonces se concentra la envidia en él y se empeñan en humillarle y quitarle la fama por detracción y otros medios parecidos.
Una quinta causa de esta amargura radica en la propia perversidad, y esto por dos razones: primeramente por mala, intranquila y amarga conciencia, con lo cual el murmurante se vuelve tan fastidioso que se hace insoportable para los compañeros; se convierte en copa rebosante de todas las faltas. Perverso por sí con los mismos ojos mira a los demás y todo lo interpreta en el peor de los sentidos. Como cuentan de los basiliscos, que hieren mortalmente con su veneno a cuantos alcanzan con la vista. Así son aquellos que no aciertan a juzgar a otros más que con el rasero de su propia mezquindad.
Ceguera ante la gracia de Dios
La segunda razón es porque, como ellos siguen siendo tan malos y poco mortificados, sienten envidia de que la gracia divina produzca tan notables virtudes en los demás. Querrían privar de tanto bien a los hombres virtuosos, humildes y devotos, para caer en los mismos defectos que ellos tienen. Como no lo pueden conseguir, se burlan de ellos y, enojados, los persiguen con palabras y con hechos. Pecan contra el Espíritu Santo.
Conclusión
Es preciso superar toda acrimonia y consumirla en el fuego del amor de Dios, si queremos progresar en las virtudes. Hay que estar dispuestos a abrazar a nuestros enemigos y perseguidores con sincero corazón, como si fueran los mejores amigos que podemos tener. Lo son en realidad, aunque no por el afecto. Pues aquellos que nos persiguen nos acarrean un mérito mayor y una más preciosa corona de gloria.
Desarraigo del amor propio. La triple intención
La segunda mortificación tiene por objeto rectificar todo deseo de buscarse a sí mismos al practicar el bien o absteniéndose del mal, porque proviene del amor servil con que se aman a si mismos y en todas las cosas buscan más su provecho que el beneplácito divino. Por eso Dios tiene en poco sus buenas obras y ellos mismos se reprueban justamente. Conviene tener en cuenta que las obras del amor filial y del amor servil son aparentemente iguales, como los cabellos de la misma cabeza, pero el amor filial difiere mucho del servil en la intención.
Amor filial
La principal intención del amor filial, al hacer cualquier bien o rechazar el mal, está en aplacar a Dios, conocer, agradar, alabar, dar gracias, honrar y cumplir su voluntad de beneplácito.
Tres modos de conocer el amor servil
En cambio, el amor servil se conoce primeramente porque en todos los pecados que se evitan o en las obras virtuosas y ejercicios que tratan de poner en práctica se buscan a si mismos. Huyen de toda mortificación, por ejemplo, humillaciones, reprensiones, pérdida de bienes temporales, remordimiento de conciencia, penas del infierno o purgatorio y cosas semejantes. Buscan el provecho propio, como alabanzas, honras y glorias humanas, riquezas, bienes espirituales, gracias sensibles, devoción, dulzura, visiones y cosas por el estilo. Aun la misma vida eterna. En todo esto procuran la utilidad personal más que complacer a Dios. Emprenden cosas grandes, voluntaria, decidida y alegremente; desprecian el mundo, la sensualidad, amigos y parientes; practican penitencias serias, entran en monasterios, observan rigurosamente ordenanzas, estatutos, silencio, ayunos, disciplinas y cosas semejantes. Pero de nada les sirve todo cuanto hacen, porque ni entienden ni cumplen el precepto del amor de Dios.
El amor servil puede conocerse, además, porque consideran importantes sus buenas obras y grandes prácticas piadosas más bien apoyándose en la esperanza y méritos personales que en la libertad de los hijos de Dios, redimidos por la preciosísima sangre de Jesucristo (Rom 8,32; Ap 1,5). Por eso, cualquier gracia sensible, devoción, dulzura o visión que reciben queda al instante empañada por su culpa. La propia complacencia y vanagloria los hace caer en soberbia, imaginando que son algo y en realidad «siendo nada» (Gál 6,3). Consiguientemente caen en avaricia, ansiosos de mayor dulzura, devoción, revelaciones y visiones.
En tercer lugar faltan por gula espiritual, o sea, se deleitan en las cosas precedentes sólo por el gusto natural que ellas proporcionan. Por último, cometen adulterio espiritual, o sea, se complacen en las cosas sólo por el gusto natural que ellas proporcionan. Por último, cometen adulterio espiritual, es decir, se empeñan de tal modo en conseguirlo de Dios, recrearse y descansar en ello, que vienen a olvidarse del mismo Dios y su beneplácito. Esto lo podrás advertir, porque, al sentirse privados de devoción, se vuelven insoportables, pierden la paz, caen en tibieza y llegan a ser negligentes y perversos. Entonces buscan su consuelo en las criaturas por obras, palabras, pensamientos y deseos. Se puede concluir, por tanto, que nunca servirían a Dios con fidelidad, si supieran que no iban a recibir de Él recompensa alguna, ni temporal ni eterna, por ejemplo: gracias sensibles, devoción, consuelos y la gloria futura. Los que así proceden se hallan en muy mal estado, porque se sirven de los dones del Cielo para mayor daño propio.
Mortificación del amor propio. Intención recta. Los rectos de corazón
Es necesario purificar la intención para librarnos del amor propio al practicar el bien y abstenemos del mal. Para lograrlo se ponen aquí los tres grados siguientes: intención recta, intención simple e intención deiforme.
Se procede con recta intención cuando se hace el bien o se deja de hacer el mal principalmente porque así lo quiere Dios. Refiriéndose a esta intención dice San Gregorio en Los Morales: «Recto es aquel que no cede en la adversidad, los bienes terrenos no le doblegan, se eleva plenamente a las cosas superiores y acata sin reserva la voluntad de Dios».
Esta intención, por recta que sea, no basta para la perfección, porque no es todavía espiritual o simple, sino que versa sobre la vida activa y la multiplicidad; gira en torno a las muchas cosas en que se distrae y altera, aunque tenga a Dios como fin de sus actividades.
Intención simple
La intención simple toca más directamente al alma, porque se llega a Dios sin medio alguno y es propia de la vida contemplativa. Obra o deja de obrar ante todo para agradar a Dios, honrarle, alabarle y proclamar su gloria. Más aún: hace que todas las obras y ejercicios vayan ordenados a Dios, o sea, contribuyan a disfrutar plenamente de la presencia de Dios en abrazo amoroso. Esto quiere decir simple: que no sólo es recta en el sentido de fijarse directamente en los actos virtuosos con referencia a Dios, sino que se orienta primaria y exclusivamente a Él, centrándose totalmente en El, sin ninguna dispersión a la multiplicidad exterior. Porque la intención simple es una cierta inclinación amorosa del espíritu interior hacia Dios, iluminada por el conocimiento divino, adornada con la fe, esperanza y caridad. Constituye el fundamento interno de la vida espiritual. Así, pues, esta intención se endereza a Dios inmediatamente, en cuanto es posible, teniendo como fin primario el agradarle, amarle y honrarle. Pero nótese que no es únicamente por amor de Dios, porque aún mantiene algo propio, como es el hecho de que también en su ejercicio gusta de consuelos y devoción espiritual. Es verdad que algunos no lo pretenden propiamente hablando; pero se sienten contrariados cuando se les priva de toda devoción y dulzura, o no las reciben con abundancia, o les visita la adversidad en lugar del favor, desprecios en vez de honores y así de otras pruebas.
Intención deiforme
Sólo sabrán superarlo todo cuando lleguen al tercer grado, que se llama intención deiforme, porque ésta se ha unido y asimilado con Dios de tal forma que busca y ama solamente el honor, la voluntad, gloria y beneplácito divino, lo mismo en lo adverso que en lo próspero. Feliz aquel que ha llegado hasta aquí, pues, como dice San Bernardo, disponer la voluntad con tal pureza de intención equivale a unirse con Dios, transformarse en Él y gozar de Dios en Dios.
Enrique Herpmiércoles, 10 de noviembre de 2010
De la simplicidad de la contemplación;que no se ha de adquirir por el conocimiento o la imaginación
Acabo de describir un poco de lo que supone la actividad contemplativa. Ahora quiero estudiarla con más detenimiento, tal como yo la entiendo; a fin de que puedas proceder en ella con seguridad y sin errores.
Esta actividad no lleva tiempo aun cuando algunas personas crean lo contrario. En realidad es la más breve que puedes imaginar; tan breve como un átomo, que a decir de los filósofos es la división más pequeña del tiempo. El átomo es un momento tan breve e integral que la mente apenas si puede concebirlo. No obstante, es de suma importancia, pues de esta medida mínima de tiempo se ha escrito: «Habréis de responder de todo el tiempo que os he dado. Y esto es totalmente exacto, pues tu principal facultad espiritual, la voluntad, sólo necesita esta breve fracción de un momento para dirigirse hacia el objeto de su deseo.
Si por la gracia fueras restablecido a la integridad que el hombre poseía antes de pecar, serías dueño total de estos impulsos. Ninguno de ellos se extraviaría, sino que volaría al único bien, meta de todo deseo,
Dios mismo. Pues Dios nos creó a su imagen y semejanza, haciéndonos iguales a él, y en la Encarnación se yació de su divinidad, haciéndose hombre como nosotros. Es Dios, y sólo él, quien puede satisfacer plenamente el hambre y el ansia de nuestro espíritu, que, transformado por su gracia redentora, es capaz de abrazarlo por el amor. El, a quien ni hombre ni ángeles pueden captar por el conocimiento, puede ser abrazado por el amor. El intelecto de los hombres y de los ángeles es demasiado pequeño para comprender a Dios tal cual es en si mismo.
Intenta comprender este punto. Las criaturas racionales, como los hombres y los ángeles, poseen dos facultades principales: la facultad de conocer y la facultad de amar.
