Aqui en silencio adoratriz contemple a Dios

Aqui en silencio adoratriz contemple a Dios
Basilica San Pedro , Vaticano

Amigos que Dios trae a este rincon de la red.

miércoles, 10 de noviembre de 2010

De la simplicidad de la contemplación;que no se ha de adquirir por el conocimiento o la imaginación

Acabo de describir un poco de lo que supone la actividad contemplativa. Ahora quiero estudiarla con más detenimiento, tal como yo la entiendo; a fin de que puedas proceder en ella con seguridad y sin errores.

Esta actividad no lleva tiempo aun cuando algunas personas crean lo contrario. En realidad es la más breve que puedes imaginar; tan breve como un átomo, que a decir de los filósofos es la división más pequeña del tiempo. El átomo es un momento tan breve e integral que la mente apenas si puede concebirlo. No obstante, es de suma importancia, pues de esta medida mínima de tiempo se ha escrito: «Habréis de responder de todo el tiempo que os he dado. Y esto es totalmente exacto, pues tu principal facultad espiritual, la voluntad, sólo necesita esta breve fracción de un momento para dirigirse hacia el objeto de su deseo.

Si por la gracia fueras restablecido a la integridad que el hombre poseía antes de pecar, serías dueño total de estos impulsos. Ninguno de ellos se extraviaría, sino que volaría al único bien, meta de todo deseo,

Dios mismo. Pues Dios nos creó a su imagen y semejanza, haciéndonos iguales a él, y en la Encarnación se yació de su divinidad, haciéndose hombre como nosotros. Es Dios, y sólo él, quien puede satisfacer plenamente el hambre y el ansia de nuestro espíritu, que, transformado por su gracia redentora, es capaz de abrazarlo por el amor. El, a quien ni hombre ni ángeles pueden captar por el conocimiento, puede ser abrazado por el amor. El intelecto de los hombres y de los ángeles es demasiado pequeño para comprender a Dios tal cual es en si mismo.

Intenta comprender este punto. Las criaturas racionales, como los hombres y los ángeles, poseen dos facultades principales: la facultad de conocer y la facultad de amar.

Nadie puede comprender totalmente al Dios increado con su entendimiento; pero cada uno, de maneras diferentes, puede captarlo plenamente por el amor. Tal es el incesante milagro del amor: una persona que ama, a través de su amor, puede abrazar a Dios, cuyo ser llena y trasciende la creación entera. Y esta maravillosa obra del amor dura para siempre, pues aquel a quien amamos es eterno. Cualquiera que tenga la gracia de apreciar la verdad de lo que estoy diciendo, que se tome a pecho mis palabras, pues experimentar este amor es la alegría de la vida eterna y perderlo es el tormento eterno.

Quien, con la ayuda de la gracia de Dios, se da cuenta de los movimientos constantes de la voluntad y aprende a dirigirlos hacia Dios, nunca dejará de gustar algo del gozo del cielo, incluso en esta vida. Y en el futuro, ciertamente lo saboreará plenamente. ¿Ves ahora por qué te incito a esta obra espiritual? Si el hombre no hubiera pecado, te habrías aficionado a ella espontáneamente, pues el hombre fue creado para amar y todo lo demás fue creado para hacer posible el amor. A pesar de todo, el hombre quedará sanado por la obra del amor contemplativo. Al fallar en esta obra se hunde más a fondo en el pecado y se aleja más de Dios. Pero, perseverando en ella, surge gradualmente del pecado y se adentra en la intimidad divina.

Por tanto, está atento al tiempo y a la manera de emplearlo. Nada hay más precioso. Esto es evidente si te das cuenta de que en un breve momento se puede ganar o perder el cielo. Dios, dueño del tiempo, nunca da el futuro. Sólo da el presente, momento a momento, pues esta es la ley del orden creado. Y Dios no se contradice a sí mismo en su creación. El tiempo es para el hombre, no el hombre para el tiempo. Dios, el Señor de la naturaleza, nunca anticipará las decisiones del hombre que se suceden una tras otra en el tiempo. El hombre no tendrá excusa posible en el juicio final diciendo a Dios: «Me abrumaste con el futuro cuando yo sólo era capaz de vivir en el presente».

Veo que ahora estás desanimado y te dices a ti mismo: «¿Qué he de hacer? Si todo lo que dice es verdad, ¿cómo justificaré mi pecado? Tengo 24 años y hasta este momento apenas si me he dado cuenta del tiempo. Y lo que es peor, no podría reparar el pasado aunque quisiera, pues según lo que me acaba de enseñar,

esa tarea es imposible por naturaleza, incluso con la ayuda de la gracia ordinaria. Sé muy bien, además, que en el futuro probablemente no estaré más atento al momento presente de lo que lo he estado en el pasado. Estoy completamente desanimado. Ayúdame por el amor de Jesús».

Bien has dicho «por el amor de Jesús. Pues sólo en su amor encontrarás ayuda. En el amor se comparten todas las cosas, y si amas a Jesús, todo lo suyo es tuyo. Como Dios, es el creador y dispensador del tiempo; como hombre, aprovechó el tiempo de una manera consciente; como Dios y hombre es el justo juez de los hombres y de su uso del tiempo. Únete, pues, a Jesús, en fe y en amor de manera que perteneciéndole puedas compartir todo lo que tiene y entrar en la amistad de los que le aman. Esta es la comunión de los santos y estos serán tus amigos: nuestra Señora, santa María, que estuvo llena de gracia en todo momento; los ángeles, que son incapaces de perder tiempo, y todos los santos del cielo y de la tierra, que por la gracia de Jesús emplean todo su tiempo en amar. Fíjate bien, aquí está tu fuerza. Comprende lo que digo y anímate. Pero recuerda, te prevengo de una cosa por encima de todo. Nadie puede exigir la verdadera amistad con Jesús, su madre, los ángeles y los santos, a menos que haga todo lo que está en su mano con la gracia de Dios para aprovechar el tiempo. Ha de poner su parte, por pequeña que sea, para fortalecer la amistad, de la misma manera que esta le fortalece a él.

No debes, pues, descuidar esta obra de contemplación. Procura también apreciar sus maravillosos efectos en tu propio espíritu. Cuando es genuina, es un simple y espontáneo deseo que salta de repente hacia Dios como la chispa del fuego. Es asombroso ver cuántos bellos deseos surgen del espíritu de una persona que está acostumbrada a esta actividad. Y sin embargo, quizá sólo una de ellas se vea completamente libre de apego a alguna cosa creada. Q puede suceder también que tan pronto un hombre se haya vuelto hacia Dios, llevado de su fragilidad humana, se encuentre distraído por el recuerdo de alguna cosa creada o de algún cuidado diario. Pero no importa. Nada malo ha ocurrido: esta persona volverá pronto a un recogimiento profundo.

Pasamos ahora a la diferencia entre la obra contemplativa y sus falsificaciones tales como los ensueños, las fantasías o los razonamientos sutiles. Estos se originan en un espíritu presuntuoso, curioso o romántico, mientras que el puro impulso de amor nace de un corazón sincero y humilde. El orgullo, la curiosidad y las fantasías o ensueños han de ser controlados con firmeza si es que la obra contemplativa se ha de alumbrar auténticamente en la intimidad del corazón. Probablemente, algunos dirán sobre esta obra y supondrán que pueden llevarla a efecto mediante ingeniosos esfuerzos. Probablemente forzarán su mente e imaginación de un modo no natural y sólo para producir un falso trabajo que no es ni humano ni divino. La verdad es que esta persona está peligrosamente engañada. Y temo que, a no ser que Dios intervenga con un milagro que la lleve a abandonar tales prácticas y a buscar humildemente una orientación segura, caerá en aberraciones mentales o en cualquier otro mal espiritual del demonio engañador. Corre, pues, el riesgo de perder cuerpo y alma para siempre. Por amor de Dios, pon todo tu empeño en esta obra y no fuerces nunca tu mente ni imaginación, ya que por este camino no llegarás a ninguna parte. Deja estas facultades en paz.

No creas que porque he hablado de la oscuridad y de una nube pienso en las nubes que ves en un cielo encapotado o en la oscuridad de tu casa cuando tu candil se apaga. Si así fuera, con un poco de fantasía podrías imaginar el cielo de verano que rompe a través de las nubes o en una luz clara que ilumina el oscuro invierno. No es esto lo que estoy pensando; olvídate, pues, de tal despropósito. Cuando hablo de oscuridad, entiendo la falta o ausencia de conocimiento. Si eres incapaz de entender algo o si lo has olvidado, ¿no estás acaso en la oscuridad con respecto a esta cosa?

