sábado, 28 de agosto de 2010
La humildad . Padres del desierto. San Ammonas
¡A los hermanos muy honrados en el Señor, un alegre saludo![25]
Les escribo esta carta como a grandes amigos de Dios, que lo buscan de todo corazón. Es a ellos, en efecto, a quienes Dios escucha cuando oran, los bendice en todo y les concede todas las peticiones de su alma cuando lo invocan. Pero a quienes se aproximan a Él, no de todo corazón, sino dudando y haciendo sus obras para ser glorificados por los hombres (Mt 6,2), a éstos Dios no les escucha sus peticiones, sino que, antes bien, se irrita contra sus obras, porque está escrito: Dios dispersar los huesos de los que buscan agradar a los hombres (Sal 52,6)[26].
Ustedes ven cómo se irrita Dios contra las obras de ellos, y no les concede ninguna de sus peticiones; al contrario, les resiste, pues no hacen sus obras con fe sino según el hombre. A causa de esto la fuerza divina no habita en ellos, están enfermos en todas las obras que realizan. A causa de esto no conocen la fuerza de la gracia, ni su facilidad ni su alegría, sino que su alma está entorpecida en todas sus obras como por un fardo. Así son la mayoría de los monjes[27], no han recibido la fuerza de la gracia que anima el alma, la dispone a la alegría y le da cada día el gozo que hace arder su corazón en Dios[28]. Porque lo que hacen, lo hacen según el hombre; de modo que la gracia no ha venido sobre ellos. En efecto, la fuerza de Dios aborrece a aquel que obra para agradar a los hombres[29].
Por tanto, amadísimos, que ama mi alma y cuyos frutos son tenidos en cuenta por Dios, combatan en todas sus obras el espíritu de vanagloria para vencerlo en todo. De modo que todo su cuerpo sea agradable y permanezca viviente junto al Creador, y que ustedes reciban la fuerza de la gracia, que sobrepasa todas estas cosas. Estoy convencido, hermanos, que hacen todo lo que pueden por esto, resistiendo al espíritu de vanagloria y luchando siempre contra él. A causa de ello su cuerpo tiene vida. Pues ese espíritu malvado se presenta ante el hombre en toda obra de justicia que el hombre comienza, quiere corromper su fruto y hacerlo inútil, a fin de no permitir[30] que los hombres hagan la obra de justicia según Dios. En efecto, este espíritu malo combate a quienes quieren ser fieles. Si algunos son alabados por los hombres como fieles o como humildes o como misericordiosos, inmediatamente este espíritu malvado entabla una batalla contra ellos; y ciertamente resulta vencedor, disuelve y destruye sus cuerpos[31], porque los incita a realizar sus acciones virtuosas con la preocupación de agradar a los hombres y así pierde sus cuerpos[32]. Mientras que los hombres crean que tienen algo, delante de Dios no tienen nada[33]. Por causa de esto Dios no les otorga la fuerza, sino que los deja vacíos, puesto que no ha hallado sus cuerpos dispuestos para ser llenados, y los priva de la muy grande dulzura de la gracia.
Pero ustedes, queridísimos, luchen contra el espíritu de vanagloria y oren siempre, para vencerlo en todo; de forma que la gracia de Dios esté siempre con ustedes. Yo pediré a Dios que, en su bondad, les dé esta fuerza y esta gracia[34] en todo tiempo, pues nada es más excelente que esto[35]. Si ven que el fervor divino se aleja y los abandona, pídanlo de nuevo y volver a ustedes. Pues ese fervor es como un fuego que cambia lo frío en su propia naturaleza. Si ven su corazón repentinamente adormecido en ciertos momentos, pongan su alma ante ustedes, sométanla al examen de un piadoso cuestionamiento y así, necesariamente, ella tendrá nuevamente calor y se inflamar en Dios. Porque también el profeta David, cuando vio su alma agobiada por el dolor habló de la siguiente manera: Derramé mi alma sobre mí mismo (Sal 41,6), me acordé de los días antiguos, medité sobre todas tus obras, extendí hacia ti mis manos. Mi alma, como tierra reseca, suspiró por ti (Sal 142,5-6). Así obró David cuando experimentó su corazón abrumado y frío, hasta que le devolvió el calor y recibió la dulzura de la gracia divina[36].
Noche y día velaba y suplicaba. Hagan también ustedes esto, amadísimos, y crecer n y Dios les revelar sus grandes misterios.
Que el Señor los conserve irreprochables y sanos de alma, espíritu y cuerpo, hasta que los lleve a su propia morada[37] con sus padres[38] que han luchado bien y han concluido su carrera en Cristo, a quien sea la gloria por los siglos de los siglos.
jueves, 26 de agosto de 2010
Consolaciones y desolaciones.
La experiencia de consolaciones y desolaciones. Como fruto de la resonancia interior que la Palabra de Dios suscita en nosotros con alternancia de euforia y de depresión. ¿Qué es la consolación espiritual? Cuando en el alma hay alguna moción interior que la inflama en amor a su Creador y Señor. También se llama consolación espiritual a todo aumento de fe, esperanza y caridad y a toda alegría interna que llama y a trae a las cosas celestiales y a la propia salud de su alma. Se trata de experimentar en los frutos del Espíritu en la vida personal.
5. La desolación es lo contrario a la consolación, es: turbación, obscuridad del alma, moción hacia las cosas bajas y terrenas, inquietud de varias agitaciones y tentaciones que mueven a desconfianza, sin esperanza, sin amor. Todo lo que conduce a la pereza, a una vida de tibieza y tristeza como separación de Dios. La consolación es energía del Espíritu santo para emprenderse y comprometerse en el llamado de Dios, La desolación lleva lejos del Señor y es signo de la acción en nosotros del espíritu malo que pretende desviarnos del camino.
Pbro Uriel. Mexico
viernes, 6 de agosto de 2010
El fin de la contemplación es la atención a la Palabra y la gozosa dedicación a la oración.
En el desierto se escucha, se recibe, se engendra la Palabra. Se escucha la Palabra no solo para entenderla, sino fundamentalmente saborearla y aprender a entregar el fruto de lo contemplado.
La palabra de Dios nos viene a nosotros para hacernos felices y llenarnos de su presencia. Viene esencialmente para hacernos testigos y profetas. Es una Palabra que tiene que ser recibida en la pobreza, gustada en el silencio contemplativo y realizada en la disponibilidad. Sólo entran en la profundidad de la Palabra los que tienen alma de pobres. Por eso, la pobreza es indispensable para la contemplación. Por eso, es verdad también, que la contemplación tiene que ser alimentada. De ahí la necesidad de la lectura, el estudio, de la reflexión personal y comunitaria.
Lo que define la contemplación no es la separación del mundo, sino la particular atención a la palabra y la gozosa dedicación a la oración. La separación del mundo - manifestada en la clausura - es sólo un medio, no un fin.
Un monasterio contemplativo tiene que hacer partícipes a otros de la alegría y fecundidad salvadora de la Palabra de Dios.