Nadie puede comprender totalmente al Dios increado con su entendimiento; pero cada uno, de maneras diferentes, puede captarlo plenamente por el amor. Tal es el incesante milagro del amor: una persona que ama, a través de su amor, puede abrazar a Dios, cuyo ser llena y trasciende la creación entera. Y esta maravillosa obra del amor dura para siempre, pues aquel a quien amamos es eterno. Cualquiera que tenga la gracia de apreciar la verdad de lo que estoy diciendo, que se tome a pecho mis palabras, pues experimentar este amor es la alegría de la vida eterna y perderlo es el tormento eterno.
Quien, con la ayuda de la gracia de Dios, se da cuenta de los movimientos constantes de la voluntad y aprende a dirigirlos hacia Dios, nunca dejará de gustar algo del gozo del cielo, incluso en esta vida. Y en el futuro, ciertamente lo saboreará plenamente. ¿Ves ahora por qué te incito a esta obra espiritual? Si el hombre no hubiera pecado, te habrías aficionado a ella espontáneamente, pues el hombre fue creado para amar y todo lo demás fue creado para hacer posible el amor. A pesar de todo, el hombre quedará sanado por la obra del amor contemplativo. Al fallar en esta obra se hunde más a fondo en el pecado y se aleja más de Dios. Pero, perseverando en ella, surge gradualmente del pecado y se adentra en la intimidad divina.
Por tanto, está atento al tiempo y a la manera de emplearlo. Nada hay más precioso. Esto es evidente si te das cuenta de que en un breve momento se puede ganar o perder el cielo. Dios, dueño del tiempo, nunca da el futuro. Sólo da el presente, momento a momento, pues esta es la ley del orden creado. Y Dios no se contradice a sí mismo en su creación. El tiempo es para el hombre, no el hombre para el tiempo. Dios, el Señor de la naturaleza, nunca anticipará las decisiones del hombre que se suceden una tras otra en el tiempo. El hombre no tendrá excusa posible en el juicio final diciendo a Dios: «Me abrumaste con el futuro cuando yo sólo era capaz de vivir en el presente».
Veo que ahora estás desanimado y te dices a ti mismo: «¿Qué he de hacer? Si todo lo que dice es verdad, ¿cómo justificaré mi pecado? Tengo 24 años y hasta este momento apenas si me he dado cuenta del tiempo. Y lo que es peor, no podría reparar el pasado aunque quisiera, pues según lo que me acaba de enseñar,
esa tarea es imposible por naturaleza, incluso con la ayuda de la gracia ordinaria. Sé muy bien, además, que en el futuro probablemente no estaré más atento al momento presente de lo que lo he estado en el pasado. Estoy completamente desanimado. Ayúdame por el amor de Jesús».
Bien has dicho «por el amor de Jesús. Pues sólo en su amor encontrarás ayuda. En el amor se comparten todas las cosas, y si amas a Jesús, todo lo suyo es tuyo. Como Dios, es el creador y dispensador del tiempo; como hombre, aprovechó el tiempo de una manera consciente; como Dios y hombre es el justo juez de los hombres y de su uso del tiempo. Únete, pues, a Jesús, en fe y en amor de manera que perteneciéndole puedas compartir todo lo que tiene y entrar en la amistad de los que le aman. Esta es la comunión de los santos y estos serán tus amigos: nuestra Señora, santa María, que estuvo llena de gracia en todo momento; los ángeles, que son incapaces de perder tiempo, y todos los santos del cielo y de la tierra, que por la gracia de Jesús emplean todo su tiempo en amar. Fíjate bien, aquí está tu fuerza. Comprende lo que digo y anímate. Pero recuerda, te prevengo de una cosa por encima de todo. Nadie puede exigir la verdadera amistad con Jesús, su madre, los ángeles y los santos, a menos que haga todo lo que está en su mano con la gracia de Dios para aprovechar el tiempo. Ha de poner su parte, por pequeña que sea, para fortalecer la amistad, de la misma manera que esta le fortalece a él.
No debes, pues, descuidar esta obra de contemplación. Procura también apreciar sus maravillosos efectos en tu propio espíritu. Cuando es genuina, es un simple y espontáneo deseo que salta de repente hacia Dios como la chispa del fuego. Es asombroso ver cuántos bellos deseos surgen del espíritu de una persona que está acostumbrada a esta actividad. Y sin embargo, quizá sólo una de ellas se vea completamente libre de apego a alguna cosa creada. Q puede suceder también que tan pronto un hombre se haya vuelto hacia Dios, llevado de su fragilidad humana, se encuentre distraído por el recuerdo de alguna cosa creada o de algún cuidado diario. Pero no importa. Nada malo ha ocurrido: esta persona volverá pronto a un recogimiento profundo.
Pasamos ahora a la diferencia entre la obra contemplativa y sus falsificaciones tales como los ensueños, las fantasías o los razonamientos sutiles. Estos se originan en un espíritu presuntuoso, curioso o romántico, mientras que el puro impulso de amor nace de un corazón sincero y humilde. El orgullo, la curiosidad y las fantasías o ensueños han de ser controlados con firmeza si es que la obra contemplativa se ha de alumbrar auténticamente en la intimidad del corazón. Probablemente, algunos dirán sobre esta obra y supondrán que pueden llevarla a efecto mediante ingeniosos esfuerzos. Probablemente forzarán su mente e imaginación de un modo no natural y sólo para producir un falso trabajo que no es ni humano ni divino. La verdad es que esta persona está peligrosamente engañada. Y temo que, a no ser que Dios intervenga con un milagro que la lleve a abandonar tales prácticas y a buscar humildemente una orientación segura, caerá en aberraciones mentales o en cualquier otro mal espiritual del demonio engañador. Corre, pues, el riesgo de perder cuerpo y alma para siempre. Por amor de Dios, pon todo tu empeño en esta obra y no fuerces nunca tu mente ni imaginación, ya que por este camino no llegarás a ninguna parte. Deja estas facultades en paz.
No creas que porque he hablado de la oscuridad y de una nube pienso en las nubes que ves en un cielo encapotado o en la oscuridad de tu casa cuando tu candil se apaga. Si así fuera, con un poco de fantasía podrías imaginar el cielo de verano que rompe a través de las nubes o en una luz clara que ilumina el oscuro invierno. No es esto lo que estoy pensando; olvídate, pues, de tal despropósito. Cuando hablo de oscuridad, entiendo la falta o ausencia de conocimiento. Si eres incapaz de entender algo o si lo has olvidado, ¿no estás acaso en la oscuridad con respecto a esta cosa?
No la puedes ver con los ojos de tu mente. Pues bien, en el mismo sentido, yo no he dicho «nube», sino «nube del no-saber». Pues es una oscuridad del no-saber que está entre ti y tu Dios.
Esta actividad no lleva tiempo aun cuando algunas personas crean lo contrario. En realidad es la más breve que puedes imaginar; tan breve como un átomo, que a decir de los filósofos es la división más pequeña del tiempo. El átomo es un momento tan breve e integral que la mente apenas si puede concebirlo. No obstante, es de suma importancia, pues de esta medida mínima de tiempo se ha escrito: «Habréis de responder de todo el tiempo que os he dado. Y esto es totalmente exacto, pues tu principal facultad espiritual, la voluntad, sólo necesita esta breve fracción de un momento para dirigirse hacia el objeto de su deseo.
Si por la gracia fueras restablecido a la integridad que el hombre poseía antes de pecar, serías dueño total de estos impulsos. Ninguno de ellos se extraviaría, sino que volaría al único bien, meta de todo deseo,
Dios mismo. Pues Dios nos creó a su imagen y semejanza, haciéndonos iguales a él, y en la Encarnación se yació de su divinidad, haciéndose hombre como nosotros. Es Dios, y sólo él, quien puede satisfacer plenamente el hambre y el ansia de nuestro espíritu, que, transformado por su gracia redentora, es capaz de abrazarlo por el amor. El, a quien ni hombre ni ángeles pueden captar por el conocimiento, puede ser abrazado por el amor. El intelecto de los hombres y de los ángeles es demasiado pequeño para comprender a Dios tal cual es en si mismo.
Intenta comprender este punto. Las criaturas racionales, como los hombres y los ángeles, poseen dos facultades principales: la facultad de conocer y la facultad de amar.
Nadie puede comprender totalmente al Dios increado con su entendimiento; pero cada uno, de maneras diferentes, puede captarlo plenamente por el amor. Tal es el incesante milagro del amor: una persona que ama, a través de su amor, puede abrazar a Dios, cuyo ser llena y trasciende la creación entera. Y esta maravillosa obra del amor dura para siempre, pues aquel a quien amamos es eterno. Cualquiera que tenga la gracia de apreciar la verdad de lo que estoy diciendo, que se tome a pecho mis palabras, pues experimentar este amor es la alegría de la vida eterna y perderlo es el tormento eterno.
Quien, con la ayuda de la gracia de Dios, se da cuenta de los movimientos constantes de la voluntad y aprende a dirigirlos hacia Dios, nunca dejará de gustar algo del gozo del cielo, incluso en esta vida. Y en el futuro, ciertamente lo saboreará plenamente. ¿Ves ahora por qué te incito a esta obra espiritual? Si el hombre no hubiera pecado, te habrías aficionado a ella espontáneamente, pues el hombre fue creado para amar y todo lo demás fue creado para hacer posible el amor. A pesar de todo, el hombre quedará sanado por la obra del amor contemplativo. Al fallar en esta obra se hunde más a fondo en el pecado y se aleja más de Dios. Pero, perseverando en ella, surge gradualmente del pecado y se adentra en la intimidad divina.
Por tanto, está atento al tiempo y a la manera de emplearlo. Nada hay más precioso. Esto es evidente si te das cuenta de que en un breve momento se puede ganar o perder el cielo. Dios, dueño del tiempo, nunca da el futuro. Sólo da el presente, momento a momento, pues esta es la ley del orden creado. Y Dios no se contradice a sí mismo en su creación. El tiempo es para el hombre, no el hombre para el tiempo. Dios, el Señor de la naturaleza, nunca anticipará las decisiones del hombre que se suceden una tras otra en el tiempo. El hombre no tendrá excusa posible en el juicio final diciendo a Dios: «Me abrumaste con el futuro cuando yo sólo era capaz de vivir en el presente».