No la puedes ver con los ojos de tu mente. Pues bien, en el mismo sentido, yo no he dicho «nube», sino «nube del no-saber». Pues es una oscuridad del no-saber que está entre ti y tu Dios.

viernes, 29 de octubre de 2010

Pensamientos varios .Teolepto de Filadelfia. Filocalia

 
El amor es auxiliar del espíritu en reposo, al que libera de toda atadura irrazonable a lo sensible despertándolo a las palabras de la sabiduría. El intelecto lo percibe, se regocija y anuncia, en un derroche de elocuencia.., las disposiciones secretas de las virtudes y las operaciones invisibles de la ciencia.
* * *
Al hombre que se aplica a observar los mandamientos, persevera en el paraíso de la oración y se mantiene ante Dios con un recuerdo ininterrumpido, Dios lo sustrae a las influencias voluptuosas de la carne, a todos los movimientos de los sentidos, a todas las «formas» de la inteligencia y, haciéndolo morir al pecado, le hace comulgar con la vida divina.
* * *
Si conocéis lo que salmodiáis, recibiréis el conocimiento superior. El conocimiento superior os procurará la inteligencia. La inteligencia tiene como hija a la práctica, y la práctica, como fruto, al conocimiento habitual. El conocimiento tomado de la experiencia produce la verdadera contemplación, de la cual surge la sabiduría que, bajo los rayos de la gracia, llena la atmósfera interior y manifiesta al profano las cosas ocultas.
* * *
El espíritu, en primer lugar, busca y encuentra; luego se une a aquello que ha encontrado; conduce su búsqueda por medio de la razón pero opera por el amor. La búsqueda de la razón se efectúa en el orden de la verdad; la unión del amor en el de la bondad.
* * *
Vosotros sois débiles, (por lo tanto) no dejéis la oración un solo día en tanto haya aliento en vosotros. Escuchad a aquel que dijo: «Cuando me siento débil, entonces es cuando soy fuerte» (2 Cor 12, 10). No renunciéis a las genuflexiones, cumplid con cada una de ellas invocando interiormente a Cristo.

El espíritu que huye del mundo exterior y se concentra en el interior vuelve a si mismo

El espíritu que huye del mundo exterior y se concentra en el interior vuelve a si mismo; se une de ese modo a su verbo mental natural y, mediante ese verbo esencialmente inherente, se une a la oración. Por la oración se eleva a la ciencia de Dios con todo el poder y todo el peso de su amor. Entonces se desvanece la ambición de la carne, cesan todas las sensaciones de placer, las bellezas de la tierra ya no tienen atractivo para él... el alma se compromete con la belleza de Cristo... ella ve a Cristo, lo tiene presente ante sí, conversa con él en la oración pura y goza de sus delicias... Pues Dios -por ser así amado, por ser así nombrado, por ser así llamado en ayuda- recibe el lenguaje de la oración y concede al alma que ora una alegría inexpresable. El alma que «se acuerda de Dios» en la conversación de la oración «es alegrada por el Señor» (Sal 77, 4).

Renuncia a recuerdos y pensamientos.Teolepto de Filadelfia





Cuando hayáis suprimido, en lo exterior, las distracciones, cuando hayáis, en lo interior, renunciado a los pensamientos, vuestro espíritu despertará a las obras y a las palabras espirituales. El comercio con vuestros prójimos y amigos será cambiado por vuestra relación con las distintas virtudes. No existirán más los vanos discursos inseparables de las relaciones mundanas: la meditación y la elucidación de las divinas palabras impresas en vuestro espíritu iluminará e instruirá a vuestra alma.
El relajamiento de los sentidos es una cadena para el alma; cuando son sujetados ella recobra su libertad. Cuando Cristo se aparta del alma es como el sol que se pone trayendo la noche; ella es, entonces, invadida por las tinieblas y desgarrada por bestias invisibles y, así como las bestias salvajes retornan a sus cubiles al levantarse el sol, cuando Cristo se eleva en el firmamento del alma en oración, todo trato con el mundo se desvanece, se borra la amistad con la carne y el espíritu se dedica a su obra: la meditación sobre las cosas divinas. El no inscribe en límites temporales la práctica de la ley espiritual, no le basta con que sea cumplida en una cierta medida, sino que la extiende hasta la llegada de la muerte y la liberación del alma. En esto pensaba el profeta cuando decía «¡Oh, cuánto amo tu ley, todo el día es mi pensamiento!» (Sal 118, 97). El día era, para él, todo el curso de la vida terrestre.
Detened entonces las frecuentaciones con lo exterior y batallad en vuestro interior con los pensamientos hasta haber hallado el lugar de la oración pura, la casa donde habita Cristo; él os iluminará por su ciencia, os deleitará por su visita y os hará encontrar alegría en las pruebas sufridas por él y por haber rechazado, como lo hubierais hecho con la amargura, los placeres del mundo.
La tempestad levanta las olas del mar y, en tanto no cesen los vientos, las olas no se calman ni el mar se aplaca. Los soplos del mal levantan, del mismo modo en nuestra alma negligente, el recuerdo de los parientes, de los conocidos, de los festines, de las fiestas, los espectáculos y todas las imágenes del placer. Le sugieren mezclarse con ellos con los ojos, con la conversación, con el cuerpo entero, tratando de hacerle malgastar la hora presente. Luego, os encontraréis solos en vuestra celda, con el alma devorada por el recuerdo de lo que habéis visto y escuchado. De este modo, la vida de un monje transcurriría perfectamente inútil.
Las ocupaciones mundanas imprimen recuerdos en el alma de la misma forma que los pies dejan su huella sobre la nieve. Si nos damos como alimento a las bestias, ¿cuándo las haremos morir? Si en la práctica vagamos con nuestros pensamientos alrededor de ataduras frecuentemente irrazonables, ¿cuándo haremos morir el sentido de la carne? ¿cuándo viviremos la vida según Cristo que hemos abrazado? Las huellas de los pasos en la nieve se desvanecen con los rayos del sol o son borradas por una buena lluvia; del mismo modo, los recuerdos que nuestra inclinación al placer y nuestros actos habían impreso en nuestra alma se desvanecen cuando Cristo, en la oración, se eleva en el corazón en medio de una brillante lluvia de lágrimas.
Así, entonces, el monje que no se conduce según el orden de la oración ¿cuándo borrará la suma de impresiones y tendencias acumuladas en su alma? Abandonando la sociedad del mundo se cumple materialmente la práctica de las virtudes. Pero para grabar en vuestra alma los buenos recuerdos, para lograr que las palabras divinas fijen allí voluntariamente su residencia, es necesario, mediante oraciones sostenidas y acompañadas de compunción, borrar de nuestra alma el recuerdo de acciones anteriores. La iluminación producida por el recuerdo perseverante de Dios, unido a la contrición del corazón, corta los malos recuerdos como una navaja. Imitad la prudencia de las abejas. Cuando ellas perciben un enjambre de abejorros volando a su alrededor, se mantienen en su colmena y escapan así al perjuicio de sus adversarios. Por abejorros, entended las relaciones mundanas: huidles con el mayor cuidado, permaneced en la colmena de vuestro monasterio y, desde allí, esforzaos por penetrar en el «castillo» interior del alma, en la mansión de Cristo donde reinan, sin contradicción, paz, alegría y quietud. Estos son los dones, los rayos mediante los cuales nuestro sol espiritual, Cristo, recompensa al alma que lo acoge con una liberal generosidad.

La oracion perfecta. Filocalia

Barsanufio y Juan de Gaza  



Pregunta: Padre mío, ¿querrías decirme cómo se adquiere la humildad para la oración perfecta, cómo efectuaría sin distracciones y si es útil la lectura?


Respuesta: La oración perfecta consiste en hablar a Dios sin distracción, recogiendo a la vez todos los pensamientos y todos los sentidos. Se llega a ello muriendo para todos los hombres, para el mundo y lo que él encierra. En la oración sólo has de decir a Dios: «¡Sálvame del malvado! ¡que tu voluntad se cumpla en mí!», y mantener tu espíritu en la presencia de Dios, hablándole. La oración se reconoce porque el hombre está libre de toda distracción con su espíritu colmado de alegría bajo la iluminación del Señor. La señal de que el espíritu ha llegado a ese estado es la imperturbabilidad, incluso si el mundo entero viniera a atacarnos. Ora perfectamente aquel que está muerto para el mundo y sus placeres. Hacer cuidadosamente su obra para Dios, no constituye una distracción, sino celo según Dios. Es ventajoso leer las Vidas de los Padres, pues ello es un medio de iluminar el espíritu en el Señor.

domingo, 24 de octubre de 2010

Oracion del alma enamorada. San Juan de la cruz

¡Señor Dios, amado mío! Si todavía te acuerdas de mis pecados para no hacer lo que te ando pidiendo, haz en ellos, Dios mío, tu voluntad, que es lo que yo más quiero, y ejercita tu bondad y misericordia y serás conocido en ellos. Y si es que esperas a mis obras para por ese medio concederme mi ruego, dámelas tú y óbramelas, y las penas que tú quisieras aceptar, y hágase. Y si a las obras mías no esperas, ¿qué esperas, clementísimo Señor mío?; ¿por qué te tardas? Porque si, en fin, ha de ser gracia y misericordia la que en tu Hijo te pido, toma mi cornadillo , pues le quieres, y dame este bien, pues que tú también lo quieres.

¿Quién se podrá librar de los modos y términos bajos si no le levantas tú a ti en pureza de amor, Dios mío?

¿Cómo se levantará a ti el hombre, engendrado y criado en bajezas, si no le levantas tú, Señor, con la mano que le hiciste?

No me quitarás, Dios mío, lo que una vez me diste en tu único Hijo Jesucristo, en que me diste todo lo que quiero. Por eso me holgaré que no te tardarás si yo espero.

¿Con qué dilaciones esperas, pues desde luego puedes amar a Dios en tu corazón?

El alma asida al sabor del espiritu

La mosca que a la miel se arrima impide su vuelo; y el alma que se quiere estar asida al sabor del espíritu impide su libertad y contemplación.San Juan de la cruz

Pureza del alma

Más indecencia e impureza lleva el alma para ir a Dios, si lleva en si el menor apetito de cosa del mundo, que si fuese cargada de todas las feas y molestas tentaciones y tinieblas que se pueden decir, con tal que su voluntad razonal no las quiera admitir. Antes el tal entonces puede confiadamente llegar a Dios por hacer la voluntad de Su Majestad, que dice: Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados y yo os recrearé (Mt.11,28).