El desierto . Vida contemplativa
Lugar privilegiado del encuentro: con Dios, con uno mismo y con las realidades de nuestro propio mundo. | |||
| Si el desierto significara una simple "fuga del mundo", sería el lugar más vacío, desolador y temible. El hombre no nació para estar sólo. Dios nos hizo esencialmente para la comunicación y para el don. Es allí donde sólo se realiza plenamente nuestra vocación humano-divina. Una cosa es sentirse desoladamente sólo (abominable encuentro con el vacío y la lucha personal) y otra es vivir en la soledad y en el silencio la privilegiada e inefable presencia de Aquél que nos dice todo y obra todo en todos. Por eso, un alma contemplativa, que vive fecundamente en su soledad , es un alma que experimenta el gozo de una doble presencia: el don de Dios y la espera de los hombres. El alma contemplativa sabe que en el desierto le espera Dios y que el mundo tiene urgente necesidad de este encuentro para ser iluminado, pacificado y salvado. | |||
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El desierto . Vida contemplativa
miércoles, 4 de agosto de 2010
CONTEMPLACIÓN
"No es otra cosa, sino tratar de amistad, estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama" Santa Teresa de Avila, Vida 8
La contemplación es la oración del hijo de Dios, del pecador perdonado que consiente en acoger el amor con el que es amado y que quiere responder a él amando más todavía. (Cf. Lc 7,36-50; 19,110) Cat. Igl. Cat. 2712
La contemplación es mirada de fe, fijada en Jesús. "Yo le miro y él me mira". Esta atención a El es renuncia a "mí". Su mirada purifica el corazón. La luz de la mirada de Jesús ilumina los OJOS de
nuestro corazón; nos enseña a ver todo a la luz de su verdad y de su compasión por todos losLa contemplación es la oración del hijo de Dios, del pecador perdonado que consiente en acoger el amor con el que es amado y que quiere responder a él amando más todavía. (Cf. Lc 7,36-50; 19,110) Cat. Igl. Cat. 2712
La contemplación es mirada de fe, fijada en Jesús. "Yo le miro y él me mira". Esta atención a El es renuncia a "mí". Su mirada purifica el corazón. La luz de la mirada de Jesús ilumina los OJOS de
hombres. Cat. Igl. Cat. 2715
"Para mí, la oración es un impulso del corazón, una sencilla mirada lanzada hacia el cielo, un grito de reconocimiento y de amor tanto desde dentro de la prueba como desde dentro de la alegría"
Santa Teresa del Niño Jesús, Autob. C 25r "La razón más alta de la dignidad humana consiste en la vocación del hombre a la unión con Dios. Desde su mismo nacimiento, el hombre es invitado al diálogo con Dios. Existe pura y simplemente por el amor de Dios, que lo creó, y por el amor de Dios, que lo conserva. Y sólo se puede decir que vive en la plenitud de la verdad cuando reconoce libremente ese amor y se confía por entero a su
Creador". GS 19 En la oración están juntos: la verdad de la búsqueda, la bondad del corazón, la belleza de la adoración. Castellanos. "La oración cristiana" pg. 17
"La contemplación no es otra cosa que infusión secreta, pacífica y amorosa de Dios, que, si la dan lugar, Inflama al alma en espíritu de amor" San Juan de la Cruz, N 1, 10,6
"La contemplación es ciencia de amor, la cual es noticia infusa de Dios amorosa, que juntamente va ilustrando y enamorando al alma" San Juan de la Cruz, N 2,18,5"La contemplación no es otra cosa que infusión secreta, pacífica y amorosa de Dios, que, si la dan lugar, Inflama al alma en espíritu de amor" San Juan de la Cruz, N 1, 10,6
"La contemplación es noticia infusa, amorosa, pacifica y quieta en la cual el alma bebe sabiduría, amor y gozo" San Juan de la Cruz, S II, 14,2
La contemplación consiste esencialmente en la aztención amorosa a Dios Félix Rougier MSpS.cartas.
Quisiera estarme quieta, fija, en mi Jesús, contemplándolo, amándolo, estudiándolo... Concepción Cabrera de Armida. CC.1,101
Walter Hilton, un místico inglés del siglo catorce dice en su Scale of Perfection:
Es mucho mejor ser separado de la visión del mundo en esta noche oscura, por muy penoso que eso pueda resultar, que morar fuera, ocupado en los falsos placeres del mundo... Porque cuando estás en esa noche, te encuentras mucho más cerca de Jerusalén que cuando estás en la falsa luz. Abre tu corazón al movimiento de la gracia y acostúmbrate a residir en esta oscuridad, intenta familiarizarte con ella y encontrarás rápidamente que la paz, y la verdadera luz de la comprensión espiritual inundarán tu alma...
Para saber con mayor certeza si Dios nos llama explícitamente o no a la vida contemplativa
Para saber con mayor certeza si Dios nos llama explícitamente o no a la vida contemplativa basta consultar algunas señales que ordinariamente indican una llamada inequívoca del Señor. El interés o la curiosidad no siempre significan atracción ejercida por la gracia. En todo caso, es necesario examinar esa atracción y discernir con cuidado su origen. A continuación, nos fijamos en tres señales o indicios fiables de verdadera vocación a la vida contemplativa:
1) Conciencia purificada de cualquier pecado deliberado. Aquí no se habla de caídas involuntarias en infidelidades objetivas o materiales cometidas por pura fragilidad humana, a pesar de una comprobada buena voluntad. Se trata, pues, de una conciencia firmemente probada de adhesión a Dios, al menos en cuanto a la intención y la simple y decidida voluntad de seguirlo.
2) Deseo muy claro de preferir la oración contemplativa a cualquier otra devoción personal.
3) Una especie de inquietud interior por buscar algo más... Inquietud y deseo que no se calma con una devoción exterior o interior, sino que desea algo más, que deje en el fondo de su alma un vago sentimiento de unión más íntima con Dios.
La existencia simultánea de estos tres signos o indicios es señal suficientemente segura para comenzar el camino de iniciación a la oración contemplativa. El que uno no tenga ese impulso inicial de amor a Dios no es señal de que no tenga vocación para este estilo de espiritualidad. El sentimiento de amor a Dios no siempre es continuo y permanente. Cualquier persona sinceramente entregada a Dios puede dejar de experimentar sensiblemente ese amor por algún tiempo y por diversos motivos.
El contemplativo es, de hecho, como un fuego que arde en amor a Dios
El contemplativo es, de hecho, como un fuego que arde en amor a Dios. Todo el que se aproxima a ese fuego no puede menos de recibir también luz y calor. Y es muy raro que esa persona no acabe por incendiarse igualmente de amor a Dios. Cuando eso ocurre es siempre seguro que estamos delante de una espléndida obra de la gracia.
Pedro Finkler - La oración contemplativa
Pedro Finkler - La oración contemplativa
martes, 27 de julio de 2010
El Amor de Dios
El amor de Dios es belleza, es siempre nuevo, nos sorprende en medio de la densa nube y nos anima a seguir.
Por la mañana fue la oscuridad y tinieblas, y por la noche brillo la aurora. Doy gracias a Dios que regó misericordia, y conversión.
Recibí una humillación valiosa, que abrió paso a un conocimiento más genuino , y también a darme cuenta de las insinuaciones sutiles del mal.
Al regresar a casa caminando de noche, con el soplo de la brisa en el rostro, sentí mi nada infinita, tan infinita como el Amor de Dios .
Y agradecí al ALTISIMO por su gran compasión y su Ternura. Senti libertad.
Soy libre.
Soy feliz.
Amo.
Adriana noviembre 2009
Por la mañana fue la oscuridad y tinieblas, y por la noche brillo la aurora. Doy gracias a Dios que regó misericordia, y conversión.
Recibí una humillación valiosa, que abrió paso a un conocimiento más genuino , y también a darme cuenta de las insinuaciones sutiles del mal.
Al regresar a casa caminando de noche, con el soplo de la brisa en el rostro, sentí mi nada infinita, tan infinita como el Amor de Dios .
Y agradecí al ALTISIMO por su gran compasión y su Ternura. Senti libertad.
Soy libre.
Soy feliz.
Amo.
Adriana noviembre 2009
¡O llama de amor viva¡
¡O llama de amor viva,
que tiernamente hieres
de mi alma en el más profundo centro!
pues ya no eres esquiva,
acaba ya, si quieres;
rompe la tela de este dulce encuentro.
que tiernamente hieres
de mi alma en el más profundo centro!
pues ya no eres esquiva,
acaba ya, si quieres;
rompe la tela de este dulce encuentro.
¡O cauterio suave!
¡O regalada llaga!
¡O mano blanda! ¡O toque delicado,
que a vida eterna sabe
y toda deuda paga!;
matando muerte, en vida la has trocado.
¡O regalada llaga!
¡O mano blanda! ¡O toque delicado,
que a vida eterna sabe
y toda deuda paga!;
matando muerte, en vida la has trocado.
¡O lámparas de fuego,
en cuyos resplandores
las profundas cavernas del sentido,
que estaba obscuro y ciego
con extraños primores
calor y luz dan junto a su querido!
en cuyos resplandores
las profundas cavernas del sentido,
que estaba obscuro y ciego
con extraños primores
calor y luz dan junto a su querido!