Veo que ahora estás desanimado y te dices a ti mismo: «¿Qué he de hacer? Si todo lo que dice es verdad, ¿cómo justificaré mi pecado? Tengo 24 años y hasta este momento apenas si me he dado cuenta del tiempo. Y lo que es peor, no podría reparar el pasado aunque quisiera, pues según lo que me acaba de enseñar,
esa tarea es imposible por naturaleza, incluso con la ayuda de la gracia ordinaria. Sé muy bien, además, que en el futuro probablemente no estaré más atento al momento presente de lo que lo he estado en el pasado. Estoy completamente desanimado. Ayúdame por el amor de Jesús».
Bien has dicho «por el amor de Jesús. Pues sólo en su amor encontrarás ayuda. En el amor se comparten todas las cosas, y si amas a Jesús, todo lo suyo es tuyo. Como Dios, es el creador y dispensador del tiempo; como hombre, aprovechó el tiempo de una manera consciente; como Dios y hombre es el justo juez de los hombres y de su uso del tiempo. Únete, pues, a Jesús, en fe y en amor de manera que perteneciéndole puedas compartir todo lo que tiene y entrar en la amistad de los que le aman. Esta es la comunión de los santos y estos serán tus amigos: nuestra Señora, santa María, que estuvo llena de gracia en todo momento; los ángeles, que son incapaces de perder tiempo, y todos los santos del cielo y de la tierra, que por la gracia de Jesús emplean todo su tiempo en amar. Fíjate bien, aquí está tu fuerza. Comprende lo que digo y anímate. Pero recuerda, te prevengo de una cosa por encima de todo. Nadie puede exigir la verdadera amistad con Jesús, su madre, los ángeles y los santos, a menos que haga todo lo que está en su mano con la gracia de Dios para aprovechar el tiempo. Ha de poner su parte, por pequeña que sea, para fortalecer la amistad, de la misma manera que esta le fortalece a él.
No debes, pues, descuidar esta obra de contemplación. Procura también apreciar sus maravillosos efectos en tu propio espíritu. Cuando es genuina, es un simple y espontáneo deseo que salta de repente hacia Dios como la chispa del fuego. Es asombroso ver cuántos bellos deseos surgen del espíritu de una persona que está acostumbrada a esta actividad. Y sin embargo, quizá sólo una de ellas se vea completamente libre de apego a alguna cosa creada. Q puede suceder también que tan pronto un hombre se haya vuelto hacia Dios, llevado de su fragilidad humana, se encuentre distraído por el recuerdo de alguna cosa creada o de algún cuidado diario. Pero no importa. Nada malo ha ocurrido: esta persona volverá pronto a un recogimiento profundo.
Pasamos ahora a la diferencia entre la obra contemplativa y sus falsificaciones tales como los ensueños, las fantasías o los razonamientos sutiles. Estos se originan en un espíritu presuntuoso, curioso o romántico, mientras que el puro impulso de amor nace de un corazón sincero y humilde. El orgullo, la curiosidad y las fantasías o ensueños han de ser controlados con firmeza si es que la obra contemplativa se ha de alumbrar auténticamente en la intimidad del corazón. Probablemente, algunos dirán sobre esta obra y supondrán que pueden llevarla a efecto mediante ingeniosos esfuerzos. Probablemente forzarán su mente e imaginación de un modo no natural y sólo para producir un falso trabajo que no es ni humano ni divino. La verdad es que esta persona está peligrosamente engañada. Y temo que, a no ser que Dios intervenga con un milagro que la lleve a abandonar tales prácticas y a buscar humildemente una orientación segura, caerá en aberraciones mentales o en cualquier otro mal espiritual del demonio engañador. Corre, pues, el riesgo de perder cuerpo y alma para siempre. Por amor de Dios, pon todo tu empeño en esta obra y no fuerces nunca tu mente ni imaginación, ya que por este camino no llegarás a ninguna parte. Deja estas facultades en paz.
No creas que porque he hablado de la oscuridad y de una nube pienso en las nubes que ves en un cielo encapotado o en la oscuridad de tu casa cuando tu candil se apaga. Si así fuera, con un poco de fantasía podrías imaginar el cielo de verano que rompe a través de las nubes o en una luz clara que ilumina el oscuro invierno. No es esto lo que estoy pensando; olvídate, pues, de tal despropósito. Cuando hablo de oscuridad, entiendo la falta o ausencia de conocimiento. Si eres incapaz de entender algo o si lo has olvidado, ¿no estás acaso en la oscuridad con respecto a esta cosa?
No la puedes ver con los ojos de tu mente. Pues bien, en el mismo sentido, yo no he dicho «nube», sino «nube del no-saber». Pues es una oscuridad del no-saber que está entre ti y tu Dios.
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Anónimo inglés - La nube del no-saber
viernes, 5 de noviembre de 2010
viernes, 29 de octubre de 2010
Pensamientos varios .Teolepto de Filadelfia. Filocalia
El amor es auxiliar del espíritu en reposo, al que libera de toda atadura irrazonable a lo sensible despertándolo a las palabras de la sabiduría. El intelecto lo percibe, se regocija y anuncia, en un derroche de elocuencia.., las disposiciones secretas de las virtudes y las operaciones invisibles de la ciencia.
* * *
Al hombre que se aplica a observar los mandamientos, persevera en el paraíso de la oración y se mantiene ante Dios con un recuerdo ininterrumpido, Dios lo sustrae a las influencias voluptuosas de la carne, a todos los movimientos de los sentidos, a todas las «formas» de la inteligencia y, haciéndolo morir al pecado, le hace comulgar con la vida divina.
* * *
Si conocéis lo que salmodiáis, recibiréis el conocimiento superior. El conocimiento superior os procurará la inteligencia. La inteligencia tiene como hija a la práctica, y la práctica, como fruto, al conocimiento habitual. El conocimiento tomado de la experiencia produce la verdadera contemplación, de la cual surge la sabiduría que, bajo los rayos de la gracia, llena la atmósfera interior y manifiesta al profano las cosas ocultas.
* * *
El espíritu, en primer lugar, busca y encuentra; luego se une a aquello que ha encontrado; conduce su búsqueda por medio de la razón pero opera por el amor. La búsqueda de la razón se efectúa en el orden de la verdad; la unión del amor en el de la bondad.
* * *
Vosotros sois débiles, (por lo tanto) no dejéis la oración un solo día en tanto haya aliento en vosotros. Escuchad a aquel que dijo: «Cuando me siento débil, entonces es cuando soy fuerte» (2 Cor 12, 10). No renunciéis a las genuflexiones, cumplid con cada una de ellas invocando interiormente a Cristo. El espíritu que huye del mundo exterior y se concentra en el interior vuelve a si mismo
El espíritu que huye del mundo exterior y se concentra en el interior vuelve a si mismo; se une de ese modo a su verbo mental natural y, mediante ese verbo esencialmente inherente, se une a la oración. Por la oración se eleva a la ciencia de Dios con todo el poder y todo el peso de su amor. Entonces se desvanece la ambición de la carne, cesan todas las sensaciones de placer, las bellezas de la tierra ya no tienen atractivo para él... el alma se compromete con la belleza de Cristo... ella ve a Cristo, lo tiene presente ante sí, conversa con él en la oración pura y goza de sus delicias... Pues Dios -por ser así amado, por ser así nombrado, por ser así llamado en ayuda- recibe el lenguaje de la oración y concede al alma que ora una alegría inexpresable. El alma que «se acuerda de Dios» en la conversación de la oración «es alegrada por el Señor» (Sal 77, 4).
Renuncia a recuerdos y pensamientos.Teolepto de Filadelfia
Cuando hayáis suprimido, en lo exterior, las distracciones, cuando hayáis, en lo interior, renunciado a los pensamientos, vuestro espíritu despertará a las obras y a las palabras espirituales. El comercio con vuestros prójimos y amigos será cambiado por vuestra relación con las distintas virtudes. No existirán más los vanos discursos inseparables de las relaciones mundanas: la meditación y la elucidación de las divinas palabras impresas en vuestro espíritu iluminará e instruirá a vuestra alma.
El relajamiento de los sentidos es una cadena para el alma; cuando son sujetados ella recobra su libertad. Cuando Cristo se aparta del alma es como el sol que se pone trayendo la noche; ella es, entonces, invadida por las tinieblas y desgarrada por bestias invisibles y, así como las bestias salvajes retornan a sus cubiles al levantarse el sol, cuando Cristo se eleva en el firmamento del alma en oración, todo trato con el mundo se desvanece, se borra la amistad con la carne y el espíritu se dedica a su obra: la meditación sobre las cosas divinas. El no inscribe en límites temporales la práctica de la ley espiritual, no le basta con que sea cumplida en una cierta medida, sino que la extiende hasta la llegada de la muerte y la liberación del alma. En esto pensaba el profeta cuando decía «¡Oh, cuánto amo tu ley, todo el día es mi pensamiento!» (Sal 118, 97). El día era, para él, todo el curso de la vida terrestre.
Detened entonces las frecuentaciones con lo exterior y batallad en vuestro interior con los pensamientos hasta haber hallado el lugar de la oración pura, la casa donde habita Cristo; él os iluminará por su ciencia, os deleitará por su visita y os hará encontrar alegría en las pruebas sufridas por él y por haber rechazado, como lo hubierais hecho con la amargura, los placeres del mundo.