Más agrada a Dios una obra, por pequeña que sea, hecha en escondido, no teniendo voluntad de que se sepa, que mil hechas con gana de que las sepan los hombres. Porque el que con purísimo amor obra por Dios, no solamente no se le da nada de que lo vean los hombres, pero ni lo hace porque lo sepa el mismo Dios; el cual, aunque nunca lo hubiese de saber, no cesaría de hacerle los mismos servicios con la misma alegría y pureza de amor.
San Juan de la cruz

viernes, 24 de septiembre de 2010

Los iconos

Los iconos ayudan a que la oración sea bella. Son como ventanas que se abren hacia las realidades del Reino de Dios y las hacen presentes en nuestra oración aquí en la tierra. Son una llamada a nuestra propia transfiguración. Siendo imagen, el icono no es solamente pura ilustración o decoración. El icono es el símbolo de la encarnación, es presencia que ofrece a los ojos el mensaje espiritual que la Palabra dirige a los oídos.El fundamente de los iconos es, según san Juan Damasceno (siglo VIII), la venida de Cristo a la tierra. La salvación está unida a la encarnación del verbo divino y en consencuencia a la materia. «En otros tiempos, Dios, el incorporal y el invisible, nunca era representado. Pero ahora que Dios se ha manifestado en la carne y ha habitado entre los hombres, represento lo visible de Dios. No adoro la materia, sino adoro al creador de la materia, que se ha vuelto materia por mi causa, que ha querido habitar la materia y que, por la materia, ha logrado mi salvación». Por la fe que expresa, por su belleza y por su profundidad, el icono puede abrir un espacio de paz y sostener una espera. Invita a acoger el misterio de la salvación incluso en la carne y hasta en la creación.

http://www.taize.fr/es_article677.html
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miércoles, 22 de septiembre de 2010

Cuidemos El Silencio,Homenaje a la Orden Cartuja De San Bruno

Señor Jesus, Rey del Cielo y de la tierra, cuida a mis hermanos cartujos de todo mal. Te doy gracias de todo corazon por estas almas bendecidas por ti. Virgen Santa cobijalos bajo tu amparo.
amen

El Gran Silencio

viernes, 17 de septiembre de 2010

¿Qué significa ascetismo?

Es la purificación progresiva y esfuerzo constante para conseguir un ideal moral y agradar a Dios.

Recibieron varios nombres los que lo practicaron: confesores (confiesan su fe), los continentes (practican la castidad) y los ascetas. A las mujeres se les da el nombre de: esposas de Cristo, siervas de Dios o vírgenes consagradas.

¿Cuál es su estilo de vida?
En los tres primeros siglos no hay organización ninguna, viven con su familia en las ciudades.
Era otra forma de dar testimonio además del martirio.
No constituían un estado diferente ni una profesión distinta del resto. Aunque cuando morían en la lápida se leía virginius.
Poco a poco aparece el problema de dos grupos distintos entre los cristianos.
No se sabe cuando comenzaron a hacer el voto solemne.
La consagración de las vírgenes se desarrolló en el siglo IV.
El Concilio de Cartago establece que hasta los 25 no se puede ser virgen consagrada. La 1ª que se conoce es Asella.

A los ascetas del s III para ser monjes sólo les faltaba la separación de sus comunidades cristianas.

ASCETA-MONJE
Castidad
Pobreza
Mortificación
Oración
Vida: Ascetas en comunidades cristianas. Monjes Separados del mundo

¿ Qué hacían?
Imitaban a Cristo buscando la conversión total.
El vestido no era especial.
Algunas vírgenes se cortaban la cabellera.
En la pobreza no tenían obligaciones especiales.
La virginidad algunos santos padres la consideraban superior al matrimonio y tenía un carácter martirial.
Hacía apostolado cuidando a los enfermos y enseñando a otros la fe.

miércoles, 15 de septiembre de 2010

Método de oración: Desplegar velas y elevarse a Dios. Mistica Renana. Taulero

Tened los mismos sentimientos de oración (1 P 3,8)



“En la carta primera de San Pedro leemos: "Permaneced unánimes en la oración".

Al escribir estas palabras, san Pedro se refiere a lo más útil, más deleitable y más noble entre nuestras obras: Orar. No hay cosa más provechosa y amable que podamos hacer en el tiempo...

En esta consideración trataremos de fomentar la vida de oración. Para ello, sabiendo que ... orar es esencialmente elevarse a Dios en el fondo del alma..., nos proponemos hablar brevemente, en tres párrafos, sobre el modo de disponernos para hacerla, el de comportarnos en su desarrollo, y el de avanzar en su intensidad o grados. “.

Esta primera consideración constará de cuatro puntos:

* recogimiento,
* oración de corazón,
* oración mental,
* unidad de acción y fruición

Tercer grado: Deificación. Mistica Renana , Taulero

“Cuando Nuestro Señor ha preparado a fondo a este hombre con opresión insoportable, por un camino mejor que todas las prácticas que pudieran tener todos los hombres, el Señor viene y conduce a esta alma al tercer grado. Allí le levanta el velo de los ojos y le descubre la verdad. Es el momento en que estalla un sol resplandeciente que ahuyenta su pena por completo. Angustias, miserias, calamidades se disipan, y le parece pasar de la muerte a la vida.

El Señor entonces hace salir al alma de sí misma y la levanta hacia El. Allí la alivia de toda su miseria y cura sus heridas. Dios hace entonces que el hombre transforme del modo humano al modo divino de vivir, y pase de la más grande desolación al gozo incomparable de Dios mismo. En este grado, el hombre queda tan divinizado que todo su ser y actividad es Dios quien lo opera en él.

De tal manera está sobreelevado por encima de sus modos naturales que viene a ser por gracia lo que Dios es esencialmente por su naturaleza. Aquí el hombre tiene la impresión y sentimientos de andar perdido. No sabe, no gusta, no siente más de sí mismo, no tiene conciencia más que de un ser sin división.

Mis amigos, haber llegado hasta aquí es realmente haber tocado las honduras más profundas de un verdadero abajamiento, aniquilación, que ni los sentidos ni la inteligencia pueden alcanzar a comprender. Porque es aquí donde se tiene conciencia, la más verdadera, de la propia nada. Y es aquí donde se ahonda lo más profundamente en el fondo de humildad, porque cuanto más se ha descendido más alto se levanta. Altura y profundidad son aquí la misma realidad.

Si sucediese entonces que el hombre, de un modo y otro, cayese de esa altura por un sentimiento de arrogancia, por cierta usurpación del bien divino, sería ciertamente caída igual a Lucifer. Por esta unión del alma en oración de que nos habla la carta de San Pedro venimos en realidad a hacemos como Dios.

Que tal a todos nos suceda y Dios a ello nos ayude”.

Segundo grado: asumir con buen espíritu el pan del sufrimiento.

“Viene ahora el segundo grado, al que se accede cuando Dios ha llevado ya al hombre lejos de todas las cosas creadas, y éste ya ha dejado de ser espiritualmente niño.

Dios, después de haber confortado al hombre con el alivio de la dulzura, le da a comer pan de centeno bien duro, porque ha llegado a la madurez. A un adulto la comida sólida y fuerte le es más útil. No tiene más necesidad de leche ni pan blanco.

Se le abre un camino desierto y solitario sobre el cual Dios le despoja de cuanto le había regalado. El hombre entonces queda tan abandonado a sí mismo que ya no sabe nada, absolutamente nada de Dios. Llega a tal angustia que duda de si ha estado alguna vez en el camino recto, si hay Dios para él o le ignora en sus profundos sufrimientos. Tan apremiante es su dolor que la misma amplitud del espacio parece apretarle en asfixia. No hay ningún otro sentimiento de Dios, no sabe ya nada de El, y todas las cosas le disgustan. Es como si estuviese metido entre dos muros con una espada detrás y una lanza acerada por delante.

¿Qué le queda por hacer? No puede ni recular ni avanzar. Que se siente y diga: "Oh Dios, yo te saludo, amarga amargura, llena de todas las gracias".

Amar hasta el extremo y verse privado del bien que se ama le parece una prueba más dolorosa que el infierno, si éste fuese posible en la tierra. Todo lo que se le puede decir a este hombre entonces le consuela como una piedra. Toda conversación sobre criaturas le molesta. La amargura y dolor en tal despojo son tanto más insoportables cuanto su conciencia y sentimiento de Dios habían sido más grandes y profundos.

Vamos. ¡Buen ánimo! El Señor está seguramente muy cerca. Apóyate sobre el tronco de una fe muy viva. Todo irá muy bien enseguida.

Pero en la tortura la pobre alma no puede creer que estas tinieblas insoportables puedan jamás cambiarse en luz.
Taulero. Mistica renana

Primer grado, incipiente, inferior: de júbilo.