¡Cuán manso y amoroso
recuerdas en mi seno,
donde secretamente solo moras!
Y en tu aspirar sabroso,
de bien y gloria lleno
¡cuán delicadamente me enamoras!
recuerdas en mi seno,
donde secretamente solo moras!
Y en tu aspirar sabroso,
de bien y gloria lleno
¡cuán delicadamente me enamoras!
San Juan de la Cruz
viernes, 23 de julio de 2010
Señor Jesus , Bendito Seas en el Santisimo Sacramento del Altar. Te amamos por todos aquellos que no te aman, que son indiferentes, que no te honran , ni te alaban. Perdon Señor
Tú te sientas en el trono a la derecha del Padre
en el reino de su eterna gloria
como Palabra de Dios desde un principio.
Tú gobiernas en el altísimo trono
también en transfigurada forma humana
después de haber consumado tu obra en la tierra.
Así creo yo, porque tu Palabra me lo enseña,
y porque lo creo me siento feliz,
y de ahí florece una dichosa esperanza:
Pues donde estás tú allí están también los tuyos,
el cielo es mi maravillosa patria,
yo participo contigo el trono del Padre.
El Eterno, que todo ser creó, Él, tres veces santo, que abarca todo ser,
tiene su propio reino silencioso.
El habitáculo más íntimo del alma humana
es el más querido lugar de la Trinidad,
su trono celestial en la tierra.
Para redimir este reino celestial de las manos del enemigo
ha venido el Hijo de Dios como hijo del hombre,
y dado su sangre en rescate.
En el corazón de Jesús, que fue atravesado,
el reino celestial y la tierra están unidos,
aquí está para nosotros la fuente de la vida.
Este corazón es el corazón de la Trinidad divina
y centro de todo corazón humano,
que nos da la vida de la Divinidad.
(Edith Stein, “Yo estoy con vosotros”,
jueves, 15 de julio de 2010
CONTEMPLACION PARA ALCANZAR AMOR
Primero conviene advertir en dos cosas. La primera es, que el amor se debe poner más en las obras que en las palabras.
La segunda: el amor consiste en comunicación de las dos partes, es a saber, en dar y comunicar el amante al amado lo que tiene, o de lo que tiene o puede, y así, por el contrario, el amado al amante; de manera que si el uno tiene ciencia, dar al que no la tiene, si honores, si riquezas, y así el otro al otro. (Ejercicios Espirituales 231
) ¡Y QUÉ LE DARÉ AL QUE ME AMÓ Y SE ENTREGÓ POR MÍ?
"Tomad, Señor, y recibid toda mi libertad, mi memoria, mi entendimiento, y toda mi voluntad, todo mi haber y mi poseer; Vos me lo distes, a Vos, Señor, lo torno; todo es vuestro, disponed a toda vuestra voluntad; dadme vuestro amor y gracia, que ésta me basta". (Ejercicios Espirituales Nº 234)
San Ignacio de Loyola
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CONTEMPLACION PARA ALCANZAR AMOR
miércoles, 14 de julio de 2010
Grados de conformidad con la voluntad de Dios
“San Bernardo distingue tres grados, los correspondientes a la perfección Cristiana:
1- El incipiente: Movidos por el temor, lleva la cruz de Cristo pacientemente
2- El proficiente: movido por la esperanza, la lleva con cierta alegría.
3- El perfecto: consumado en la Caridad, se abraza con ella ardientemente.
martes, 13 de julio de 2010
Leer a Carlos de Focauld realza mas mi indignidad
Leer a Carlos de Focauld realza mas mi indignidad y rasga mis ojos al albor del conocimiento, para revelarme cuan lejos estoy de la santidad.
Mi alma por momentos siente la traición, el desacierto del amor alrededor , el quebranto de la palabra de los mas queridos.
Igual me entrego ,creo, aguardo y Amo.
El Amor no es Amado, es el grito agónico desde lo mas profundo de mi ser.
Las almas tiemblan ante el Amor. Desertan al ser amadas, no toleran el toque del Amor.
Se vedan categóricamente a amar.
Lo escribo con tristeza y lagrimas.
Amamos sin doblez, y somos arrojados centrífugamente.
Absorbemos dudas y suspicacias de los otros.
A veces temo caer en esa gran fuga del no amar . El facilitar el reverso al amor . Sucumbir ante la decepción .
Cristo se apiade y no consienta el desamor en mi alma.
Amen.
Meditacion personal 2006 ,
Adriana
Adriana
sábado, 10 de julio de 2010
Pensamientos de Teolepto de Filadelfia . Filocalia
Si conocéis lo que salmodiáis, recibiréis el conocimiento superior. El conocimiento superior os procurará la inteligencia. La inteligencia tiene como hija a la práctica, y la práctica, como fruto, al conocimiento habitual. El conocimiento tomado de la experiencia produce la verdadera contemplación, de la cual surge la sabiduría que, bajo los rayos de la gracia, llena la atmósfera interior y manifiesta al profano las cosas ocultas.
Una vez rechazadas las sensaciones tu abolirás el placer de los sentidos; huirás de las imaginaciones; te liberarás del atractivo de los pensamientos. El espíritu que se conserva puro de imaginaciones, no admitiendo la mancha ni la marca de una conducta voluptuosa, ni los pensamientos de la codicia, se encuentra en la simplicidad. Trascendiendo todo lo sensible y lo inteligible, eleva su pensamiento hacia Dios, sin murmurar en sus profundidades otra cosa que el nombre del Señor unido a su recuerdo ininterrumpido, como el niño pequeño que llama a su padre.
* * *
Adán surgió del polvo por las manos divinas y se convirtió, bajo el sopío de Dios, en un alma viviente. Del mismo modo el espíritu, modelado por las virtudes, sufre la transformación divina gracias a la invocación asidua del Señor murmurada en una inteligencia pura y un sentimiento ferviente: encuentra en la ciencia y el amor de Dios, vida y deificación.
Cuando una oración continua y sincera os haya apartado de la ambición terrestre, cuando -ese será vuestro sueño- hayáis eliminado todo pensamiento extraño y estéis totalmente fijados en el solo recuerdo de Dios, entonces se elevará en vosotros, como un auxiliar, el amor de Dios. Pues la exclamación tierna de la oración hace brotar el amor de Dios que, a su vez, despierta al espíritu para mostrarle sus secretos. El espíritu entonces, conjugado con el amor, da su fruto: la sabiduría y, mediante la sabiduría, anuncia las realidades inefables. Dios, el Verbo, tiernamente nombrado por la oración, retira del espíritu su intelección, como una costilla, le da el conocimiento y reemplaza el espacio libre por la buena disposición, le otorga la virtud, edifica el amor iluminador y lleva al espíritu, como a una presa, hacia el éxtasis, calmo y liberado de toda ambición terrestre.
El amor es auxiliar del espíritu en reposo, al que libera de toda atadura irrazonable a lo sensible despertándolo a las palabras de la sabiduría. El intelecto lo percibe, se regocija y anuncia, en un derroche de elocuencia.., las disposiciones secretas de las virtudes y las operaciones invisibles de la ciencia.
* * *
Renuncia a recuerdos y pensamientos
Cuando hayáis suprimido, en lo exterior, las distracciones, cuando hayáis, en lo interior, renunciado a los pensamientos, vuestro espíritu despertará a las obras y a las palabras espirituales. El comercio con vuestros prójimos y amigos será cambiado por vuestra relación con las distintas virtudes. No existirán más los vanos discursos inseparables de las relaciones mundanas: la meditación y la elucidación de las divinas palabras impresas en vuestro espíritu iluminará e instruirá a vuestra alma.
El relajamiento de los sentidos es una cadena para el alma; cuando son sujetados ella recobra su libertad. Cuando Cristo se aparta del alma es como el sol que se pone trayendo la noche; ella es, entonces, invadida por las tinieblas y desgarrada por bestias invisibles y, así como las bestias salvajes retornan a sus cubiles al levantarse el sol, cuando Cristo se eleva en el firmamento del alma en oración, todo trato con el mundo se desvanece, se borra la amistad con la carne y el espíritu se dedica a su obra: la meditación sobre las cosas divinas. El no inscribe en límites temporales la práctica de la ley espiritual, no le basta con que sea cumplida en una cierta medida, sino que la extiende hasta la llegada de la muerte y la liberación del alma. En esto pensaba el profeta cuando decía «¡Oh, cuánto amo tu ley, todo el día es mi pensamiento!» (Sal 118, 97). El día era, para él, todo el curso de la vida terrestre.