La tempestad levanta las olas del mar y, en tanto no cesen los vientos, las olas no se calman ni el mar se aplaca. Los soplos del mal levantan, del mismo modo en nuestra alma negligente, el recuerdo de los parientes, de los conocidos, de los festines, de las fiestas, los espectáculos y todas las imágenes del placer. Le sugieren mezclarse con ellos con los ojos, con la conversación, con el cuerpo entero, tratando de hacerle malgastar la hora presente. Luego, os encontraréis solos en vuestra celda, con el alma devorada por el recuerdo de lo que habéis visto y escuchado. De este modo, la vida de un monje transcurriría perfectamente inútil.
Las ocupaciones mundanas imprimen recuerdos en el alma de la misma forma que los pies dejan su huella sobre la nieve. Si nos damos como alimento a las bestias, ¿cuándo las haremos morir? Si en la práctica vagamos con nuestros pensamientos alrededor de ataduras frecuentemente irrazonables, ¿cuándo haremos morir el sentido de la carne? ¿cuándo viviremos la vida según Cristo que hemos abrazado? Las huellas de los pasos en la nieve se desvanecen con los rayos del sol o son borradas por una buena lluvia; del mismo modo, los recuerdos que nuestra inclinación al placer y nuestros actos habían impreso en nuestra alma se desvanecen cuando Cristo, en la oración, se eleva en el corazón en medio de una brillante lluvia de lágrimas.
Así, entonces, el monje que no se conduce según el orden de la oración ¿cuándo borrará la suma de impresiones y tendencias acumuladas en su alma? Abandonando la sociedad del mundo se cumple materialmente la práctica de las virtudes. Pero para grabar en vuestra alma los buenos recuerdos, para lograr que las palabras divinas fijen allí voluntariamente su residencia, es necesario, mediante oraciones sostenidas y acompañadas de compunción, borrar de nuestra alma el recuerdo de acciones anteriores. La iluminación producida por el recuerdo perseverante de Dios, unido a la contrición del corazón, corta los malos recuerdos como una navaja. Imitad la prudencia de las abejas. Cuando ellas perciben un enjambre de abejorros volando a su alrededor, se mantienen en su colmena y escapan así al perjuicio de sus adversarios. Por abejorros, entended las relaciones mundanas: huidles con el mayor cuidado, permaneced en la colmena de vuestro monasterio y, desde allí, esforzaos por penetrar en el «castillo» interior del alma, en la mansión de Cristo donde reinan, sin contradicción, paz, alegría y quietud. Estos son los dones, los rayos mediante los cuales nuestro sol espiritual, Cristo, recompensa al alma que lo acoge con una liberal generosidad.
La oracion perfecta. Filocalia
Barsanufio y Juan de Gaza
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La oracion perfecta. Filocalia
lunes, 25 de octubre de 2010
domingo, 24 de octubre de 2010
Oracion del alma enamorada. San Juan de la cruz
¡Señor Dios, amado mío! Si todavía te acuerdas de mis pecados para no hacer lo que te ando pidiendo, haz en ellos, Dios mío, tu voluntad, que es lo que yo más quiero, y ejercita tu bondad y misericordia y serás conocido en ellos. Y si es que esperas a mis obras para por ese medio concederme mi ruego, dámelas tú y óbramelas, y las penas que tú quisieras aceptar, y hágase. Y si a las obras mías no esperas, ¿qué esperas, clementísimo Señor mío?; ¿por qué te tardas? Porque si, en fin, ha de ser gracia y misericordia la que en tu Hijo te pido, toma mi cornadillo , pues le quieres, y dame este bien, pues que tú también lo quieres.
¿Quién se podrá librar de los modos y términos bajos si no le levantas tú a ti en pureza de amor, Dios mío?
¿Cómo se levantará a ti el hombre, engendrado y criado en bajezas, si no le levantas tú, Señor, con la mano que le hiciste?
No me quitarás, Dios mío, lo que una vez me diste en tu único Hijo Jesucristo, en que me diste todo lo que quiero. Por eso me holgaré que no te tardarás si yo espero.
¿Con qué dilaciones esperas, pues desde luego puedes amar a Dios en tu corazón?
¿Quién se podrá librar de los modos y términos bajos si no le levantas tú a ti en pureza de amor, Dios mío?
¿Cómo se levantará a ti el hombre, engendrado y criado en bajezas, si no le levantas tú, Señor, con la mano que le hiciste?
No me quitarás, Dios mío, lo que una vez me diste en tu único Hijo Jesucristo, en que me diste todo lo que quiero. Por eso me holgaré que no te tardarás si yo espero.
¿Con qué dilaciones esperas, pues desde luego puedes amar a Dios en tu corazón?
El alma asida al sabor del espiritu
La mosca que a la miel se arrima impide su vuelo; y el alma que se quiere estar asida al sabor del espíritu impide su libertad y contemplación.San Juan de la cruz
Pureza del alma
Más indecencia e impureza lleva el alma para ir a Dios, si lleva en si el menor apetito de cosa del mundo, que si fuese cargada de todas las feas y molestas tentaciones y tinieblas que se pueden decir, con tal que su voluntad razonal no las quiera admitir. Antes el tal entonces puede confiadamente llegar a Dios por hacer la voluntad de Su Majestad, que dice: Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados y yo os recrearé (Mt.11,28).
Más agrada a Dios una obra, por pequeña que sea, hecha en escondido, no teniendo voluntad de que se sepa, que mil hechas con gana de que las sepan los hombres. Porque el que con purísimo amor obra por Dios, no solamente no se le da nada de que lo vean los hombres, pero ni lo hace porque lo sepa el mismo Dios; el cual, aunque nunca lo hubiese de saber, no cesaría de hacerle los mismos servicios con la misma alegría y pureza de amor.
San Juan de la cruz
Más agrada a Dios una obra, por pequeña que sea, hecha en escondido, no teniendo voluntad de que se sepa, que mil hechas con gana de que las sepan los hombres. Porque el que con purísimo amor obra por Dios, no solamente no se le da nada de que lo vean los hombres, pero ni lo hace porque lo sepa el mismo Dios; el cual, aunque nunca lo hubiese de saber, no cesaría de hacerle los mismos servicios con la misma alegría y pureza de amor.
San Juan de la cruz
sábado, 2 de octubre de 2010
viernes, 24 de septiembre de 2010
Los iconos
Los iconos ayudan a que la oración sea bella. Son como ventanas que se abren hacia las realidades del Reino de Dios y las hacen presentes en nuestra oración aquí en la tierra. Son una llamada a nuestra propia transfiguración. Siendo imagen, el icono no es solamente pura ilustración o decoración. El icono es el símbolo de la encarnación, es presencia que ofrece a los ojos el mensaje espiritual que la Palabra dirige a los oídos.El fundamente de los iconos es, según san Juan Damasceno (siglo VIII), la venida de Cristo a la tierra. La salvación está unida a la encarnación del verbo divino y en consencuencia a la materia. «En otros tiempos, Dios, el incorporal y el invisible, nunca era representado. Pero ahora que Dios se ha manifestado en la carne y ha habitado entre los hombres, represento lo visible de Dios. No adoro la materia, sino adoro al creador de la materia, que se ha vuelto materia por mi causa, que ha querido habitar la materia y que, por la materia, ha logrado mi salvación». Por la fe que expresa, por su belleza y por su profundidad, el icono puede abrir un espacio de paz y sostener una espera. Invita a acoger el misterio de la salvación incluso en la carne y hasta en la creación.
http://www.taize.fr/es_article677.html
http://www.taize.fr/es_article677.html
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miércoles, 22 de septiembre de 2010
Cuidemos El Silencio,Homenaje a la Orden Cartuja De San Bruno
Señor Jesus, Rey del Cielo y de la tierra, cuida a mis hermanos cartujos de todo mal. Te doy gracias de todo corazon por estas almas bendecidas por ti. Virgen Santa cobijalos bajo tu amparo.
amen
amen
viernes, 17 de septiembre de 2010
¿Qué significa ascetismo?
Es la purificación progresiva y esfuerzo constante para conseguir un ideal moral y agradar a Dios.
Recibieron varios nombres los que lo practicaron: confesores (confiesan su fe), los continentes (practican la castidad) y los ascetas. A las mujeres se les da el nombre de: esposas de Cristo, siervas de Dios o vírgenes consagradas.
¿Cuál es su estilo de vida?
En los tres primeros siglos no hay organización ninguna, viven con su familia en las ciudades.
Era otra forma de dar testimonio además del martirio.
No constituían un estado diferente ni una profesión distinta del resto. Aunque cuando morían en la lápida se leía virginius.
Poco a poco aparece el problema de dos grupos distintos entre los cristianos.
No se sabe cuando comenzaron a hacer el voto solemne.
La consagración de las vírgenes se desarrolló en el siglo IV.
El Concilio de Cartago establece que hasta los 25 no se puede ser virgen consagrada. La 1ª que se conoce es Asella.
A los ascetas del s III para ser monjes sólo les faltaba la separación de sus comunidades cristianas.
ASCETA-MONJE
Castidad
Pobreza
Mortificación
Oración
Vida: Ascetas en comunidades cristianas. Monjes Separados del mundo
¿ Qué hacían?
Imitaban a Cristo buscando la conversión total.
El vestido no era especial.
Algunas vírgenes se cortaban la cabellera.
En la pobreza no tenían obligaciones especiales.
La virginidad algunos santos padres la consideraban superior al matrimonio y tenía un carácter martirial.
Hacía apostolado cuidando a los enfermos y enseñando a otros la fe.
Recibieron varios nombres los que lo practicaron: confesores (confiesan su fe), los continentes (practican la castidad) y los ascetas. A las mujeres se les da el nombre de: esposas de Cristo, siervas de Dios o vírgenes consagradas.
¿Cuál es su estilo de vida?
En los tres primeros siglos no hay organización ninguna, viven con su familia en las ciudades.
Era otra forma de dar testimonio además del martirio.
No constituían un estado diferente ni una profesión distinta del resto. Aunque cuando morían en la lápida se leía virginius.
Poco a poco aparece el problema de dos grupos distintos entre los cristianos.
No se sabe cuando comenzaron a hacer el voto solemne.