“Se llega al primer grado, el júbilo, considerando atentamente los deliciosos testimonios de amor que Dios nos ha prodigado en las maravillas del cielo y de la tierra. Al considerar la abundancia de beneficios que El ha prodigado a nosotros y a todas las criaturas, vemos:

* cómo todo florece y reverdece, y cómo todo está lleno de Dios,
* cómo la inconcebible liberalidad de Dios ha expandido sus riquezas sobre toda criatura,
* cómo Dios ha buscado, soportado y dotado al hombre,
* cómo El le ha invitado y llamado y con cuánta benignidad le espera,
* cómo por amor del hombre se ha hecho hombre El mismo, y ha sufrido y ofrecido por nosotros su vida, su alma y todo su ser,
* cómo nos ha invitado a inefable intimidad con El mismo y cómo la Santísima Trinidad, con gran largueza, espera a este hombre para darse a él en gozo eterno.

El hombre, cuya amorosa mirada penetra en todas estas cosas, siente nacer en el alma grande y viva alegría. La clara visión de amor de estas maravillas hace desbordar su corazón con tales delicias que su cuerpo débil no puede contener la alegría estallante en fenómenos visibles.

Sin ellos, la sangre le saldría por la boca, como ha ocurrido en ocasiones, o bien este hombre se sentiría reventar bajo pesada opresión. Nuestro Señor le llena así de sus dulzuras y en abrazo íntimo, El se le ha unido de modo único. Es así cómo Dios atrae desde un principio al hombre hasta El, invitándole a que salga de sí mismo y despojarse de todo lo que le es disemejante.

Que nadie, pues, se atreva a distraer a los hijos de Dios forzándolos al vértigo del activismo o metiéndolos en la multiplicidad con sobrecarga de prácticas vulgares y obras externas. Podrían extraviarlos...

Grados de vida interior espiritual. Mistica renana

El primer grado de la vida interior y virtuosa, que nos conduce derechamente hasta Dios, consiste en que el hombre se entregue por completo a las obras maravillosas en que se manifiestan los inefables dones de Dios, donde El se expande en bondad misteriosa. De ahí nace un estado de alma que llamamos júbilo.

El segundo es tránsito por una pobreza del alma y alejamiento de Dios que dejan al espíritu en doloroso despojo.

El tercero nos eleva al modo de ser deiformes, en la unión del espíritu creado con el espíritu subsistente de Dios. Es lo que se puede llamar una verdadera conversión, y es increíble que quienes lleguen realmente a este punto puedan separarse de Dios”. Juan Taulero

sábado, 28 de agosto de 2010

Hay tres voluntades que acompañan constantemente al hombre. San Ammonas. Padre del desierto

Hay tres voluntades que acompañan constantemente al hombre, pero pocos monjes las conocen, a excepción de los que han llegado a ser perfectos; de ellos dice el Apóstol: El alimento sólido es para los perfectos, para aquellos que por la práctica[134] tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal (Hb 5,14). ¿Cuáles son esas tres voluntades? Una es aquella sugerida por el Enemigo; la otra, es la que brota en el corazón del hombre; y la tercera es la que siembra Dios en el hombre. Pero de estas tres, Dios solamente acepta la suya.

La tentación es un signo de progreso

 
El Espíritu sopla donde quiere (Jn 3,8). Sopla sobre las almas puras y rectas, y si ellas le obedecen, les da, al comienzo[111], el temor y el fervor. Cuando ha sembrado esto en ellas, les hace odiar todas las cosas de este mundo[112], ya sea el oro, la plata, los adornos; ya sea padre, madre, esposa o hijo. Y le hace dulce al hombre la obra de Dios, más que la miel y que el panal de miel (Sal 18,10), ya sea que se trate del trabajo del ayuno, de las vigilias, de la soledad o de la limosna. Todo lo que es de[113] Dios le parece dulce[114], y Él le enseña todo (Jn 14,26).
Cuando Él le ha enseñado todo, entonces le concede al hombre[115] ser tentado. A partir de ese momento, todo lo que antes era dulce para él, se le hace pesado. Por eso muchos, cuando son tentados, permanecen en el abatimiento[116] y se hacen carnales. Son aquellos de los que dice el Apóstol: Ustedes comenzaron por el espíritu y ahora terminan por la carne; sufrieron todo aquello en vano (Ga 3,3-4).
Si el hombre resiste a Satán s[117] en la primera tentación, y lo vence, Dios le otorga un fervor estable, tranquilo y sin turbación[118]. Porque el primer fervor es agitado e inestable[119], mientras que el segundo fervor es mejor. Éste engendra la visión de las cosas espirituales y le hace recorrer un largo camino[120] con una paciencia imperturbable. Al igual que un barco con un buen viento es impulsado fuertemente por sus dos remos y recorre una gran distancia, de modo que los marineros están alegres y descansan, así el segundo fervor concede el reposo ampliamente.
Ahora, pues, hijos míos amadísimos, adquieran el segundo fervor para estar firmes en todo. Porque el fervor divino extirpa todas las pasiones (que provienen) de las seducciones, destruye la vetustez del hombre viejo y hace que el hombre llegue a ser templo de Dios, como está escrito: Yo habitaré y caminaré en ellos (2 Co 6,16).
Si quieren que el fervor que se ha alejado vuelva a ustedes, he aquí lo que el hombre debe hacer: que haga un pacto con Dios[121] y que diga ante él: "Perdóname lo que hice por negligencia, ya no seré más desobediente". Y que el hombre no camine más a su antojo[122], para satisfacer su voluntad propia corporal o espiritualmente sino que sus pensamientos estén vigilantes delante de Dios noche y día, y que llore a toda hora frente a Dios afligiéndose, reprendiéndose y diciendo: "¿Cómo has sido (tan) negligente hasta el presente y estéril todos los días?". Que se acuerde de todos los suplicios y del reino eterno, reprendiéndose y diciendo: "¡Dios te ha gratificado con todo ese honor y tú eres negligente! ¡Te ha sometido el mundo entero y tú eres negligente!". Cuando alguien se acusa así noche y día y a toda hora, el fervor de Dios vuelve a ese hombre, y el segundo fervor es mejor que el primero.
El bienaventurado David cuando ve llegar el abatimiento[123] dice: "Me acordé de los años eternos, medité y recordé los días de eternidad, medité sobre todas tus obras, medité sobre las obras de tus manos. Levanté mis manos hacia ti. Mi alma tiene sed de ti como tierra reseca" (Sal 76,6; 142,5-6)[124]. E Isaías también dice: "Cuando hayas gemido de nuevo, entonces ser s salvado y volver s a ser como eras" (Is 30,15).
Notas, Carta 10ª

La paternidad espiritual. La oración por sus hijos

Noche y día rezo para que la fuerza de Dios crezca en ustedes y les revele los grandes misterios de la divinidad, de los que no puedo hablar con la lengua, porque son grandes; no son de este mundo, y se revelen sólo a quienes tienen el corazón purificado de toda mancha y de toda vanidad de este mundo; a quienes han tomado su cruz y que junto con esto se odian a sí mismos, y han sido obedientes a Dios en todo. En estos habita la divinidad y ella alimenta su alma. En efecto, al igual que los árboles no crecen si no los alcanza la fuerza del agua, del mismo modo el alma no puede crecer si no recibe la alegría celestial. Y entre quienes la reciben, hay algunos a los cuales Dios les revela los misterios celestiales, les muestra su lugar[56], mientras ellos todavía están en el cuerpo y les concede todas sus peticiones.
He aquí, pues, cuál es mi oración noche y día: que ustedes lleguen a ese grado y que conozcan la infinita riqueza de Cristo (Efe 3,8), pues son poco numerosos los que han sido hechos perfectos. Y son aquellos para los cuales han sido preparados los tronos, a fin de que se sienten con Jesús para juzgar a los hombres[57]. Porque en cada generación se encuentran hombres llegados a esa medida, para juzgar cada uno a su generación[58]. Esto es lo que pido incesantemente para ustedes en virtud del amor que les tengo. El bienaventurado Pablo les decía, a los que él amaba: Quiero darles no sólo el evangelio de Cristo, sino también nuestra vida, porque nos han llegado a ser muy queridos (1 Ts 2,8). Les envié a mi hijo, hasta que Dios me conceda a mí también llegar corporalmente hasta ustedes, para que les ayude a progresar aún más. Pues cuando los padres reciben hijos, Dios está en medio de ellos de ambos lados.
Permanezcan en paz y compórtense bien en el Señor.
Notas, 6ª Carta