Detened entonces las frecuentaciones con lo exterior y batallad en vuestro interior con los pensamientos hasta haber hallado el lugar de la oración pura, la casa donde habita Cristo; él os iluminará por su ciencia, os deleitará por su visita y os hará encontrar alegría en las pruebas sufridas por él y por haber rechazado, como lo hubierais hecho con la amargura, los placeres del mundo.
La tempestad levanta las olas del mar y, en tanto no cesen los vientos, las olas no se calman ni el mar se aplaca. Los soplos del mal levantan, del mismo modo en nuestra alma negligente, el recuerdo de los parientes, de los conocidos, de los festines, de las fiestas, los espectáculos y todas las imágenes del placer. Le sugieren mezclarse con ellos con los ojos, con la conversación, con el cuerpo entero, tratando de hacerle malgastar la hora presente. Luego, os encontraréis solos en vuestra celda, con el alma devorada por el recuerdo de lo que habéis visto y escuchado. De este modo, la vida de un monje transcurriría perfectamente inútil.
Las ocupaciones mundanas imprimen recuerdos en el alma de la misma forma que los pies dejan su huella sobre la nieve. Si nos damos como alimento a las bestias, ¿cuándo las haremos morir? Si en la práctica vagamos con nuestros pensamientos alrededor de ataduras frecuentemente irrazonables, ¿cuándo haremos morir el sentido de la carne? ¿cuándo viviremos la vida según Cristo que hemos abrazado? Las huellas de los pasos en la nieve se desvanecen con los rayos del sol o son borradas por una buena lluvia; del mismo modo, los recuerdos que nuestra inclinación al placer y nuestros actos habían impreso en nuestra alma se desvanecen cuando Cristo, en la oración, se eleva en el corazón en medio de una brillante lluvia de lágrimas.
Así, entonces, el monje que no se conduce según el orden de la oración ¿cuándo borrará la suma de impresiones y tendencias acumuladas en su alma? Abandonando la sociedad del mundo se cumple materialmente la práctica de las virtudes. Pero para grabar en vuestra alma los buenos recuerdos, para lograr que las palabras divinas fijen allí voluntariamente su residencia, es necesario, mediante oraciones sostenidas y acompañadas de compunción, borrar de nuestra alma el recuerdo de acciones anteriores. La iluminación producida por el recuerdo perseverante de Dios, unido a la contrición del corazón, corta los malos recuerdos como una navaja. Imitad la prudencia de las abejas. Cuando ellas perciben un enjambre de abejorros volando a su alrededor, se mantienen en su colmena y escapan así al perjuicio de sus adversarios. Por abejorros, entended las relaciones mundanas: huidles con el mayor cuidado, permaneced en la colmena de vuestro monasterio y, desde allí, esforzaos por penetrar en el «castillo» interior del alma, en la mansión de Cristo donde reinan, sin contradicción, paz, alegría y quietud. Estos son los dones, los rayos mediante los cuales nuestro sol espiritual, Cristo, recompensa al alma que lo acoge con una liberal generosidad.
Teolepto de Filadelfia
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Renuncia a recuerdos y pensamientos
martes, 6 de julio de 2010
sábado, 26 de junio de 2010
jueves, 24 de junio de 2010
jueves, 17 de junio de 2010
Signos de la venida del Espíritu Santo al alma
Pero, Señor, ¿cómo sabremos cuándo haces esto y cuál es la señal de tu llegada?, ¿acaso no son los suspiros y las lágrimas los testigos y los mensajeros de esta consolación y alegría? Si es así, se trata de una señal nueva e inusitada. ¿Pues qué relación existe entre la consolación y los suspiros?, ¿entre la alegría y las lágrimas?, si es que se les puede llamar a eso lágrimas y no más bien abundancia desbordante del rocío interior y como ablución del hombre exterior. Así como en el bautismo de los niños se representa y se indica con una ablución externa una purificación interna del hombre, así aquí, por el contrario, la purificación interior precede a la ablución exterior. ¡Felices lágrimas, por las que se lavan las manchas interiores, por las que se extinguen los incendios de los pecados! Bienaventurados los que así lloráis porque reiréis (Mt 5, 5). Reconoce, alma mía, en estas lágrimas a tu esposo, abraza al que deseas. Embriágate ahora de un torrente de placer, sáciate de esa ubre de consolación como de leche y miel. Los gemidos y las lágrimas son los pequeños regalos, estupendos y reconfortantes, que te ha dado tu esposo. En esta lágrimas te pone delante una bebida sobreabundante. Estas lágrimas son tu pan día y noche, pan, sí, que reafirma el corazón del hombre, más dulces que el panal de miel. Señor Jesús: si tan dulces son estas lágrimas suscitadas por el recuerdo y el deseo de ti, ¡cuánto más dulce no será el gozo que se tendrá en la plena visión de ti! Si es tan dulce llorar por ti, ¡cuán dulce será gozar de ti! Pero ¿por qué proferimos en público estos secretos coloquios?, ¿por qué tratamos de expresar, con palabras comunes, sentimientos indecibles e inenarrables? Los que no han gustado (inexperti) tales cosas no pueden entender, a menos que las lean expresamente en el libro de la experiencia amaestrados por la misma unción (divina). Si no, la letra exterior no sirve de nada al lector. Poco sabor tiene la lectura de la letra externa a no ser que tome la explicación y el sentido interno de su corazón.
Guigues II, Cartujo
Guigues II, Cartujo
Función de la oración por un cartujo
ORATIO/CONTEMPLATIO: Viendo, pues, el alma que no puede alcanzar por sí sola esa dulzura deseada por el conocimiento y la experiencia, y que cuanto más se eleva ella tanto más lejano está Dios (Salm 63, 7-8), entonces se humilla y se refugia en la oración diciendo: Señor, que no te dejas ver más que por los limpios de corazón, leyendo he investigado, meditando he buscado cómo pueda adquirirse la verdadera pureza del corazón, para poderte conocer, gracias a ella, al menos un poco. Buscaba tu rostro Señor, tu rostro buscaba (Salm 26, 8). Largamente he meditado en mi corazón y en mi meditación se ha encendido un fuego y un deseo mayor de conocerte (Salm 38, 4). Cuando rompes para mi el pan de la Sagrada Escritura, en la fracción del pan hay gran conocimiento (Lc 24, 30-31) y cuanto más te conozco, más deseo conocerte, no ya en la corteza de la letra, sino en el sentido de la experiencia. Y esto no te lo pido, Señor, por mis méritos, sino por tu misericordia. Pues confieso que soy indigna y pecadora, pero también los perritos comen migas que caen de la mesa de sus señores (Mt 15, 27). Dame, Señor, una prenda de la herencia futura, una gota al menos de la lluvia celeste con la que pueda aliviar mi sed, porque me abraso de amor.
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Función de la oración
Descripción de las funciones de los cuatro peldaños
Habiendo, pues, descrito los cuatro peldaños nos queda por ver ahora sus funciones. La lectura busca la dulzura de la vida feliz, la meditación la halla, la oración la pide, la contemplación la experimenta. Porque el mismo Dios dice: Buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá (Mt 7, 7).
Buscad leyendo y hallaréis meditando, llamad orando y se os abrirá contemplando. La lectura pone en la boca pedazos, la oración le extrae el sabor, la contemplación es la misma dulzura que alegra y recrea. La lectura se queda en la corteza, la meditación penetra en el pulpa, la oración en la petición llena de deseo, la contemplación en el goce de la dulzura adquirida. Para que esto pueda verse con mayor claridad proponemos un ejemplo entre muchos. En la lectura escucho esto: Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios (Mt 5, 8).