La consagración de las vírgenes se desarrolló en el siglo IV.
El Concilio de Cartago establece que hasta los 25 no se puede ser virgen consagrada. La 1ª que se conoce es Asella.
A los ascetas del s III para ser monjes sólo les faltaba la separación de sus comunidades cristianas.
ASCETA-MONJE
Castidad
Pobreza
Mortificación
Oración
Vida: Ascetas en comunidades cristianas. Monjes Separados del mundo
¿ Qué hacían?
Imitaban a Cristo buscando la conversión total.
El vestido no era especial.
Algunas vírgenes se cortaban la cabellera.
En la pobreza no tenían obligaciones especiales.
La virginidad algunos santos padres la consideraban superior al matrimonio y tenía un carácter martirial.
Hacía apostolado cuidando a los enfermos y enseñando a otros la fe.
miércoles, 15 de septiembre de 2010
Método de oración: Desplegar velas y elevarse a Dios. Mistica Renana. Taulero
Tened los mismos sentimientos de oración (1 P 3,8)
“En la carta primera de San Pedro leemos: "Permaneced unánimes en la oración".
Al escribir estas palabras, san Pedro se refiere a lo más útil, más deleitable y más noble entre nuestras obras: Orar. No hay cosa más provechosa y amable que podamos hacer en el tiempo...
En esta consideración trataremos de fomentar la vida de oración. Para ello, sabiendo que ... orar es esencialmente elevarse a Dios en el fondo del alma..., nos proponemos hablar brevemente, en tres párrafos, sobre el modo de disponernos para hacerla, el de comportarnos en su desarrollo, y el de avanzar en su intensidad o grados. “.
Esta primera consideración constará de cuatro puntos:
* recogimiento,
* oración de corazón,
* oración mental,
* unidad de acción y fruición
“En la carta primera de San Pedro leemos: "Permaneced unánimes en la oración".
Al escribir estas palabras, san Pedro se refiere a lo más útil, más deleitable y más noble entre nuestras obras: Orar. No hay cosa más provechosa y amable que podamos hacer en el tiempo...
En esta consideración trataremos de fomentar la vida de oración. Para ello, sabiendo que ... orar es esencialmente elevarse a Dios en el fondo del alma..., nos proponemos hablar brevemente, en tres párrafos, sobre el modo de disponernos para hacerla, el de comportarnos en su desarrollo, y el de avanzar en su intensidad o grados. “.
Esta primera consideración constará de cuatro puntos:
* recogimiento,
* oración de corazón,
* oración mental,
* unidad de acción y fruición
Tercer grado: Deificación. Mistica Renana , Taulero
“Cuando Nuestro Señor ha preparado a fondo a este hombre con opresión insoportable, por un camino mejor que todas las prácticas que pudieran tener todos los hombres, el Señor viene y conduce a esta alma al tercer grado. Allí le levanta el velo de los ojos y le descubre la verdad. Es el momento en que estalla un sol resplandeciente que ahuyenta su pena por completo. Angustias, miserias, calamidades se disipan, y le parece pasar de la muerte a la vida.
El Señor entonces hace salir al alma de sí misma y la levanta hacia El. Allí la alivia de toda su miseria y cura sus heridas. Dios hace entonces que el hombre transforme del modo humano al modo divino de vivir, y pase de la más grande desolación al gozo incomparable de Dios mismo. En este grado, el hombre queda tan divinizado que todo su ser y actividad es Dios quien lo opera en él.
De tal manera está sobreelevado por encima de sus modos naturales que viene a ser por gracia lo que Dios es esencialmente por su naturaleza. Aquí el hombre tiene la impresión y sentimientos de andar perdido. No sabe, no gusta, no siente más de sí mismo, no tiene conciencia más que de un ser sin división.
Mis amigos, haber llegado hasta aquí es realmente haber tocado las honduras más profundas de un verdadero abajamiento, aniquilación, que ni los sentidos ni la inteligencia pueden alcanzar a comprender. Porque es aquí donde se tiene conciencia, la más verdadera, de la propia nada. Y es aquí donde se ahonda lo más profundamente en el fondo de humildad, porque cuanto más se ha descendido más alto se levanta. Altura y profundidad son aquí la misma realidad.
Si sucediese entonces que el hombre, de un modo y otro, cayese de esa altura por un sentimiento de arrogancia, por cierta usurpación del bien divino, sería ciertamente caída igual a Lucifer. Por esta unión del alma en oración de que nos habla la carta de San Pedro venimos en realidad a hacemos como Dios.
Que tal a todos nos suceda y Dios a ello nos ayude”.
El Señor entonces hace salir al alma de sí misma y la levanta hacia El. Allí la alivia de toda su miseria y cura sus heridas. Dios hace entonces que el hombre transforme del modo humano al modo divino de vivir, y pase de la más grande desolación al gozo incomparable de Dios mismo. En este grado, el hombre queda tan divinizado que todo su ser y actividad es Dios quien lo opera en él.
De tal manera está sobreelevado por encima de sus modos naturales que viene a ser por gracia lo que Dios es esencialmente por su naturaleza. Aquí el hombre tiene la impresión y sentimientos de andar perdido. No sabe, no gusta, no siente más de sí mismo, no tiene conciencia más que de un ser sin división.
Mis amigos, haber llegado hasta aquí es realmente haber tocado las honduras más profundas de un verdadero abajamiento, aniquilación, que ni los sentidos ni la inteligencia pueden alcanzar a comprender. Porque es aquí donde se tiene conciencia, la más verdadera, de la propia nada. Y es aquí donde se ahonda lo más profundamente en el fondo de humildad, porque cuanto más se ha descendido más alto se levanta. Altura y profundidad son aquí la misma realidad.
Si sucediese entonces que el hombre, de un modo y otro, cayese de esa altura por un sentimiento de arrogancia, por cierta usurpación del bien divino, sería ciertamente caída igual a Lucifer. Por esta unión del alma en oración de que nos habla la carta de San Pedro venimos en realidad a hacemos como Dios.
Que tal a todos nos suceda y Dios a ello nos ayude”.
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Tercer grado: Deificación.
Segundo grado: asumir con buen espíritu el pan del sufrimiento.
“Viene ahora el segundo grado, al que se accede cuando Dios ha llevado ya al hombre lejos de todas las cosas creadas, y éste ya ha dejado de ser espiritualmente niño.
Dios, después de haber confortado al hombre con el alivio de la dulzura, le da a comer pan de centeno bien duro, porque ha llegado a la madurez. A un adulto la comida sólida y fuerte le es más útil. No tiene más necesidad de leche ni pan blanco.
Se le abre un camino desierto y solitario sobre el cual Dios le despoja de cuanto le había regalado. El hombre entonces queda tan abandonado a sí mismo que ya no sabe nada, absolutamente nada de Dios. Llega a tal angustia que duda de si ha estado alguna vez en el camino recto, si hay Dios para él o le ignora en sus profundos sufrimientos. Tan apremiante es su dolor que la misma amplitud del espacio parece apretarle en asfixia. No hay ningún otro sentimiento de Dios, no sabe ya nada de El, y todas las cosas le disgustan. Es como si estuviese metido entre dos muros con una espada detrás y una lanza acerada por delante.
¿Qué le queda por hacer? No puede ni recular ni avanzar. Que se siente y diga: "Oh Dios, yo te saludo, amarga amargura, llena de todas las gracias".
Amar hasta el extremo y verse privado del bien que se ama le parece una prueba más dolorosa que el infierno, si éste fuese posible en la tierra. Todo lo que se le puede decir a este hombre entonces le consuela como una piedra. Toda conversación sobre criaturas le molesta. La amargura y dolor en tal despojo son tanto más insoportables cuanto su conciencia y sentimiento de Dios habían sido más grandes y profundos.
Vamos. ¡Buen ánimo! El Señor está seguramente muy cerca. Apóyate sobre el tronco de una fe muy viva. Todo irá muy bien enseguida.
Pero en la tortura la pobre alma no puede creer que estas tinieblas insoportables puedan jamás cambiarse en luz.
Taulero. Mistica renana
Dios, después de haber confortado al hombre con el alivio de la dulzura, le da a comer pan de centeno bien duro, porque ha llegado a la madurez. A un adulto la comida sólida y fuerte le es más útil. No tiene más necesidad de leche ni pan blanco.
Se le abre un camino desierto y solitario sobre el cual Dios le despoja de cuanto le había regalado. El hombre entonces queda tan abandonado a sí mismo que ya no sabe nada, absolutamente nada de Dios. Llega a tal angustia que duda de si ha estado alguna vez en el camino recto, si hay Dios para él o le ignora en sus profundos sufrimientos. Tan apremiante es su dolor que la misma amplitud del espacio parece apretarle en asfixia. No hay ningún otro sentimiento de Dios, no sabe ya nada de El, y todas las cosas le disgustan. Es como si estuviese metido entre dos muros con una espada detrás y una lanza acerada por delante.
¿Qué le queda por hacer? No puede ni recular ni avanzar. Que se siente y diga: "Oh Dios, yo te saludo, amarga amargura, llena de todas las gracias".
Amar hasta el extremo y verse privado del bien que se ama le parece una prueba más dolorosa que el infierno, si éste fuese posible en la tierra. Todo lo que se le puede decir a este hombre entonces le consuela como una piedra. Toda conversación sobre criaturas le molesta. La amargura y dolor en tal despojo son tanto más insoportables cuanto su conciencia y sentimiento de Dios habían sido más grandes y profundos.
Vamos. ¡Buen ánimo! El Señor está seguramente muy cerca. Apóyate sobre el tronco de una fe muy viva. Todo irá muy bien enseguida.
Pero en la tortura la pobre alma no puede creer que estas tinieblas insoportables puedan jamás cambiarse en luz.
Taulero. Mistica renana
Primer grado, incipiente, inferior: de júbilo.