La humildad . Padres del desierto. San Ammonas

¡A los hermanos muy honrados en el Señor, un alegre saludo![25]
Les escribo esta carta como a grandes amigos de Dios, que lo buscan de todo corazón. Es a ellos, en efecto, a quienes Dios escucha cuando oran, los bendice en todo y les concede todas las peticiones de su alma cuando lo invocan. Pero a quienes se aproximan a Él, no de todo corazón, sino dudando y haciendo sus obras para ser glorificados por los hombres (Mt 6,2), a éstos Dios no les escucha sus peticiones, sino que, antes bien, se irrita contra sus obras, porque está escrito: Dios dispersar los huesos de los que buscan agradar a los hombres (Sal 52,6)[26].
Ustedes ven cómo se irrita Dios contra las obras de ellos, y no les concede ninguna de sus peticiones; al contrario, les resiste, pues no hacen sus obras con fe sino según el hombre. A causa de esto la fuerza divina no habita en ellos, están enfermos en todas las obras que realizan. A causa de esto no conocen la fuerza de la gracia, ni su facilidad ni su alegría, sino que su alma está entorpecida en todas sus obras como por un fardo. Así son la mayoría de los monjes[27], no han recibido la fuerza de la gracia que anima el alma, la dispone a la alegría y le da cada día el gozo que hace arder su corazón en Dios[28]. Porque lo que hacen, lo hacen según el hombre; de modo que la gracia no ha venido sobre ellos. En efecto, la fuerza de Dios aborrece a aquel que obra para agradar a los hombres[29].
Por tanto, amadísimos, que ama mi alma y cuyos frutos son tenidos en cuenta por Dios, combatan en todas sus obras el espíritu de vanagloria para vencerlo en todo. De modo que todo su cuerpo sea agradable y permanezca viviente junto al Creador, y que ustedes reciban la fuerza de la gracia, que sobrepasa todas estas cosas. Estoy convencido, hermanos, que hacen todo lo que pueden por esto, resistiendo al espíritu de vanagloria y luchando siempre contra él. A causa de ello su cuerpo tiene vida. Pues ese espíritu malvado se presenta ante el hombre en toda obra de justicia que el hombre comienza, quiere corromper su fruto y hacerlo inútil, a fin de no permitir[30] que los hombres hagan la obra de justicia según Dios. En efecto, este espíritu malo combate a quienes quieren ser fieles. Si algunos son alabados por los hombres como fieles o como humildes o como misericordiosos, inmediatamente este espíritu malvado entabla una batalla contra ellos; y ciertamente resulta vencedor, disuelve y destruye sus cuerpos[31], porque los incita a realizar sus acciones virtuosas con la preocupación de agradar a los hombres y así pierde sus cuerpos[32]. Mientras que los hombres crean que tienen algo, delante de Dios no tienen nada[33]. Por causa de esto Dios no les otorga la fuerza, sino que los deja vacíos, puesto que no ha hallado sus cuerpos dispuestos para ser llenados, y los priva de la muy grande dulzura de la gracia.
Pero ustedes, queridísimos, luchen contra el espíritu de vanagloria y oren siempre, para vencerlo en todo; de forma que la gracia de Dios esté siempre con ustedes. Yo pediré a Dios que, en su bondad, les dé esta fuerza y esta gracia[34] en todo tiempo, pues nada es más excelente que esto[35]. Si ven que el fervor divino se aleja y los abandona, pídanlo de nuevo y volver a ustedes. Pues ese fervor es como un fuego que cambia lo frío en su propia naturaleza. Si ven su corazón repentinamente adormecido en ciertos momentos, pongan su alma ante ustedes, sométanla al examen de un piadoso cuestionamiento y así, necesariamente, ella tendrá nuevamente calor y se inflamar en Dios. Porque también el profeta David, cuando vio su alma agobiada por el dolor habló de la siguiente manera: Derramé mi alma sobre mí mismo (Sal 41,6), me acordé de los días antiguos, medité sobre todas tus obras, extendí hacia ti mis manos. Mi alma, como tierra reseca, suspiró por ti (Sal 142,5-6). Así obró David cuando experimentó su corazón abrumado y frío, hasta que le devolvió el calor y recibió la dulzura de la gracia divina[36].
Noche y día velaba y suplicaba. Hagan también ustedes esto, amadísimos, y crecer n y Dios les revelar sus grandes misterios.
Que el Señor los conserve irreprochables y sanos de alma, espíritu y cuerpo, hasta que los lleve a su propia morada[37] con sus padres[38] que han luchado bien y han concluido su carrera en Cristo, a quien sea la gloria por los siglos de los siglos.

Notas. 3ª Carta

jueves, 26 de agosto de 2010

Consolaciones y desolaciones.

La experiencia de consolaciones y desolaciones. Como fruto de la resonancia interior que la Palabra de Dios suscita en nosotros con alternancia de euforia y de depresión. ¿Qué es la consolación espiritual? Cuando en el alma hay alguna moción interior que la inflama en amor a su Creador y Señor. También se llama consolación espiritual a todo aumento de fe, esperanza y caridad y a toda alegría interna que llama y a trae a las cosas celestiales y a la propia salud de su alma. Se trata de experimentar en los frutos del Espíritu en la vida personal. 
5.    La desolación es lo contrario a la consolación, es: turbación, obscuridad del alma, moción hacia las cosas bajas y terrenas, inquietud de varias agitaciones y tentaciones que mueven a desconfianza, sin esperanza, sin amor. Todo lo que conduce a la pereza, a una vida de tibieza y tristeza como separación de Dios. La consolación es energía del Espíritu santo para emprenderse y comprometerse en el llamado de Dios, La desolación lleva lejos del Señor y es signo de la acción en nosotros del espíritu malo que pretende desviarnos del camino.

Pbro Uriel. Mexico

viernes, 6 de agosto de 2010

El fin de la contemplación es la atención a la Palabra y la gozosa dedicación a la oración.

En el desierto se escucha, se recibe, se engendra la Palabra. Se escucha la Palabra no solo para entenderla, sino fundamentalmente saborearla y aprender a entregar el fruto de lo contemplado.
La palabra de Dios nos viene a nosotros para hacernos felices y llenarnos de su presencia. Viene esencialmente para hacernos testigos y profetas. Es una Palabra que tiene que ser recibida en la pobreza, gustada en el silencio contemplativo y realizada en la disponibilidad. Sólo entran en la profundidad de la Palabra los que tienen alma de pobres. Por eso, la pobreza es indispensable para la contemplación. Por eso, es verdad también, que la contemplación tiene que ser alimentada. De ahí la necesidad de la lectura, el estudio, de la reflexión personal y comunitaria.
Lo que define la contemplación no es la separación del mundo, sino la particular atención a la palabra y la gozosa dedicación a la oración. La separación del mundo - manifestada en la clausura - es sólo un medio, no un fin.
Un monasterio contemplativo tiene que hacer partícipes a otros de la alegría y fecundidad salvadora de la Palabra de Dios.

El desierto . Vida contemplativa

Lugar privilegiado del encuentro: con Dios, con uno mismo y con las realidades de nuestro propio mundo.


          Si el desierto significara una simple "fuga del mundo", sería el lugar más vacío, desolador y temible. El hombre no nació para estar sólo. Dios nos hizo esencialmente para la comunicación y para el don. Es allí donde sólo se realiza plenamente nuestra vocación humano-divina. Una cosa es sentirse desoladamente sólo (abominable encuentro con el vacío y la lucha personal) y otra es vivir en la soledad y en el silencio la privilegiada e inefable presencia de Aquél que nos dice todo y obra todo en todos. Por eso, un alma contemplativa, que vive fecundamente en su soledad , es un alma que experimenta el gozo de una doble presencia: el don de Dios y la espera de los hombres. El alma contemplativa sabe que en el desierto le espera Dios y que el mundo tiene urgente necesidad de este encuentro para ser iluminado, pacificado y salvado.

miércoles, 4 de agosto de 2010

CONTEMPLACIÓN



"No es otra cosa, sino tratar de amistad, estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama" Santa Teresa de Avila, Vida 8
La contemplación es la oración del hijo de Dios, del pecador perdonado que consiente en acoger el amor con el que es amado y que quiere responder a él amando más todavía. (Cf. Lc 7,36-50; 19,110) Cat. Igl. Cat. 2712
La contemplación es mirada de fe, fijada en Jesús. "Yo le miro y él me mira". Esta atención a El es renuncia a "mí". Su mirada purifica el corazón. La luz de la mirada de Jesús ilumina los OJOS de
nuestro corazón; nos enseña a ver todo a la luz de su verdad y de su compasión por todos los
hombres. Cat. Igl. Cat. 2715
"Para mí, la oración es un impulso del corazón, una sencilla mirada lanzada hacia el cielo, un grito de reconocimiento y de amor tanto desde dentro de la prueba como desde dentro de la alegría"
Santa Teresa del Niño Jesús, Autob. C 25r
"La razón más alta de la dignidad humana consiste en la vocación del hombre a la unión con Dios. Desde su mismo nacimiento, el hombre es invitado al diálogo con Dios. Existe pura y simplemente por el amor de Dios, que lo creó, y por el amor de Dios, que lo conserva. Y sólo se puede decir que vive en la plenitud de la verdad cuando reconoce libremente ese amor y se confía por entero a su
Creador". GS 19
En la oración están juntos: la verdad de la búsqueda, la bondad del corazón, la belleza de la adoración. Castellanos. "La oración cristiana" pg. 17
"La contemplación no es otra cosa que infusión secreta, pacífica y amorosa de Dios, que, si la dan lugar, Inflama al alma en espíritu de amor" San Juan de la Cruz, N 1, 10,6
"La contemplación es ciencia de amor, la cual es noticia infusa de Dios amorosa, que juntamente va ilustrando y enamorando al alma" San Juan de la Cruz, N 2,18,5
"La contemplación es noticia infusa, amorosa, pacifica y quieta en la cual el alma bebe sabiduría, amor y gozo" San Juan de la Cruz, S II, 14,2
La contemplación consiste esencialmente en la aztención amorosa a Dios Félix Rougier MSpS.cartas.
Quisiera estarme quieta, fija, en mi Jesús, contemplándolo, amándolo, estudiándolo... Concepción Cabrera de Armida. CC.1,101

Walter Hilton, un místico inglés del siglo catorce dice en su Scale of Perfection:

Es mucho mejor ser separado de la visión del mundo en esta noche oscura, por muy penoso que eso pueda resultar, que morar fuera, ocupado en los falsos placeres del mundo... Porque cuando estás en esa noche, te encuentras mucho más cerca de Jerusalén que cuando estás en la falsa luz. Abre tu corazón al movimiento de la gracia y acostúmbrate a residir en esta oscuridad, intenta familiarizarte con ella y encontrarás rápidamente que la paz, y la verdadera luz de la comprensión espiritual inundarán tu alma...