He aquí una palabra breve, pero suave y llena de múltiples resonancias, ofrecida como un racimo de uva para alimento del alma. Ante ella el alma después de haberla examinado diligentemente, dice para sí: aquí puede haber algo bueno, volveré a entrar en mi corazón e intentaré si me es posible comprender y encontrar esta pureza. Esta es, en efecto, algo precioso y deseable, alabada por tantos pasajes de la Escritura, a quien la posee se le llama dichoso y se le promete la visión de Dios, esto es, la vida eterna. Deseando, por tanto, que se le explique esto más plenamente, empieza a masticar y a triturar esta uva poniéndola, como si dijéramos, en el lagar, después estimula su razón para indagar en qué consista y cómo pueda adquirirse esta pureza tan preciosa y deseable.
Buscad leyendo y hallaréis meditando, llamad orando y se os abrirá contemplando. La lectura pone en la boca pedazos, la oración le extrae el sabor, la contemplación es la misma dulzura que alegra y recrea. La lectura se queda en la corteza, la meditación penetra en el pulpa, la oración en la petición llena de deseo, la contemplación en el goce de la dulzura adquirida. Para que esto pueda verse con mayor claridad proponemos un ejemplo entre muchos. En la lectura escucho esto: Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios (Mt 5, 8).
He aquí una palabra breve, pero suave y llena de múltiples resonancias, ofrecida como un racimo de uva para alimento del alma. Ante ella el alma después de haberla examinado diligentemente, dice para sí: aquí puede haber algo bueno, volveré a entrar en mi corazón e intentaré si me es posible comprender y encontrar esta pureza. Esta es, en efecto, algo precioso y deseable, alabada por tantos pasajes de la Escritura, a quien la posee se le llama dichoso y se le promete la visión de Dios, esto es, la vida eterna. Deseando, por tanto, que se le explique esto más plenamente, empieza a masticar y a triturar esta uva poniéndola, como si dijéramos, en el lagar, después estimula su razón para indagar en qué consista y cómo pueda adquirirse esta pureza tan preciosa y deseable.
Descripción de los cuatro peldaños de la escalera espiritual
Cuando cierto día, ocupado en un trabajo manual, había empezado a pensar en la actividad espiritual del hombre, se presentaron repentinamente a mi consideración los cuatro peldaños espirituales, a saber, la lectura, la meditación, la oración y la contemplación. Esta es la escalera de los monjes (Scala Claustralium) por la que se elevan de la tierra al cielo, compuesta en realidad de pocos peldaños, pero de inmensa e increíble magnitud. Su parte inferior se apoya en la tierra, mientras que la superior penetra las nubes y escruta los secretos del cielo. Estos peldaños se distinguen tanto por sus nombres y su número como por su orden y su función. Si uno examina diligentemente sus propiedades y funciones, el efecto que produzca cada uno en nosotros, cómo se diferencian y en qué relación jerárquica están entre ellos, entonces considerará breve y ligero el trabajo y la aplicación que se les haya dedicado, frente a la gran utilidad y dulzura que aportan. En efecto, la lectura (lectio) es la inspección cuidadosa de las Escrituras con entrega de espíritu. La meditación (meditatio) es la concentrada operación de la mente que investiga con la ayuda de la propia razón el conocimiento de la verdad oculta. La oración (oratio) es la fervorosa inclinación del corazón a Dios con el fin de evitarle males y alcanzar bienes. La contemplación (contemplatio) es la elevación de la mente mantenida en Dios, que degusta las alegrías de la eterna dulzura.
Guigues II, Cartujo
Guigues II, Cartujo
domingo, 6 de junio de 2010
Carta a Hesiquio.Juan, el solitario
Tú sabes hermano que la separación de un miembro que sufre ocasiona sufrimiento al resto de los miembros, y aunque no sea patente el mal que le hace sufrir, debes saber que su dolor se expresa por la lengua y que su mal se manifiesta por las lágrimas de los ojos. El sufrimiento sale fuera de su silencio interior mediante la lengua; ella es la llave del granero del cuerpo, y ella misma cierra y abre la puerta de las palabras, y de lo íntimo del corazón, tesoro de la inteligencia, ella abastece a sus amigos con una palabra de sus tesoros. Porque ella es la boca de la inteligencia, por medio de la cual habla la mente, y se hace abogado de su silencio íntimo, y como mediadora sirve a lo que aquella le ordena. Y la lengua comunica a los que la escuchan lo que el corazón, soberano de la inteligencia, le dice. Por lo tanto por medio de la lengua, llave de la mente, se abre la puerta del corazón; mas sin ella, esta puerta no se abre ni se puede oír sonido alguno. No obstante, sin la voz la inteligencia puede dar a conocer lo que lleva oculto, a través de una palabra silenciosa en forma de escrito, y así su silencio se expresa tácitamente; de todas maneras aunque la mente guarde sus secretos en el silencio, necesita de la lengua para exponerlos a su oído que escucha todos los sonidos.
Mediante esta imagen puedes darte cuenta del dolor que causa tu separación de nosotros; pero ya que tu vida se encuentra en aquel equilibrio que nuestro Señor ha mostrado, encontramos consuelo para nuestra aflicción, y de este modo no te encuentras lejos de nosotros, pues el camino de tu vida est enraizado en el amor de Jesucristo; porque los que est n en el amor son una sola cosa por su proximidad, y puesto que en ellos el amor no se encuentra dividido, no hay ningún tipo de discrepancia entre ellos. Los que cumplen la voluntad del Señor Todopoderoso est n unidos en un solo cuerpo y tienen una única voluntad.
Por lo tanto, hermano, desde que he oído algo de tu vida en Cristo, no ceso de hacer memoria de ti en mis pobres oraciones, e imploro la misericordia de Dios para que te conceda, según le plazca a su grandeza, consolidarte en tu vida. Y tampoco dudo pedirte una admonición en forma de discurso.
Debes estar atento, hermano, a todo el curso de tu vida, y fijar en tu mente la meditación de la pasión del Señor, que es la fortaleza espiritual de nuestra alma, y el refugio de la justicia, donde se conserva el trabajo de las buenas obras.
Debes estar atento, hermano, a los lazos ocultos, a las emboscadas encubiertas y a las trampas escondidas; y que no te dé fastidio pedir al Señor noche y día que proteja tus pasos para que no caigan en los astutos lazos de Satanás. Y si perseveras en esta oración, Dios no rehusará acceder a tu voluntad.
Persevera, hermano, en esta gloria espiritual de la que te ha hecho digno la pasión de nuestro Señor. Y sé vigilante para mantener tu pensamiento lejos de las agitaciones; y debes estar atento a que las cosas gloriosas que tienes en Cristo no se transformen en algún tipo de soberbia. Porque la soberbia no echará en ti sus raíces, si tu mente está ocupada en la meditación de la encarnación de Cristo nuestro Señor, de forma que, por su gracia, puedas hacer fructificar las buenas obras. De hecho, sin su humillación estaríamos muy por debajo de la altura de sus dones, de modo que ni siquiera su recuerdo habría penetrado en nuestra mente. Es por esta razón que él nos ha dado la gracia, de manera que por propia voluntad nos haga entrar en comunión con él mismo y nos conduzca al Padre. Nosotros debemos alabarlo sin cesar; no es que eso sea necesario para (obtener) su gracia, porque nadie puede alabarlo como es debido, ya que su gracia es mayor que la alabanza de todos sus siervos; a nosotros nos basta reconocer que no tenemos la facultad ni para retribuirle ni para alabarlo como es debido. Y aquél que tiene este conocimiento de la gracia de Dios, casi puede decirse de él que lo ha saldado con la gracia.
Mediante esta imagen puedes darte cuenta del dolor que causa tu separación de nosotros; pero ya que tu vida se encuentra en aquel equilibrio que nuestro Señor ha mostrado, encontramos consuelo para nuestra aflicción, y de este modo no te encuentras lejos de nosotros, pues el camino de tu vida est enraizado en el amor de Jesucristo; porque los que est n en el amor son una sola cosa por su proximidad, y puesto que en ellos el amor no se encuentra dividido, no hay ningún tipo de discrepancia entre ellos. Los que cumplen la voluntad del Señor Todopoderoso est n unidos en un solo cuerpo y tienen una única voluntad.