“Se llega al primer grado, el júbilo, considerando atentamente los deliciosos testimonios de amor que Dios nos ha prodigado en las maravillas del cielo y de la tierra. Al considerar la abundancia de beneficios que El ha prodigado a nosotros y a todas las criaturas, vemos:
* cómo todo florece y reverdece, y cómo todo está lleno de Dios,
* cómo la inconcebible liberalidad de Dios ha expandido sus riquezas sobre toda criatura,
* cómo Dios ha buscado, soportado y dotado al hombre,
* cómo El le ha invitado y llamado y con cuánta benignidad le espera,
* cómo por amor del hombre se ha hecho hombre El mismo, y ha sufrido y ofrecido por nosotros su vida, su alma y todo su ser,
* cómo nos ha invitado a inefable intimidad con El mismo y cómo la Santísima Trinidad, con gran largueza, espera a este hombre para darse a él en gozo eterno.
El hombre, cuya amorosa mirada penetra en todas estas cosas, siente nacer en el alma grande y viva alegría. La clara visión de amor de estas maravillas hace desbordar su corazón con tales delicias que su cuerpo débil no puede contener la alegría estallante en fenómenos visibles.
Sin ellos, la sangre le saldría por la boca, como ha ocurrido en ocasiones, o bien este hombre se sentiría reventar bajo pesada opresión. Nuestro Señor le llena así de sus dulzuras y en abrazo íntimo, El se le ha unido de modo único. Es así cómo Dios atrae desde un principio al hombre hasta El, invitándole a que salga de sí mismo y despojarse de todo lo que le es disemejante.
Que nadie, pues, se atreva a distraer a los hijos de Dios forzándolos al vértigo del activismo o metiéndolos en la multiplicidad con sobrecarga de prácticas vulgares y obras externas. Podrían extraviarlos...
* cómo todo florece y reverdece, y cómo todo está lleno de Dios,
* cómo la inconcebible liberalidad de Dios ha expandido sus riquezas sobre toda criatura,
* cómo Dios ha buscado, soportado y dotado al hombre,
* cómo El le ha invitado y llamado y con cuánta benignidad le espera,
* cómo por amor del hombre se ha hecho hombre El mismo, y ha sufrido y ofrecido por nosotros su vida, su alma y todo su ser,
* cómo nos ha invitado a inefable intimidad con El mismo y cómo la Santísima Trinidad, con gran largueza, espera a este hombre para darse a él en gozo eterno.
El hombre, cuya amorosa mirada penetra en todas estas cosas, siente nacer en el alma grande y viva alegría. La clara visión de amor de estas maravillas hace desbordar su corazón con tales delicias que su cuerpo débil no puede contener la alegría estallante en fenómenos visibles.
Sin ellos, la sangre le saldría por la boca, como ha ocurrido en ocasiones, o bien este hombre se sentiría reventar bajo pesada opresión. Nuestro Señor le llena así de sus dulzuras y en abrazo íntimo, El se le ha unido de modo único. Es así cómo Dios atrae desde un principio al hombre hasta El, invitándole a que salga de sí mismo y despojarse de todo lo que le es disemejante.
Que nadie, pues, se atreva a distraer a los hijos de Dios forzándolos al vértigo del activismo o metiéndolos en la multiplicidad con sobrecarga de prácticas vulgares y obras externas. Podrían extraviarlos...
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incipiente,
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Primer grado
Grados de vida interior espiritual. Mistica renana
El primer grado de la vida interior y virtuosa, que nos conduce derechamente hasta Dios, consiste en que el hombre se entregue por completo a las obras maravillosas en que se manifiestan los inefables dones de Dios, donde El se expande en bondad misteriosa. De ahí nace un estado de alma que llamamos júbilo.
El segundo es tránsito por una pobreza del alma y alejamiento de Dios que dejan al espíritu en doloroso despojo.
El tercero nos eleva al modo de ser deiformes, en la unión del espíritu creado con el espíritu subsistente de Dios. Es lo que se puede llamar una verdadera conversión, y es increíble que quienes lleguen realmente a este punto puedan separarse de Dios”. Juan Taulero
El segundo es tránsito por una pobreza del alma y alejamiento de Dios que dejan al espíritu en doloroso despojo.
El tercero nos eleva al modo de ser deiformes, en la unión del espíritu creado con el espíritu subsistente de Dios. Es lo que se puede llamar una verdadera conversión, y es increíble que quienes lleguen realmente a este punto puedan separarse de Dios”. Juan Taulero
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Grados de vida interior espiritual
martes, 7 de septiembre de 2010
lunes, 6 de septiembre de 2010
sábado, 28 de agosto de 2010
Hay tres voluntades que acompañan constantemente al hombre. San Ammonas. Padre del desierto
Hay tres voluntades que acompañan constantemente al hombre, pero pocos monjes las conocen, a excepción de los que han llegado a ser perfectos; de ellos dice el Apóstol: El alimento sólido es para los perfectos, para aquellos que por la práctica[134] tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal (Hb 5,14). ¿Cuáles son esas tres voluntades? Una es aquella sugerida por el Enemigo; la otra, es la que brota en el corazón del hombre; y la tercera es la que siembra Dios en el hombre. Pero de estas tres, Dios solamente acepta la suya.
La tentación es un signo de progreso
El Espíritu sopla donde quiere (Jn 3,8). Sopla sobre las almas puras y rectas, y si ellas le obedecen, les da, al comienzo[111], el temor y el fervor. Cuando ha sembrado esto en ellas, les hace odiar todas las cosas de este mundo[112], ya sea el oro, la plata, los adornos; ya sea padre, madre, esposa o hijo. Y le hace dulce al hombre la obra de Dios, más que la miel y que el panal de miel (Sal 18,10), ya sea que se trate del trabajo del ayuno, de las vigilias, de la soledad o de la limosna. Todo lo que es de[113] Dios le parece dulce[114], y Él le enseña todo (Jn 14,26).
Cuando Él le ha enseñado todo, entonces le concede al hombre[115] ser tentado. A partir de ese momento, todo lo que antes era dulce para él, se le hace pesado. Por eso muchos, cuando son tentados, permanecen en el abatimiento[116] y se hacen carnales. Son aquellos de los que dice el Apóstol: Ustedes comenzaron por el espíritu y ahora terminan por la carne; sufrieron todo aquello en vano (Ga 3,3-4).
Si el hombre resiste a Satán s[117] en la primera tentación, y lo vence, Dios le otorga un fervor estable, tranquilo y sin turbación[118]. Porque el primer fervor es agitado e inestable[119], mientras que el segundo fervor es mejor. Éste engendra la visión de las cosas espirituales y le hace recorrer un largo camino[120] con una paciencia imperturbable. Al igual que un barco con un buen viento es impulsado fuertemente por sus dos remos y recorre una gran distancia, de modo que los marineros están alegres y descansan, así el segundo fervor concede el reposo ampliamente.
Ahora, pues, hijos míos amadísimos, adquieran el segundo fervor para estar firmes en todo. Porque el fervor divino extirpa todas las pasiones (que provienen) de las seducciones, destruye la vetustez del hombre viejo y hace que el hombre llegue a ser templo de Dios, como está escrito: Yo habitaré y caminaré en ellos (2 Co 6,16).
Si quieren que el fervor que se ha alejado vuelva a ustedes, he aquí lo que el hombre debe hacer: que haga un pacto con Dios[121] y que diga ante él: "Perdóname lo que hice por negligencia, ya no seré más desobediente". Y que el hombre no camine más a su antojo[122], para satisfacer su voluntad propia corporal o espiritualmente sino que sus pensamientos estén vigilantes delante de Dios noche y día, y que llore a toda hora frente a Dios afligiéndose, reprendiéndose y diciendo: "¿Cómo has sido (tan) negligente hasta el presente y estéril todos los días?". Que se acuerde de todos los suplicios y del reino eterno, reprendiéndose y diciendo: "¡Dios te ha gratificado con todo ese honor y tú eres negligente! ¡Te ha sometido el mundo entero y tú eres negligente!". Cuando alguien se acusa así noche y día y a toda hora, el fervor de Dios vuelve a ese hombre, y el segundo fervor es mejor que el primero.
El bienaventurado David cuando ve llegar el abatimiento[123] dice: "Me acordé de los años eternos, medité y recordé los días de eternidad, medité sobre todas tus obras, medité sobre las obras de tus manos. Levanté mis manos hacia ti. Mi alma tiene sed de ti como tierra reseca" (Sal 76,6; 142,5-6)[124]. E Isaías también dice: "Cuando hayas gemido de nuevo, entonces ser s salvado y volver s a ser como eras" (Is 30,15).
Notas, Carta 10ª
La paternidad espiritual. La oración por sus hijos
Noche y día rezo para que la fuerza de Dios crezca en ustedes y les revele los grandes misterios de la divinidad, de los que no puedo hablar con la lengua, porque son grandes; no son de este mundo, y se revelen sólo a quienes tienen el corazón purificado de toda mancha y de toda vanidad de este mundo; a quienes han tomado su cruz y que junto con esto se odian a sí mismos, y han sido obedientes a Dios en todo. En estos habita la divinidad y ella alimenta su alma. En efecto, al igual que los árboles no crecen si no los alcanza la fuerza del agua, del mismo modo el alma no puede crecer si no recibe la alegría celestial. Y entre quienes la reciben, hay algunos a los cuales Dios les revela los misterios celestiales, les muestra su lugar[56], mientras ellos todavía están en el cuerpo y les concede todas sus peticiones.
He aquí, pues, cuál es mi oración noche y día: que ustedes lleguen a ese grado y que conozcan la infinita riqueza de Cristo (Efe 3,8), pues son poco numerosos los que han sido hechos perfectos. Y son aquellos para los cuales han sido preparados los tronos, a fin de que se sienten con Jesús para juzgar a los hombres[57]. Porque en cada generación se encuentran hombres llegados a esa medida, para juzgar cada uno a su generación[58]. Esto es lo que pido incesantemente para ustedes en virtud del amor que les tengo. El bienaventurado Pablo les decía, a los que él amaba: Quiero darles no sólo el evangelio de Cristo, sino también nuestra vida, porque nos han llegado a ser muy queridos (1 Ts 2,8). Les envié a mi hijo, hasta que Dios me conceda a mí también llegar corporalmente hasta ustedes, para que les ayude a progresar aún más. Pues cuando los padres reciben hijos, Dios está en medio de ellos de ambos lados.