Para saber con mayor certeza si Dios nos llama explícitamente o no a la vida contemplativa




Para saber con mayor certeza si Dios nos llama explícitamente o no a la vida contemplativa basta consultar algunas señales que ordinariamente indican una llamada inequívoca del Señor. El interés o la curiosidad no siempre significan atracción ejercida por la gracia. En todo caso, es necesario examinar esa atracción y discernir con cuidado su origen. A continuación, nos fijamos en tres señales o indicios fiables de verdadera vocación a la vida contemplativa:

1) Conciencia purificada de cualquier pecado deliberado. Aquí no se habla de caídas involuntarias en infidelidades objetivas o materiales cometidas por pura fragilidad humana, a pesar de una comprobada buena voluntad. Se trata, pues, de una conciencia firmemente probada de adhesión a Dios, al menos en cuanto a la intención y la simple y decidida voluntad de seguirlo.

2) Deseo muy claro de preferir la oración contemplativa a cualquier otra devoción personal.

3) Una especie de inquietud interior por buscar algo más... Inquietud y deseo que no se calma con una devoción exterior o interior, sino que desea algo más, que deje en el fondo de su alma un vago sentimiento de unión más íntima con Dios.

La existencia simultánea de estos tres signos o indicios es señal suficientemente segura para comenzar el camino de iniciación a la oración contemplativa. El que uno no tenga ese impulso inicial de amor a Dios no es señal de que no tenga vocación para este estilo de espiritualidad. El sentimiento de amor a Dios no siempre es continuo y permanente. Cualquier persona sinceramente entregada a Dios puede dejar de experimentar sensiblemente ese amor por algún tiempo y por diversos motivos.

El contemplativo es, de hecho, como un fuego que arde en amor a Dios

El contemplativo es, de hecho, como un fuego que arde en amor a Dios. Todo el que se aproxima a ese fuego no puede menos de recibir también luz y calor. Y es muy raro que esa persona no acabe por incendiarse igualmente de amor a Dios. Cuando eso ocurre es siempre seguro que estamos delante de una espléndida obra de la gracia.


Pedro Finkler - La oración contemplativa

martes, 27 de julio de 2010

El Amor de Dios

El amor de Dios es belleza, es siempre nuevo, nos sorprende en medio de la densa nube y nos anima a seguir.


Por la mañana fue la oscuridad y tinieblas, y por la noche brillo la aurora. Doy gracias a Dios que regó misericordia, y conversión.

Recibí una humillación valiosa, que abrió paso a un conocimiento más genuino , y también a darme cuenta de las insinuaciones sutiles del mal.



Al regresar a casa caminando de noche, con el soplo de la brisa en el rostro, sentí mi nada infinita, tan infinita como el Amor de Dios .



Y agradecí al ALTISIMO por su gran compasión y su Ternura. Senti libertad.



Soy libre.


Soy feliz.

Amo.
Adriana noviembre 2009

¡O llama de amor viva¡


¡O llama de amor viva,
que tiernamente hieres
de mi alma en el más profundo centro!
pues ya no eres esquiva,
acaba ya, si quieres;
rompe la tela de este dulce encuentro
.
¡O cauterio suave!
¡O regalada llaga!
¡O mano blanda! ¡O toque delicado,
que a vida eterna sabe
y toda deuda paga!;
matando muerte, en vida la has trocado.
¡O lámparas de fuego,
en cuyos resplandores
las profundas cavernas del sentido,
que estaba obscuro y ciego
con extraños primores
calor y luz dan junto a su querido!
¡Cuán manso y amoroso
recuerdas en mi seno,
donde secretamente solo moras!
Y en tu aspirar sabroso,
de bien y gloria lleno
¡cuán delicadamente me enamoras!
San Juan de la Cruz


viernes, 23 de julio de 2010

Señor Jesus , Bendito Seas en el Santisimo Sacramento del Altar. Te amamos por todos aquellos que no te aman, que son indiferentes, que no te honran , ni te alaban. Perdon Señor


Tú te sientas en el trono a la derecha del Padre
en el reino de su eterna gloria
como Palabra de Dios desde un principio.

Tú gobiernas en el altísimo trono
también en transfigurada forma humana
después de haber consumado tu obra en la tierra.

Así creo yo, porque tu Palabra me lo enseña,
y porque lo creo me siento feliz,
y de ahí florece una dichosa esperanza:

Pues donde estás tú allí están también los tuyos,
el cielo es mi maravillosa patria,
yo participo contigo el trono del Padre.

El Eterno, que todo ser creó, Él, tres veces santo, que abarca todo ser,
tiene su propio reino silencioso.

El habitáculo más íntimo del alma humana
es el más querido lugar de la Trinidad,
su trono celestial en la tierra.

Para redimir este reino celestial de las manos del enemigo
ha venido el Hijo de Dios como hijo del hombre,
y dado su sangre en rescate.

En el corazón de Jesús, que fue atravesado,
el reino celestial y la tierra están unidos,
aquí está para nosotros la fuente de la vida.

Este corazón es el corazón de la Trinidad divina
y centro de todo corazón humano,
que nos da la vida de la Divinidad.
(Edith Stein, “Yo estoy con vosotros”,

jueves, 15 de julio de 2010

CONTEMPLACION PARA ALCANZAR AMOR


Primero conviene advertir en dos cosas. La primera es, que el amor se debe poner más en las obras que en las palabras.
La segunda: el amor consiste en comunicación de las dos partes, es a saber, en dar y comunicar el amante al amado lo que tiene, o de lo que tiene o puede, y así, por el contrario, el amado al amante; de manera que si el uno tiene ciencia, dar al que no la tiene, si honores, si riquezas, y así el otro al otro. (Ejercicios Espirituales 231
 
) ¡Y QUÉ LE DARÉ AL QUE ME AMÓ Y SE ENTREGÓ POR MÍ?
"Tomad, Señor, y recibid toda mi libertad, mi memoria, mi entendimiento, y toda mi voluntad, todo mi haber y mi poseer; Vos me lo distes, a Vos, Señor, lo torno; todo es vuestro, disponed a toda vuestra voluntad; dadme vuestro amor y gracia, que ésta me basta".
(Ejercicios Espirituales Nº 234)

San Ignacio de Loyola 

miércoles, 14 de julio de 2010

Grados de conformidad con la voluntad de Dios


“San Bernardo distingue tres grados, los correspondientes a la perfección Cristiana:
1- El incipiente: Movidos por el temor, lleva la cruz de Cristo pacientemente
2- El proficiente: movido por la esperanza, la lleva con cierta alegría.
3- El perfecto: consumado en la Caridad, se abraza con ella ardientemente.

martes, 13 de julio de 2010

Leer a Carlos de Focauld realza mas mi indignidad

Leer a Carlos de Focauld realza mas mi indignidad  y rasga mis  ojos al albor del conocimiento, para revelarme cuan lejos estoy de la santidad.
Mi alma por momentos siente la traición, el desacierto  del amor alrededor , el quebranto de la  palabra de los mas queridos.  
 Igual me entrego ,creo,  aguardo y Amo.
El Amor no es Amado, es el grito agónico desde lo mas profundo de mi ser.
Las almas  tiemblan ante el Amor. Desertan al ser amadas,  no toleran el toque del Amor.
Se vedan categóricamente a amar.

Lo  escribo con tristeza y lagrimas.
Amamos  sin doblez, y  somos arrojados centrífugamente. 
 Absorbemos dudas y suspicacias de los otros.

A veces temo caer en esa gran fuga del no amar . El facilitar el reverso al amor . Sucumbir ante la decepción .


Cristo se apiade   y no consienta el desamor en mi alma.
Amen.

 Meditacion personal 2006 ,
Adriana

sábado, 10 de julio de 2010

Pensamientos de Teolepto de Filadelfia . Filocalia

Si conocéis lo que salmodiáis, recibiréis el conocimiento superior. El conocimiento superior os procurará la inteligencia. La inteligencia tiene como hija a la práctica, y la práctica, como fruto, al conocimiento habitual. El conocimiento tomado de la experiencia produce la verdadera contemplación, de la cual surge la sabiduría que, bajo los rayos de la gracia, llena la atmósfera interior y manifiesta al profano las cosas ocultas.