Por lo tanto, hermano, desde que he oído algo de tu vida en Cristo, no ceso de hacer memoria de ti en mis pobres oraciones, e imploro la misericordia de Dios para que te conceda, según le plazca a su grandeza, consolidarte en tu vida. Y tampoco dudo pedirte una admonición en forma de discurso.
Debes estar atento, hermano, a todo el curso de tu vida, y fijar en tu mente la meditación de la pasión del Señor, que es la fortaleza espiritual de nuestra alma, y el refugio de la justicia, donde se conserva el trabajo de las buenas obras.
Debes estar atento, hermano, a los lazos ocultos, a las emboscadas encubiertas y a las trampas escondidas; y que no te dé fastidio pedir al Señor noche y día que proteja tus pasos para que no caigan en los astutos lazos de Satanás. Y si perseveras en esta oración, Dios no rehusará acceder a tu voluntad.
Persevera, hermano, en esta gloria espiritual de la que te ha hecho digno la pasión de nuestro Señor. Y sé vigilante para mantener tu pensamiento lejos de las agitaciones; y debes estar atento a que las cosas gloriosas que tienes en Cristo no se transformen en algún tipo de soberbia. Porque la soberbia no echará en ti sus raíces, si tu mente está ocupada en la meditación de la encarnación de Cristo nuestro Señor, de forma que, por su gracia, puedas hacer fructificar las buenas obras. De hecho, sin su humillación estaríamos muy por debajo de la altura de sus dones, de modo que ni siquiera su recuerdo habría penetrado en nuestra mente. Es por esta razón que él nos ha dado la gracia, de manera que por propia voluntad nos haga entrar en comunión con él mismo y nos conduzca al Padre. Nosotros debemos alabarlo sin cesar; no es que eso sea necesario para (obtener) su gracia, porque nadie puede alabarlo como es debido, ya que su gracia es mayor que la alabanza de todos sus siervos; a nosotros nos basta reconocer que no tenemos la facultad ni para retribuirle ni para alabarlo como es debido. Y aquél que tiene este conocimiento de la gracia de Dios, casi puede decirse de él que lo ha saldado con la gracia.
Carta VI: La paternidad espiritual. La oración por sus hijos. San AMMONAS
Noche y día rezo para que la fuerza de Dios crezca en ustedes y les revele los grandes misterios de la divinidad, de los que no puedo hablar con la lengua, porque son grandes; no son de este mundo, y se revelen sólo a quienes tienen el corazón purificado de toda mancha y de toda vanidad de este mundo; a quienes han tomado su cruz y que junto con esto se odian a sí mismos, y han sido obedientes a Dios en todo. En estos habita la divinidad y ella alimenta su alma. En efecto, al igual que los árboles no crecen si no los alcanza la fuerza del agua, del mismo modo el alma no puede crecer si no recibe la alegría celestial. Y entre quienes la reciben, hay algunos a los cuales Dios les revela los misterios celestiales, les muestra su lugar[56], mientras ellos todavía están en el cuerpo y les concede todas sus peticiones.
He aquí, pues, cuál es mi oración noche y día: que ustedes lleguen a ese grado y que conozcan la infinita riqueza de Cristo (Efe 3,8), pues son poco numerosos los que han sido hechos perfectos. Y son aquellos para los cuales han sido preparados los tronos, a fin de que se sienten con Jesús para juzgar a los hombres[57]. Porque en cada generación se encuentran hombres llegados a esa medida, para juzgar cada uno a su generación[58]. Esto es lo que pido incesantemente para ustedes en virtud del amor que les tengo. El bienaventurado Pablo les decía, a los que él amaba: Quiero darles no sólo el evangelio de Cristo, sino también nuestra vida, porque nos han llegado a ser muy queridos (1 Ts 2,8). Les envié a mi hijo, hasta que Dios me conceda a mí también llegar corporalmente hasta ustedes, para que les ayude a progresar aún más. Pues cuando los padres reciben hijos, Dios está en medio de ellos de ambos lados.
Permanezcan en paz y compórtense bien en el Señor.
Notas, 6ª Carta
[55] Se conserva solamente en sirio (nro. 6), georgiano (nro. 6) y árabe (nro. 13).
[56] En el sentido de mansiones celestiales.
[57] Sirio: "Para quienes son las grandes promesas del Hijo; ellos reciben las gracias y ayudan a los hombres".
[58] Sirio: "Y cada uno de éstos es un ejemplo para su generación, de modo que aquel que es considerado perfecto sea un ejemplo para los hombres".
He aquí, pues, cuál es mi oración noche y día: que ustedes lleguen a ese grado y que conozcan la infinita riqueza de Cristo (Efe 3,8), pues son poco numerosos los que han sido hechos perfectos. Y son aquellos para los cuales han sido preparados los tronos, a fin de que se sienten con Jesús para juzgar a los hombres[57]. Porque en cada generación se encuentran hombres llegados a esa medida, para juzgar cada uno a su generación[58]. Esto es lo que pido incesantemente para ustedes en virtud del amor que les tengo. El bienaventurado Pablo les decía, a los que él amaba: Quiero darles no sólo el evangelio de Cristo, sino también nuestra vida, porque nos han llegado a ser muy queridos (1 Ts 2,8). Les envié a mi hijo, hasta que Dios me conceda a mí también llegar corporalmente hasta ustedes, para que les ayude a progresar aún más. Pues cuando los padres reciben hijos, Dios está en medio de ellos de ambos lados.
Permanezcan en paz y compórtense bien en el Señor.
Notas, 6ª Carta
[55] Se conserva solamente en sirio (nro. 6), georgiano (nro. 6) y árabe (nro. 13).
[56] En el sentido de mansiones celestiales.
[57] Sirio: "Para quienes son las grandes promesas del Hijo; ellos reciben las gracias y ayudan a los hombres".
[58] Sirio: "Y cada uno de éstos es un ejemplo para su generación, de modo que aquel que es considerado perfecto sea un ejemplo para los hombres".
Carta V: La paternidad espiritual San Ammonas
A los amadísimos en el Señor
Ustedes saben que el amor de Dios exige el amor del prójimo sin cesar. Ahora bien, el prójimo es aquel que ha sido llamado a la vocación celestial. El servidor de Dios está orando por el prójimo noche y día, como por sí mismo. Y puesto que ustedes también son mi prójimo, los recuerdo noche y día en mis oraciones, para que aumente su fe y adquieran una fuerza más grande[53]. Hago esto por ustedes, porque en Dios ustedes son considerados como hijos. Timoteo fue considerado como hijo por Pablo, y le escribía como sigue: Te recuerdo noche y día en mis oraciones, y deseo verte. Me acuerdo de tus l grimas y me lleno de gozo, porque me acuerdo de la fe sincera que tienes[54] (2 Tm 1,3-5).
Ahora, queridísimos, como Pablo hacía con Timoteo, también mi corazón desea verlos, recordando sus gemidos y la pena de su corazón. Pero yo sé que también ustedes desean verme y que ello les es muy provechoso. Pablo, en efecto, decía: Quiero ir a verlos, a fin de darles alguna gracia espiritual que los consolide (Rm 1,11). Por ende, aunque están muy instruidos por el Espíritu Santo, si voy a visitarlos, los afirmaré mucho con la doctrina del mismo Espíritu, y les daré a conocer asimismo otras cosas que no puedo escribirles por carta.
Compórtense bien en el Señor, en el Espíritu de bondad.
Notas, 5ª Carta
[52] Se conserva en sirio (nro. 5), georgiano (nro. 5) y árabe (nro. 12).
[53] Cf. la carta 2 de Ammonas.
[54] Sirio: "Libre de acepción de personas".
Ustedes saben que el amor de Dios exige el amor del prójimo sin cesar. Ahora bien, el prójimo es aquel que ha sido llamado a la vocación celestial. El servidor de Dios está orando por el prójimo noche y día, como por sí mismo. Y puesto que ustedes también son mi prójimo, los recuerdo noche y día en mis oraciones, para que aumente su fe y adquieran una fuerza más grande[53]. Hago esto por ustedes, porque en Dios ustedes son considerados como hijos. Timoteo fue considerado como hijo por Pablo, y le escribía como sigue: Te recuerdo noche y día en mis oraciones, y deseo verte. Me acuerdo de tus l grimas y me lleno de gozo, porque me acuerdo de la fe sincera que tienes[54] (2 Tm 1,3-5).