Permanezcan en paz y compórtense bien en el Señor.
Notas, 6ª Carta
La humildad . Padres del desierto. San Ammonas
¡A los hermanos muy honrados en el Señor, un alegre saludo![25]
Les escribo esta carta como a grandes amigos de Dios, que lo buscan de todo corazón. Es a ellos, en efecto, a quienes Dios escucha cuando oran, los bendice en todo y les concede todas las peticiones de su alma cuando lo invocan. Pero a quienes se aproximan a Él, no de todo corazón, sino dudando y haciendo sus obras para ser glorificados por los hombres (Mt 6,2), a éstos Dios no les escucha sus peticiones, sino que, antes bien, se irrita contra sus obras, porque está escrito: Dios dispersar los huesos de los que buscan agradar a los hombres (Sal 52,6)[26].
Ustedes ven cómo se irrita Dios contra las obras de ellos, y no les concede ninguna de sus peticiones; al contrario, les resiste, pues no hacen sus obras con fe sino según el hombre. A causa de esto la fuerza divina no habita en ellos, están enfermos en todas las obras que realizan. A causa de esto no conocen la fuerza de la gracia, ni su facilidad ni su alegría, sino que su alma está entorpecida en todas sus obras como por un fardo. Así son la mayoría de los monjes[27], no han recibido la fuerza de la gracia que anima el alma, la dispone a la alegría y le da cada día el gozo que hace arder su corazón en Dios[28]. Porque lo que hacen, lo hacen según el hombre; de modo que la gracia no ha venido sobre ellos. En efecto, la fuerza de Dios aborrece a aquel que obra para agradar a los hombres[29].
Por tanto, amadísimos, que ama mi alma y cuyos frutos son tenidos en cuenta por Dios, combatan en todas sus obras el espíritu de vanagloria para vencerlo en todo. De modo que todo su cuerpo sea agradable y permanezca viviente junto al Creador, y que ustedes reciban la fuerza de la gracia, que sobrepasa todas estas cosas. Estoy convencido, hermanos, que hacen todo lo que pueden por esto, resistiendo al espíritu de vanagloria y luchando siempre contra él. A causa de ello su cuerpo tiene vida. Pues ese espíritu malvado se presenta ante el hombre en toda obra de justicia que el hombre comienza, quiere corromper su fruto y hacerlo inútil, a fin de no permitir[30] que los hombres hagan la obra de justicia según Dios. En efecto, este espíritu malo combate a quienes quieren ser fieles. Si algunos son alabados por los hombres como fieles o como humildes o como misericordiosos, inmediatamente este espíritu malvado entabla una batalla contra ellos; y ciertamente resulta vencedor, disuelve y destruye sus cuerpos[31], porque los incita a realizar sus acciones virtuosas con la preocupación de agradar a los hombres y así pierde sus cuerpos[32]. Mientras que los hombres crean que tienen algo, delante de Dios no tienen nada[33]. Por causa de esto Dios no les otorga la fuerza, sino que los deja vacíos, puesto que no ha hallado sus cuerpos dispuestos para ser llenados, y los priva de la muy grande dulzura de la gracia.
Pero ustedes, queridísimos, luchen contra el espíritu de vanagloria y oren siempre, para vencerlo en todo; de forma que la gracia de Dios esté siempre con ustedes. Yo pediré a Dios que, en su bondad, les dé esta fuerza y esta gracia[34] en todo tiempo, pues nada es más excelente que esto[35]. Si ven que el fervor divino se aleja y los abandona, pídanlo de nuevo y volver a ustedes. Pues ese fervor es como un fuego que cambia lo frío en su propia naturaleza. Si ven su corazón repentinamente adormecido en ciertos momentos, pongan su alma ante ustedes, sométanla al examen de un piadoso cuestionamiento y así, necesariamente, ella tendrá nuevamente calor y se inflamar en Dios. Porque también el profeta David, cuando vio su alma agobiada por el dolor habló de la siguiente manera: Derramé mi alma sobre mí mismo (Sal 41,6), me acordé de los días antiguos, medité sobre todas tus obras, extendí hacia ti mis manos. Mi alma, como tierra reseca, suspiró por ti (Sal 142,5-6). Así obró David cuando experimentó su corazón abrumado y frío, hasta que le devolvió el calor y recibió la dulzura de la gracia divina[36].
Noche y día velaba y suplicaba. Hagan también ustedes esto, amadísimos, y crecer n y Dios les revelar sus grandes misterios.
Que el Señor los conserve irreprochables y sanos de alma, espíritu y cuerpo, hasta que los lleve a su propia morada[37] con sus padres[38] que han luchado bien y han concluido su carrera en Cristo, a quien sea la gloria por los siglos de los siglos.
Notas. 3ª Carta
jueves, 26 de agosto de 2010
Consolaciones y desolaciones.
La experiencia de consolaciones y desolaciones. Como fruto de la resonancia interior que la Palabra de Dios suscita en nosotros con alternancia de euforia y de depresión. ¿Qué es la consolación espiritual? Cuando en el alma hay alguna moción interior que la inflama en amor a su Creador y Señor. También se llama consolación espiritual a todo aumento de fe, esperanza y caridad y a toda alegría interna que llama y a trae a las cosas celestiales y a la propia salud de su alma. Se trata de experimentar en los frutos del Espíritu en la vida personal.
5. La desolación es lo contrario a la consolación, es: turbación, obscuridad del alma, moción hacia las cosas bajas y terrenas, inquietud de varias agitaciones y tentaciones que mueven a desconfianza, sin esperanza, sin amor. Todo lo que conduce a la pereza, a una vida de tibieza y tristeza como separación de Dios. La consolación es energía del Espíritu santo para emprenderse y comprometerse en el llamado de Dios, La desolación lleva lejos del Señor y es signo de la acción en nosotros del espíritu malo que pretende desviarnos del camino.
Pbro Uriel. Mexico
viernes, 6 de agosto de 2010
El fin de la contemplación es la atención a la Palabra y la gozosa dedicación a la oración.
En el desierto se escucha, se recibe, se engendra la Palabra. Se escucha la Palabra no solo para entenderla, sino fundamentalmente saborearla y aprender a entregar el fruto de lo contemplado.
La palabra de Dios nos viene a nosotros para hacernos felices y llenarnos de su presencia. Viene esencialmente para hacernos testigos y profetas. Es una Palabra que tiene que ser recibida en la pobreza, gustada en el silencio contemplativo y realizada en la disponibilidad. Sólo entran en la profundidad de la Palabra los que tienen alma de pobres. Por eso, la pobreza es indispensable para la contemplación. Por eso, es verdad también, que la contemplación tiene que ser alimentada. De ahí la necesidad de la lectura, el estudio, de la reflexión personal y comunitaria.
Lo que define la contemplación no es la separación del mundo, sino la particular atención a la palabra y la gozosa dedicación a la oración. La separación del mundo - manifestada en la clausura - es sólo un medio, no un fin.
Un monasterio contemplativo tiene que hacer partícipes a otros de la alegría y fecundidad salvadora de la Palabra de Dios.
El desierto . Vida contemplativa
Lugar privilegiado del encuentro: con Dios, con uno mismo y con las realidades de nuestro propio mundo. | |||
| Si el desierto significara una simple "fuga del mundo", sería el lugar más vacío, desolador y temible. El hombre no nació para estar sólo. Dios nos hizo esencialmente para la comunicación y para el don. Es allí donde sólo se realiza plenamente nuestra vocación humano-divina. Una cosa es sentirse desoladamente sólo (abominable encuentro con el vacío y la lucha personal) y otra es vivir en la soledad y en el silencio la privilegiada e inefable presencia de Aquél que nos dice todo y obra todo en todos. Por eso, un alma contemplativa, que vive fecundamente en su soledad , es un alma que experimenta el gozo de una doble presencia: el don de Dios y la espera de los hombres. El alma contemplativa sabe que en el desierto le espera Dios y que el mundo tiene urgente necesidad de este encuentro para ser iluminado, pacificado y salvado. | |||
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El desierto . Vida contemplativa
miércoles, 4 de agosto de 2010
CONTEMPLACIÓN
"No es otra cosa, sino tratar de amistad, estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama" Santa Teresa de Avila, Vida 8
La contemplación es la oración del hijo de Dios, del pecador perdonado que consiente en acoger el amor con el que es amado y que quiere responder a él amando más todavía. (Cf. Lc 7,36-50; 19,110) Cat. Igl. Cat. 2712
La contemplación es mirada de fe, fijada en Jesús. "Yo le miro y él me mira". Esta atención a El es renuncia a "mí". Su mirada purifica el corazón. La luz de la mirada de Jesús ilumina los OJOS de
nuestro corazón; nos enseña a ver todo a la luz de su verdad y de su compasión por todos losLa contemplación es la oración del hijo de Dios, del pecador perdonado que consiente en acoger el amor con el que es amado y que quiere responder a él amando más todavía. (Cf. Lc 7,36-50; 19,110) Cat. Igl. Cat. 2712
La contemplación es mirada de fe, fijada en Jesús. "Yo le miro y él me mira". Esta atención a El es renuncia a "mí". Su mirada purifica el corazón. La luz de la mirada de Jesús ilumina los OJOS de
hombres. Cat. Igl. Cat. 2715
"Para mí, la oración es un impulso del corazón, una sencilla mirada lanzada hacia el cielo, un grito de reconocimiento y de amor tanto desde dentro de la prueba como desde dentro de la alegría"
Santa Teresa del Niño Jesús, Autob. C 25r "La razón más alta de la dignidad humana consiste en la vocación del hombre a la unión con Dios. Desde su mismo nacimiento, el hombre es invitado al diálogo con Dios. Existe pura y simplemente por el amor de Dios, que lo creó, y por el amor de Dios, que lo conserva. Y sólo se puede decir que vive en la plenitud de la verdad cuando reconoce libremente ese amor y se confía por entero a su
Creador". GS 19 En la oración están juntos: la verdad de la búsqueda, la bondad del corazón, la belleza de la adoración. Castellanos. "La oración cristiana" pg. 17
"La contemplación no es otra cosa que infusión secreta, pacífica y amorosa de Dios, que, si la dan lugar, Inflama al alma en espíritu de amor" San Juan de la Cruz, N 1, 10,6
"La contemplación es ciencia de amor, la cual es noticia infusa de Dios amorosa, que juntamente va ilustrando y enamorando al alma" San Juan de la Cruz, N 2,18,5"La contemplación no es otra cosa que infusión secreta, pacífica y amorosa de Dios, que, si la dan lugar, Inflama al alma en espíritu de amor" San Juan de la Cruz, N 1, 10,6
"La contemplación es noticia infusa, amorosa, pacifica y quieta en la cual el alma bebe sabiduría, amor y gozo" San Juan de la Cruz, S II, 14,2
La contemplación consiste esencialmente en la aztención amorosa a Dios Félix Rougier MSpS.cartas.