Una vez rechazadas las sensaciones tu abolirás el placer de los sentidos; huirás de las imaginaciones; te liberarás del atractivo de los pensamientos. El espíritu que se conserva puro de imaginaciones, no admitiendo la mancha ni la marca de una conducta voluptuosa, ni los pensamientos de la codicia, se encuentra en la simplicidad. Trascendiendo todo lo sensible y lo inteligible, eleva su pensamiento hacia Dios, sin murmurar en sus profundidades otra cosa que el nombre del Señor unido a su recuerdo ininterrumpido, como el niño pequeño que llama a su padre.
* * *
Adán surgió del polvo por las manos divinas y se convirtió, bajo el sopío de Dios, en un alma viviente. Del mismo modo el espíritu, modelado por las virtudes, sufre la transformación divina gracias a la invocación asidua del Señor murmurada en una inteligencia pura y un sentimiento ferviente: encuentra en la ciencia y el amor de Dios, vida y deificación.
Cuando una oración continua y sincera os haya apartado de la ambición terrestre, cuando -ese será vuestro sueño- hayáis eliminado todo pensamiento extraño y estéis totalmente fijados en el solo recuerdo de Dios, entonces se elevará en vosotros, como un auxiliar, el amor de Dios. Pues la exclamación tierna de la oración hace brotar el amor de Dios que, a su vez, despierta al espíritu para mostrarle sus secretos. El espíritu entonces, conjugado con el amor, da su fruto: la sabiduría y, mediante la sabiduría, anuncia las realidades inefables. Dios, el Verbo, tiernamente nombrado por la oración, retira del espíritu su intelección, como una costilla, le da el conocimiento y reemplaza el espacio libre por la buena disposición, le otorga la virtud, edifica el amor iluminador y lleva al espíritu, como a una presa, hacia el éxtasis, calmo y liberado de toda ambición terrestre.
El amor es auxiliar del espíritu en reposo, al que libera de toda atadura irrazonable a lo sensible despertándolo a las palabras de la sabiduría. El intelecto lo percibe, se regocija y anuncia, en un derroche de elocuencia.., las disposiciones secretas de las virtudes y las operaciones invisibles de la ciencia.
* * *

Renuncia a recuerdos y pensamientos


Cuando hayáis suprimido, en lo exterior, las distracciones, cuando hayáis, en lo interior, renunciado a los pensamientos, vuestro espíritu despertará a las obras y a las palabras espirituales. El comercio con vuestros prójimos y amigos será cambiado por vuestra relación con las distintas virtudes. No existirán más los vanos discursos inseparables de las relaciones mundanas: la meditación y la elucidación de las divinas palabras impresas en vuestro espíritu iluminará e instruirá a vuestra alma.
El relajamiento de los sentidos es una cadena para el alma; cuando son sujetados ella recobra su libertad. Cuando Cristo se aparta del alma es como el sol que se pone trayendo la noche; ella es, entonces, invadida por las tinieblas y desgarrada por bestias invisibles y, así como las bestias salvajes retornan a sus cubiles al levantarse el sol, cuando Cristo se eleva en el firmamento del alma en oración, todo trato con el mundo se desvanece, se borra la amistad con la carne y el espíritu se dedica a su obra: la meditación sobre las cosas divinas. El no inscribe en límites temporales la práctica de la ley espiritual, no le basta con que sea cumplida en una cierta medida, sino que la extiende hasta la llegada de la muerte y la liberación del alma. En esto pensaba el profeta cuando decía «¡Oh, cuánto amo tu ley, todo el día es mi pensamiento!» (Sal 118, 97). El día era, para él, todo el curso de la vida terrestre.
Detened entonces las frecuentaciones con lo exterior y batallad en vuestro interior con los pensamientos hasta haber hallado el lugar de la oración pura, la casa donde habita Cristo; él os iluminará por su ciencia, os deleitará por su visita y os hará encontrar alegría en las pruebas sufridas por él y por haber rechazado, como lo hubierais hecho con la amargura, los placeres del mundo.
La tempestad levanta las olas del mar y, en tanto no cesen los vientos, las olas no se calman ni el mar se aplaca. Los soplos del mal levantan, del mismo modo en nuestra alma negligente, el recuerdo de los parientes, de los conocidos, de los festines, de las fiestas, los espectáculos y todas las imágenes del placer. Le sugieren mezclarse con ellos con los ojos, con la conversación, con el cuerpo entero, tratando de hacerle malgastar la hora presente. Luego, os encontraréis solos en vuestra celda, con el alma devorada por el recuerdo de lo que habéis visto y escuchado. De este modo, la vida de un monje transcurriría perfectamente inútil.
Las ocupaciones mundanas imprimen recuerdos en el alma de la misma forma que los pies dejan su huella sobre la nieve. Si nos damos como alimento a las bestias, ¿cuándo las haremos morir? Si en la práctica vagamos con nuestros pensamientos alrededor de ataduras frecuentemente irrazonables, ¿cuándo haremos morir el sentido de la carne? ¿cuándo viviremos la vida según Cristo que hemos abrazado? Las huellas de los pasos en la nieve se desvanecen con los rayos del sol o son borradas por una buena lluvia; del mismo modo, los recuerdos que nuestra inclinación al placer y nuestros actos habían impreso en nuestra alma se desvanecen cuando Cristo, en la oración, se eleva en el corazón en medio de una brillante lluvia de lágrimas.
Así, entonces, el monje que no se conduce según el orden de la oración ¿cuándo borrará la suma de impresiones y tendencias acumuladas en su alma? Abandonando la sociedad del mundo se cumple materialmente la práctica de las virtudes. Pero para grabar en vuestra alma los buenos recuerdos, para lograr que las palabras divinas fijen allí voluntariamente su residencia, es necesario, mediante oraciones sostenidas y acompañadas de compunción, borrar de nuestra alma el recuerdo de acciones anteriores. La iluminación producida por el recuerdo perseverante de Dios, unido a la contrición del corazón, corta los malos recuerdos como una navaja. Imitad la prudencia de las abejas. Cuando ellas perciben un enjambre de abejorros volando a su alrededor, se mantienen en su colmena y escapan así al perjuicio de sus adversarios. Por abejorros, entended las relaciones mundanas: huidles con el mayor cuidado, permaneced en la colmena de vuestro monasterio y, desde allí, esforzaos por penetrar en el «castillo» interior del alma, en la mansión de Cristo donde reinan, sin contradicción, paz, alegría y quietud. Estos son los dones, los rayos mediante los cuales nuestro sol espiritual, Cristo, recompensa al alma que lo acoge con una liberal generosidad.
Teolepto de Filadelfia

jueves, 17 de junio de 2010

Signos de la venida del Espíritu Santo al alma

Pero, Señor, ¿cómo sabremos cuándo haces esto y cuál es la señal de tu llegada?, ¿acaso no son los suspiros y las lágrimas los testigos y los mensajeros de esta consolación y alegría? Si es así, se trata de una señal nueva e inusitada. ¿Pues qué relación existe entre la consolación y los suspiros?, ¿entre la alegría y las lágrimas?, si es que se les puede llamar a eso lágrimas y no más bien abundancia desbordante del rocío interior y como ablución del hombre exterior. Así como en el bautismo de los niños se representa y se indica con una ablución externa una purificación interna del hombre, así aquí, por el contrario, la purificación interior precede a la ablución exterior. ¡Felices lágrimas, por las que se lavan las manchas interiores, por las que se extinguen los incendios de los pecados! Bienaventurados los que así lloráis porque reiréis (Mt 5, 5). Reconoce, alma mía, en estas lágrimas a tu esposo, abraza al que deseas. Embriágate ahora de un torrente de placer, sáciate de esa ubre de consolación como de leche y miel. Los gemidos y las lágrimas son los pequeños regalos, estupendos y reconfortantes, que te ha dado tu esposo. En esta lágrimas te pone delante una bebida sobreabundante. Estas lágrimas son tu pan día y noche, pan, sí, que reafirma el corazón del hombre, más dulces que el panal de miel. Señor Jesús: si tan dulces son estas lágrimas suscitadas por el recuerdo y el deseo de ti, ¡cuánto más dulce no será el gozo que se tendrá en la plena visión de ti! Si es tan dulce llorar por ti, ¡cuán dulce será gozar de ti! Pero ¿por qué proferimos en público estos secretos coloquios?, ¿por qué tratamos de expresar, con palabras comunes, sentimientos indecibles e inenarrables? Los que no han gustado (inexperti) tales cosas no pueden entender, a menos que las lean expresamente en el libro de la experiencia amaestrados por la misma unción (divina). Si no, la letra exterior no sirve de nada al lector. Poco sabor tiene la lectura de la letra externa a no ser que tome la explicación y el sentido interno de su corazón.

Guigues II, Cartujo

Función de la oración por un cartujo

ORATIO/CONTEMPLATIO: Viendo, pues, el alma que no puede alcanzar por sí sola esa dulzura deseada por el conocimiento y la experiencia, y que cuanto más se eleva ella tanto más lejano está Dios (Salm 63, 7-8), entonces se humilla y se refugia en la oración diciendo: Señor, que no te dejas ver más que por los limpios de corazón, leyendo he investigado, meditando he buscado cómo pueda adquirirse la verdadera pureza del corazón, para poderte conocer, gracias a ella, al menos un poco. Buscaba tu rostro Señor, tu rostro buscaba (Salm 26, 8). Largamente he meditado en mi corazón y en mi meditación se ha encendido un fuego y un deseo mayor de conocerte (Salm 38, 4). Cuando rompes para mi el pan de la Sagrada Escritura, en la fracción del pan hay gran conocimiento (Lc 24, 30-31) y cuanto más te conozco, más deseo conocerte, no ya en la corteza de la letra, sino en el sentido de la experiencia. Y esto no te lo pido, Señor, por mis méritos, sino por tu misericordia. Pues confieso que soy indigna y pecadora, pero también los perritos comen migas que caen de la mesa de sus señores (Mt 15, 27). Dame, Señor, una prenda de la herencia futura, una gota al menos de la lluvia celeste con la que pueda aliviar mi sed, porque me abraso de amor.

Descripción de las funciones de los cuatro peldaños

Habiendo, pues, descrito los cuatro peldaños nos queda por ver ahora sus funciones. La lectura busca la dulzura de la vida feliz, la meditación la halla, la oración la pide, la contemplación la experimenta. Porque el mismo Dios dice: Buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá (Mt 7, 7).