Ahora, queridísimos, como Pablo hacía con Timoteo, también mi corazón desea verlos, recordando sus gemidos y la pena de su corazón. Pero yo sé que también ustedes desean verme y que ello les es muy provechoso. Pablo, en efecto, decía: Quiero ir a verlos, a fin de darles alguna gracia espiritual que los consolide (Rm 1,11). Por ende, aunque están muy instruidos por el Espíritu Santo, si voy a visitarlos, los afirmaré mucho con la doctrina del mismo Espíritu, y les daré a conocer asimismo otras cosas que no puedo escribirles por carta.
Compórtense bien en el Señor, en el Espíritu de bondad.
Notas, 5ª Carta
[52] Se conserva en sirio (nro. 5), georgiano (nro. 5) y árabe (nro. 12).
[53] Cf. la carta 2 de Ammonas.
[54] Sirio: "Libre de acepción de personas".
Carta III: La humildad .SAN AMMONAS Padres del desierto
¡A los hermanos muy honrados en el Señor, un alegre saludo![25]
Les escribo esta carta como a grandes amigos de Dios, que lo buscan de todo corazón. Es a ellos, en efecto, a quienes Dios escucha cuando oran, los bendice en todo y les concede todas las peticiones de su alma cuando lo invocan. Pero a quienes se aproximan a Él, no de todo corazón, sino dudando y haciendo sus obras para ser glorificados por los hombres (Mt 6,2), a éstos Dios no les escucha sus peticiones, sino que, antes bien, se irrita contra sus obras, porque está escrito: Dios dispersar los huesos de los que buscan agradar a los hombres (Sal 52,6)[26].
Ustedes ven cómo se irrita Dios contra las obras de ellos, y no les concede ninguna de sus peticiones; al contrario, les resiste, pues no hacen sus obras con fe sino según el hombre. A causa de esto la fuerza divina no habita en ellos, están enfermos en todas las obras que realizan. A causa de esto no conocen la fuerza de la gracia, ni su facilidad ni su alegría, sino que su alma está entorpecida en todas sus obras como por un fardo. Así son la mayoría de los monjes[27], no han recibido la fuerza de la gracia que anima el alma, la dispone a la alegría y le da cada día el gozo que hace arder su corazón en Dios[28]. Porque lo que hacen, lo hacen según el hombre; de modo que la gracia no ha venido sobre ellos. En efecto, la fuerza de Dios aborrece a aquel que obra para agradar a los hombres[29].
Por tanto, amadísimos, que ama mi alma y cuyos frutos son tenidos en cuenta por Dios, combatan en todas sus obras el espíritu de vanagloria para vencerlo en todo. De modo que todo su cuerpo sea agradable y permanezca viviente junto al Creador, y que ustedes reciban la fuerza de la gracia, que sobrepasa todas estas cosas. Estoy convencido, hermanos, que hacen todo lo que pueden por esto, resistiendo al espíritu de vanagloria y luchando siempre contra él. A causa de ello su cuerpo tiene vida. Pues ese espíritu malvado se presenta ante el hombre en toda obra de justicia que el hombre comienza, quiere corromper su fruto y hacerlo inútil, a fin de no permitir[30] que los hombres hagan la obra de justicia según Dios. En efecto, este espíritu malo combate a quienes quieren ser fieles. Si algunos son alabados por los hombres como fieles o como humildes o como misericordiosos, inmediatamente este espíritu malvado entabla una batalla contra ellos; y ciertamente resulta vencedor, disuelve y destruye sus cuerpos[31], porque los incita a realizar sus acciones virtuosas con la preocupación de agradar a los hombres y así pierde sus cuerpos[32]. Mientras que los hombres crean que tienen algo, delante de Dios no tienen nada[33]. Por causa de esto Dios no les otorga la fuerza, sino que los deja vacíos, puesto que no ha hallado sus cuerpos dispuestos para ser llenados, y los priva de la muy grande dulzura de la gracia.
Pero ustedes, queridísimos, luchen contra el espíritu de vanagloria y oren siempre, para vencerlo en todo; de forma que la gracia de Dios esté siempre con ustedes. Yo pediré a Dios que, en su bondad, les dé esta fuerza y esta gracia[34] en todo tiempo, pues nada es más excelente que esto[35]. Si ven que el fervor divino se aleja y los abandona, pídanlo de nuevo y volver a ustedes. Pues ese fervor es como un fuego que cambia lo frío en su propia naturaleza. Si ven su corazón repentinamente adormecido en ciertos momentos, pongan su alma ante ustedes, sométanla al examen de un piadoso cuestionamiento y así, necesariamente, ella tendrá nuevamente calor y se inflamar en Dios. Porque también el profeta David, cuando vio su alma agobiada por el dolor habló de la siguiente manera: Derramé mi alma sobre mí mismo (Sal 41,6), me acordé de los días antiguos, medité sobre todas tus obras, extendí hacia ti mis manos. Mi alma, como tierra reseca, suspiró por ti (Sal 142,5-6). Así obró David cuando experimentó su corazón abrumado y frío, hasta que le devolvió el calor y recibió la dulzura de la gracia divina[36].
Noche y día velaba y suplicaba. Hagan también ustedes esto, amadísimos, y crecer n y Dios les revelar sus grandes misterios.
Que el Señor los conserve irreprochables y sanos de alma, espíritu y cuerpo, hasta que los lleve a su propia morada[37] con sus padres[38] que han luchado bien y han concluido su carrera en Cristo, a quien sea la gloria por los siglos de los siglos.
Notas. 3ª Carta
[24] Esta epístola se puede leer en las versiones siria (nro. 3), georgiana (nro. 2), griega (nro. 6), árabe (nro. 10).
[25] Este saludo falta en el sirio y árabe. En el griego solamente se lee: "Salud".
[26] En la Epístola de san Arseno (nro. 68) se encuentra la misma cita bíblica (todo el versículo); cf. Lettres, p. 112.
[27] Sirio y árabe añaden: "De nuestra época".
[28] Sirio: "La dulzura que hace ardiente por Dios el corazón".
[29] Griego: "Hace sus obras por respeto humano".
[30] Sirio agrega: "En la medida que puede".
[31] Sirio: "¿Pero cómo destruye (sus cuerpos) y los somete de modo que pierdan su propio modo de vida y su virtud? Cuando los incita...".
[32] Sirio: "Cuando piensan que poseen algo por el hombre".
[33] Desde "delante", falta esta frase en el sirio.
[34] En vez de fuerza y gracia, el sirio trae "alegría".
[35] Este trozo desde "Pero ustedes" hasta "excelente", falta en el griego.
[36] Desde "Si ven que...", la traducción corresponde a la epístola 2,3 del texto griego. Esta versión no trae la cita del versículo 6 del Sal 142; y termina diciendo: "Así inflamó su corazón de nuevo y recibió la dulzura del santísimo Espíritu". Lo que sigue después no se halla en el griego.
[37] Sirio agrega: "En el reino".
[38] El sirio concluye de la siguiente forma: "Que han terminado bien su vida para siempre. Amén".
Les escribo esta carta como a grandes amigos de Dios, que lo buscan de todo corazón. Es a ellos, en efecto, a quienes Dios escucha cuando oran, los bendice en todo y les concede todas las peticiones de su alma cuando lo invocan. Pero a quienes se aproximan a Él, no de todo corazón, sino dudando y haciendo sus obras para ser glorificados por los hombres (Mt 6,2), a éstos Dios no les escucha sus peticiones, sino que, antes bien, se irrita contra sus obras, porque está escrito: Dios dispersar los huesos de los que buscan agradar a los hombres (Sal 52,6)[26].