Quisiera estarme quieta, fija, en mi Jesús, contemplándolo, amándolo, estudiándolo... Concepción Cabrera de Armida. CC.1,101
Walter Hilton, un místico inglés del siglo catorce dice en su Scale of Perfection:
Es mucho mejor ser separado de la visión del mundo en esta noche oscura, por muy penoso que eso pueda resultar, que morar fuera, ocupado en los falsos placeres del mundo... Porque cuando estás en esa noche, te encuentras mucho más cerca de Jerusalén que cuando estás en la falsa luz. Abre tu corazón al movimiento de la gracia y acostúmbrate a residir en esta oscuridad, intenta familiarizarte con ella y encontrarás rápidamente que la paz, y la verdadera luz de la comprensión espiritual inundarán tu alma...
Para saber con mayor certeza si Dios nos llama explícitamente o no a la vida contemplativa
Para saber con mayor certeza si Dios nos llama explícitamente o no a la vida contemplativa basta consultar algunas señales que ordinariamente indican una llamada inequívoca del Señor. El interés o la curiosidad no siempre significan atracción ejercida por la gracia. En todo caso, es necesario examinar esa atracción y discernir con cuidado su origen. A continuación, nos fijamos en tres señales o indicios fiables de verdadera vocación a la vida contemplativa:
1) Conciencia purificada de cualquier pecado deliberado. Aquí no se habla de caídas involuntarias en infidelidades objetivas o materiales cometidas por pura fragilidad humana, a pesar de una comprobada buena voluntad. Se trata, pues, de una conciencia firmemente probada de adhesión a Dios, al menos en cuanto a la intención y la simple y decidida voluntad de seguirlo.
2) Deseo muy claro de preferir la oración contemplativa a cualquier otra devoción personal.
3) Una especie de inquietud interior por buscar algo más... Inquietud y deseo que no se calma con una devoción exterior o interior, sino que desea algo más, que deje en el fondo de su alma un vago sentimiento de unión más íntima con Dios.
La existencia simultánea de estos tres signos o indicios es señal suficientemente segura para comenzar el camino de iniciación a la oración contemplativa. El que uno no tenga ese impulso inicial de amor a Dios no es señal de que no tenga vocación para este estilo de espiritualidad. El sentimiento de amor a Dios no siempre es continuo y permanente. Cualquier persona sinceramente entregada a Dios puede dejar de experimentar sensiblemente ese amor por algún tiempo y por diversos motivos.
El contemplativo es, de hecho, como un fuego que arde en amor a Dios
El contemplativo es, de hecho, como un fuego que arde en amor a Dios. Todo el que se aproxima a ese fuego no puede menos de recibir también luz y calor. Y es muy raro que esa persona no acabe por incendiarse igualmente de amor a Dios. Cuando eso ocurre es siempre seguro que estamos delante de una espléndida obra de la gracia.
Pedro Finkler - La oración contemplativa
Pedro Finkler - La oración contemplativa
martes, 27 de julio de 2010
El Amor de Dios
El amor de Dios es belleza, es siempre nuevo, nos sorprende en medio de la densa nube y nos anima a seguir.
Por la mañana fue la oscuridad y tinieblas, y por la noche brillo la aurora. Doy gracias a Dios que regó misericordia, y conversión.
Recibí una humillación valiosa, que abrió paso a un conocimiento más genuino , y también a darme cuenta de las insinuaciones sutiles del mal.
Al regresar a casa caminando de noche, con el soplo de la brisa en el rostro, sentí mi nada infinita, tan infinita como el Amor de Dios .
Y agradecí al ALTISIMO por su gran compasión y su Ternura. Senti libertad.
Soy libre.
Soy feliz.
Amo.
Adriana noviembre 2009
Por la mañana fue la oscuridad y tinieblas, y por la noche brillo la aurora. Doy gracias a Dios que regó misericordia, y conversión.
Recibí una humillación valiosa, que abrió paso a un conocimiento más genuino , y también a darme cuenta de las insinuaciones sutiles del mal.
Al regresar a casa caminando de noche, con el soplo de la brisa en el rostro, sentí mi nada infinita, tan infinita como el Amor de Dios .
Y agradecí al ALTISIMO por su gran compasión y su Ternura. Senti libertad.
Soy libre.
Soy feliz.
Amo.
Adriana noviembre 2009
¡O llama de amor viva¡
¡O llama de amor viva,
que tiernamente hieres
de mi alma en el más profundo centro!
pues ya no eres esquiva,
acaba ya, si quieres;
rompe la tela de este dulce encuentro.
que tiernamente hieres
de mi alma en el más profundo centro!
pues ya no eres esquiva,
acaba ya, si quieres;
rompe la tela de este dulce encuentro.
¡O cauterio suave!
¡O regalada llaga!
¡O mano blanda! ¡O toque delicado,
que a vida eterna sabe
y toda deuda paga!;
matando muerte, en vida la has trocado.
¡O regalada llaga!
¡O mano blanda! ¡O toque delicado,
que a vida eterna sabe
y toda deuda paga!;
matando muerte, en vida la has trocado.
¡O lámparas de fuego,
en cuyos resplandores
las profundas cavernas del sentido,
que estaba obscuro y ciego
con extraños primores
calor y luz dan junto a su querido!
en cuyos resplandores
las profundas cavernas del sentido,
que estaba obscuro y ciego
con extraños primores
calor y luz dan junto a su querido!
¡Cuán manso y amoroso
recuerdas en mi seno,
donde secretamente solo moras!
Y en tu aspirar sabroso,
de bien y gloria lleno
¡cuán delicadamente me enamoras!
recuerdas en mi seno,
donde secretamente solo moras!
Y en tu aspirar sabroso,
de bien y gloria lleno
¡cuán delicadamente me enamoras!
San Juan de la Cruz
viernes, 23 de julio de 2010
Señor Jesus , Bendito Seas en el Santisimo Sacramento del Altar. Te amamos por todos aquellos que no te aman, que son indiferentes, que no te honran , ni te alaban. Perdon Señor
Tú te sientas en el trono a la derecha del Padre
en el reino de su eterna gloria
como Palabra de Dios desde un principio.
Tú gobiernas en el altísimo trono
también en transfigurada forma humana
después de haber consumado tu obra en la tierra.
Así creo yo, porque tu Palabra me lo enseña,
y porque lo creo me siento feliz,
y de ahí florece una dichosa esperanza:
Pues donde estás tú allí están también los tuyos,
el cielo es mi maravillosa patria,
yo participo contigo el trono del Padre.
El Eterno, que todo ser creó, Él, tres veces santo, que abarca todo ser,
tiene su propio reino silencioso.
El habitáculo más íntimo del alma humana
es el más querido lugar de la Trinidad,
su trono celestial en la tierra.
Para redimir este reino celestial de las manos del enemigo
ha venido el Hijo de Dios como hijo del hombre,
y dado su sangre en rescate.
En el corazón de Jesús, que fue atravesado,
el reino celestial y la tierra están unidos,
aquí está para nosotros la fuente de la vida.
Este corazón es el corazón de la Trinidad divina
y centro de todo corazón humano,
que nos da la vida de la Divinidad.
(Edith Stein, “Yo estoy con vosotros”,
jueves, 15 de julio de 2010
CONTEMPLACION PARA ALCANZAR AMOR
Primero conviene advertir en dos cosas. La primera es, que el amor se debe poner más en las obras que en las palabras.
La segunda: el amor consiste en comunicación de las dos partes, es a saber, en dar y comunicar el amante al amado lo que tiene, o de lo que tiene o puede, y así, por el contrario, el amado al amante; de manera que si el uno tiene ciencia, dar al que no la tiene, si honores, si riquezas, y así el otro al otro. (Ejercicios Espirituales 231
) ¡Y QUÉ LE DARÉ AL QUE ME AMÓ Y SE ENTREGÓ POR MÍ?
"Tomad, Señor, y recibid toda mi libertad, mi memoria, mi entendimiento, y toda mi voluntad, todo mi haber y mi poseer; Vos me lo distes, a Vos, Señor, lo torno; todo es vuestro, disponed a toda vuestra voluntad; dadme vuestro amor y gracia, que ésta me basta". (Ejercicios Espirituales Nº 234)
San Ignacio de Loyola
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Usa el crucifijo . Da testimonio de Cristo Vivo .
Colgate la cruz en el cuello, te protegera de todo peligro, sera tu aliada en la tentacion y espantara todo mal.
Espacios dedicados a Dios.
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VATICAN MUSEUMS 1/3Hace 7 años
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