Buscad leyendo y hallaréis meditando, llamad orando y se os abrirá contemplando. La lectura pone en la boca pedazos, la oración le extrae el sabor, la contemplación es la misma dulzura que alegra y recrea. La lectura se queda en la corteza, la meditación penetra en el pulpa, la oración en la petición llena de deseo, la contemplación en el goce de la dulzura adquirida. Para que esto pueda verse con mayor claridad proponemos un ejemplo entre muchos. En la lectura escucho esto: Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios (Mt 5, 8).

He aquí una palabra breve, pero suave y llena de múltiples resonancias, ofrecida como un racimo de uva para alimento del alma. Ante ella el alma después de haberla examinado diligentemente, dice para sí: aquí puede haber algo bueno, volveré a entrar en mi corazón e intentaré si me es posible comprender y encontrar esta pureza. Esta es, en efecto, algo precioso y deseable, alabada por tantos pasajes de la Escritura, a quien la posee se le llama dichoso y se le promete la visión de Dios, esto es, la vida eterna. Deseando, por tanto, que se le explique esto más plenamente, empieza a masticar y a triturar esta uva poniéndola, como si dijéramos, en el lagar, después estimula su razón para indagar en qué consista y cómo pueda adquirirse esta pureza tan preciosa y deseable.

Descripción de los cuatro peldaños de la escalera espiritual

Cuando cierto día, ocupado en un trabajo manual, había empezado a pensar en la actividad espiritual del hombre, se presentaron repentinamente a mi consideración los cuatro peldaños espirituales, a saber, la lectura, la meditación, la oración y la contemplación. Esta es la escalera de los monjes (Scala Claustralium) por la que se elevan de la tierra al cielo, compuesta en realidad de pocos peldaños, pero de inmensa e increíble magnitud. Su parte inferior se apoya en la tierra, mientras que la superior penetra las nubes y escruta los secretos del cielo. Estos peldaños se distinguen tanto por sus nombres y su número como por su orden y su función. Si uno examina diligentemente sus propiedades y funciones, el efecto que produzca cada uno en nosotros, cómo se diferencian y en qué relación jerárquica están entre ellos, entonces considerará breve y ligero el trabajo y la aplicación que se les haya dedicado, frente a la gran utilidad y dulzura que aportan. En efecto, la lectura (lectio) es la inspección cuidadosa de las Escrituras con entrega de espíritu. La meditación (meditatio) es la concentrada operación de la mente que investiga con la ayuda de la propia razón el conocimiento de la verdad oculta. La oración (oratio) es la fervorosa inclinación del corazón a Dios con el fin de evitarle males y alcanzar bienes. La contemplación (contemplatio) es la elevación de la mente mantenida en Dios, que degusta las alegrías de la eterna dulzura.

Guigues II, Cartujo

domingo, 6 de junio de 2010

Carta a Hesiquio.Juan, el solitario

Tú sabes hermano que la separación de un miembro que sufre ocasiona sufrimiento al resto de los miembros, y aunque no sea patente el mal que le hace sufrir, debes saber que su dolor se expresa por la lengua y que su mal se manifiesta por las lágrimas de los ojos. El sufrimiento sale fuera de su silencio interior mediante la lengua; ella es la llave del granero del cuerpo, y ella misma cierra y abre la puerta de las palabras, y de lo íntimo del corazón, tesoro de la inteligencia, ella abastece a sus amigos con una palabra de sus tesoros. Porque ella es la boca de la inteligencia, por medio de la cual habla la mente, y se hace abogado de su silencio íntimo, y como mediadora sirve a lo que aquella le ordena. Y la lengua comunica a los que la escuchan lo que el corazón, soberano de la inteligencia, le dice. Por lo tanto por medio de la lengua, llave de la mente, se abre la puerta del corazón; mas sin ella, esta puerta no se abre ni se puede oír sonido alguno. No obstante, sin la voz la inteligencia puede dar a conocer lo que lleva oculto, a través de una palabra silenciosa en forma de escrito, y así su silencio se expresa tácitamente; de todas maneras aunque la mente guarde sus secretos en el silencio, necesita de la lengua para exponerlos a su oído que escucha todos los sonidos.

Mediante esta imagen puedes darte cuenta del dolor que causa tu separación de nosotros; pero ya que tu vida se encuentra en aquel equilibrio que nuestro Señor ha mostrado, encontramos consuelo para nuestra aflicción, y de este modo no te encuentras lejos de nosotros, pues el camino de tu vida est enraizado en el amor de Jesucristo; porque los que est n en el amor son una sola cosa por su proximidad, y puesto que en ellos el amor no se encuentra dividido, no hay ningún tipo de discrepancia entre ellos. Los que cumplen la voluntad del Señor Todopoderoso est n unidos en un solo cuerpo y tienen una única voluntad.

Por lo tanto, hermano, desde que he oído algo de tu vida en Cristo, no ceso de hacer memoria de ti en mis pobres oraciones, e imploro la misericordia de Dios para que te conceda, según le plazca a su grandeza, consolidarte en tu vida. Y tampoco dudo pedirte una admonición en forma de discurso.

Debes estar atento, hermano, a todo el curso de tu vida, y fijar en tu mente la meditación de la pasión del Señor, que es la fortaleza espiritual de nuestra alma, y el refugio de la justicia, donde se conserva el trabajo de las buenas obras.

Debes estar atento, hermano, a los lazos ocultos, a las emboscadas encubiertas y a las trampas escondidas; y que no te dé fastidio pedir al Señor noche y día que proteja tus pasos para que no caigan en los astutos lazos de Satanás. Y si perseveras en esta oración, Dios no rehusará acceder a tu voluntad.

Persevera, hermano, en esta gloria espiritual de la que te ha hecho digno la pasión de nuestro Señor. Y sé vigilante para mantener tu pensamiento lejos de las agitaciones; y debes estar atento a que las cosas gloriosas que tienes en Cristo no se transformen en algún tipo de soberbia. Porque la soberbia no echará en ti sus raíces, si tu mente está ocupada en la meditación de la encarnación de Cristo nuestro Señor, de forma que, por su gracia, puedas hacer fructificar las buenas obras. De hecho, sin su humillación estaríamos muy por debajo de la altura de sus dones, de modo que ni siquiera su recuerdo habría penetrado en nuestra mente. Es por esta razón que él nos ha dado la gracia, de manera que por propia voluntad nos haga entrar en comunión con él mismo y nos conduzca al Padre. Nosotros debemos alabarlo sin cesar; no es que eso sea necesario para (obtener) su gracia, porque nadie puede alabarlo como es debido, ya que su gracia es mayor que la alabanza de todos sus siervos; a nosotros nos basta reconocer que no tenemos la facultad ni para retribuirle ni para alabarlo como es debido. Y aquél que tiene este conocimiento de la gracia de Dios, casi puede decirse de él que lo ha saldado con la gracia.

Carta VI: La paternidad espiritual. La oración por sus hijos. San AMMONAS

Noche y día rezo para que la fuerza de Dios crezca en ustedes y les revele los grandes misterios de la divinidad, de los que no puedo hablar con la lengua, porque son grandes; no son de este mundo, y se revelen sólo a quienes tienen el corazón purificado de toda mancha y de toda vanidad de este mundo; a quienes han tomado su cruz y que junto con esto se odian a sí mismos, y han sido obedientes a Dios en todo. En estos habita la divinidad y ella alimenta su alma. En efecto, al igual que los árboles no crecen si no los alcanza la fuerza del agua, del mismo modo el alma no puede crecer si no recibe la alegría celestial. Y entre quienes la reciben, hay algunos a los cuales Dios les revela los misterios celestiales, les muestra su lugar[56], mientras ellos todavía están en el cuerpo y les concede todas sus peticiones.

He aquí, pues, cuál es mi oración noche y día: que ustedes lleguen a ese grado y que conozcan la infinita riqueza de Cristo (Efe 3,8), pues son poco numerosos los que han sido hechos perfectos. Y son aquellos para los cuales han sido preparados los tronos, a fin de que se sienten con Jesús para juzgar a los hombres[57]. Porque en cada generación se encuentran hombres llegados a esa medida, para juzgar cada uno a su generación[58]. Esto es lo que pido incesantemente para ustedes en virtud del amor que les tengo. El bienaventurado Pablo les decía, a los que él amaba: Quiero darles no sólo el evangelio de Cristo, sino también nuestra vida, porque nos han llegado a ser muy queridos (1 Ts 2,8). Les envié a mi hijo, hasta que Dios me conceda a mí también llegar corporalmente hasta ustedes, para que les ayude a progresar aún más. Pues cuando los padres reciben hijos, Dios está en medio de ellos de ambos lados.

Permanezcan en paz y compórtense bien en el Señor.

Notas, 6ª Carta

[55] Se conserva solamente en sirio (nro. 6), georgiano (nro. 6) y árabe (nro. 13).

[56] En el sentido de mansiones celestiales.

[57] Sirio: "Para quienes son las grandes promesas del Hijo; ellos reciben las gracias y ayudan a los hombres".

[58] Sirio: "Y cada uno de éstos es un ejemplo para su generación, de modo que aquel que es considerado perfecto sea un ejemplo para los hombres".

"No debáis nada a nadie, sólo sois deudores en el amor" (Rm 13,8)

Usa el crucifijo . Da testimonio de Cristo Vivo .

Usa el crucifijo . Da testimonio de Cristo Vivo .
Colgate la cruz en el cuello, te protegera de todo peligro, sera tu aliada en la tentacion y espantara todo mal.