Ustedes ven cómo se irrita Dios contra las obras de ellos, y no les concede ninguna de sus peticiones; al contrario, les resiste, pues no hacen sus obras con fe sino según el hombre. A causa de esto la fuerza divina no habita en ellos, están enfermos en todas las obras que realizan. A causa de esto no conocen la fuerza de la gracia, ni su facilidad ni su alegría, sino que su alma está entorpecida en todas sus obras como por un fardo. Así son la mayoría de los monjes[27], no han recibido la fuerza de la gracia que anima el alma, la dispone a la alegría y le da cada día el gozo que hace arder su corazón en Dios[28]. Porque lo que hacen, lo hacen según el hombre; de modo que la gracia no ha venido sobre ellos. En efecto, la fuerza de Dios aborrece a aquel que obra para agradar a los hombres[29].
Por tanto, amadísimos, que ama mi alma y cuyos frutos son tenidos en cuenta por Dios, combatan en todas sus obras el espíritu de vanagloria para vencerlo en todo. De modo que todo su cuerpo sea agradable y permanezca viviente junto al Creador, y que ustedes reciban la fuerza de la gracia, que sobrepasa todas estas cosas. Estoy convencido, hermanos, que hacen todo lo que pueden por esto, resistiendo al espíritu de vanagloria y luchando siempre contra él. A causa de ello su cuerpo tiene vida. Pues ese espíritu malvado se presenta ante el hombre en toda obra de justicia que el hombre comienza, quiere corromper su fruto y hacerlo inútil, a fin de no permitir[30] que los hombres hagan la obra de justicia según Dios. En efecto, este espíritu malo combate a quienes quieren ser fieles. Si algunos son alabados por los hombres como fieles o como humildes o como misericordiosos, inmediatamente este espíritu malvado entabla una batalla contra ellos; y ciertamente resulta vencedor, disuelve y destruye sus cuerpos[31], porque los incita a realizar sus acciones virtuosas con la preocupación de agradar a los hombres y así pierde sus cuerpos[32]. Mientras que los hombres crean que tienen algo, delante de Dios no tienen nada[33]. Por causa de esto Dios no les otorga la fuerza, sino que los deja vacíos, puesto que no ha hallado sus cuerpos dispuestos para ser llenados, y los priva de la muy grande dulzura de la gracia.
Pero ustedes, queridísimos, luchen contra el espíritu de vanagloria y oren siempre, para vencerlo en todo; de forma que la gracia de Dios esté siempre con ustedes. Yo pediré a Dios que, en su bondad, les dé esta fuerza y esta gracia[34] en todo tiempo, pues nada es más excelente que esto[35]. Si ven que el fervor divino se aleja y los abandona, pídanlo de nuevo y volver a ustedes. Pues ese fervor es como un fuego que cambia lo frío en su propia naturaleza. Si ven su corazón repentinamente adormecido en ciertos momentos, pongan su alma ante ustedes, sométanla al examen de un piadoso cuestionamiento y así, necesariamente, ella tendrá nuevamente calor y se inflamar en Dios. Porque también el profeta David, cuando vio su alma agobiada por el dolor habló de la siguiente manera: Derramé mi alma sobre mí mismo (Sal 41,6), me acordé de los días antiguos, medité sobre todas tus obras, extendí hacia ti mis manos. Mi alma, como tierra reseca, suspiró por ti (Sal 142,5-6). Así obró David cuando experimentó su corazón abrumado y frío, hasta que le devolvió el calor y recibió la dulzura de la gracia divina[36].
Noche y día velaba y suplicaba. Hagan también ustedes esto, amadísimos, y crecer n y Dios les revelar sus grandes misterios.
Que el Señor los conserve irreprochables y sanos de alma, espíritu y cuerpo, hasta que los lleve a su propia morada[37] con sus padres[38] que han luchado bien y han concluido su carrera en Cristo, a quien sea la gloria por los siglos de los siglos.
Notas. 3ª Carta
[24] Esta epístola se puede leer en las versiones siria (nro. 3), georgiana (nro. 2), griega (nro. 6), árabe (nro. 10).
[25] Este saludo falta en el sirio y árabe. En el griego solamente se lee: "Salud".
[26] En la Epístola de san Arseno (nro. 68) se encuentra la misma cita bíblica (todo el versículo); cf. Lettres, p. 112.
[27] Sirio y árabe añaden: "De nuestra época".
[28] Sirio: "La dulzura que hace ardiente por Dios el corazón".
[29] Griego: "Hace sus obras por respeto humano".
[30] Sirio agrega: "En la medida que puede".
[31] Sirio: "¿Pero cómo destruye (sus cuerpos) y los somete de modo que pierdan su propio modo de vida y su virtud? Cuando los incita...".
[32] Sirio: "Cuando piensan que poseen algo por el hombre".
[33] Desde "delante", falta esta frase en el sirio.
[34] En vez de fuerza y gracia, el sirio trae "alegría".
[35] Este trozo desde "Pero ustedes" hasta "excelente", falta en el griego.
[36] Desde "Si ven que...", la traducción corresponde a la epístola 2,3 del texto griego. Esta versión no trae la cita del versículo 6 del Sal 142; y termina diciendo: "Así inflamó su corazón de nuevo y recibió la dulzura del santísimo Espíritu". Lo que sigue después no se halla en el griego.
[37] Sirio agrega: "En el reino".
[38] El sirio concluye de la siguiente forma: "Que han terminado bien su vida para siempre. Amén".
jueves, 3 de junio de 2010
sábado, 29 de mayo de 2010
miércoles, 19 de mayo de 2010
Permitir la presencia dentro de nosotros
"La parte más importante de la meditación cristiana es permitir que la misteriosa presencia de Dios dentro de nosotros se convierta más y más, no solamente en una realidad, sino en la realidad que nos da significado, forma y propósito a todo lo que hacemos, a todo lo que somos..."
John Main, O.S.B
John Main, O.S.B
lunes, 17 de mayo de 2010
El Espíritu Santo se apareció
El Espíritu Santo se apareció bajo la forma de paloma y de fuego; porque a todos los que llena, los hace sencillos y los anima a obrar; los hace sencillos con la pureza, y los anima con la emulación; pues a Dios no puede serle grata la sencillez sin celo, ni el celo sin sencillez
San Gregorio Magno
Hom. 30 sobre los Evan
San Gregorio Magno
Hom. 30 sobre los Evan
sábado, 8 de mayo de 2010
El yo exterior y el yo interior
"El yo exterior, el yo de los proyectos, de las finalidades temporales, el yo que manipula objetos con el fin de tomar posesión de ellos, permanece completamente ajeno al yo escondido, interior, que no alberga proyecto alguno y que no busca ningún logro, ni tan siquiera el de la contemplación. Tan solo quiere ser, y moverse (porque es dinámico) según las leyes secretas del mismo ser, y de acuerdo a los impulsos de una Libertad Superior (esto es, de Dios), antes que planificar y obtener logros que obedezcan a sus propios deseos.
El yo interior es precisamente esa identidad que no puede ser engañada ni manipulada por nadie, ni siquiera por el diablo. Es como un animal salvaje muy huidizo que jamás aparece cuando detecta la cercanía de la menor presencia extraña y sale al exterior únicamente cuando todo está en perfecta calma y en silencio, cuando nadie le molesta y está solo. Nadie le puede hacer salir mediante engaños porque no responde a otro señuelo que no sea el de la libertad divina.
Triste es el caso de ese yo exterior que imagina ser contemplativo y busca alcanzar la contemplación como el fruto de un esfuerzo planificado y de la ambición espiritual. Asumirá actitudes diversas, meditará sobre el significado interno de sus propias posturas y tratará de fabricarse para sí mismo una identidad contemplativa: pero mientras esto sucede, no hay nadie allí. Tan sólo un yo ilusorio, ficticio, que se busca a sí mismo, que lucha para crearse a partir de la nada, y cuyo ser se mantiene por su propia compulsión, preso de una ilusión privada.
La llamada a la contemplación ni es ni puede dirigirse a ese yo".
Thomas Merton.
del Blog Amigos de TOMAS MERTON
El yo interior es precisamente esa identidad que no puede ser engañada ni manipulada por nadie, ni siquiera por el diablo. Es como un animal salvaje muy huidizo que jamás aparece cuando detecta la cercanía de la menor presencia extraña y sale al exterior únicamente cuando todo está en perfecta calma y en silencio, cuando nadie le molesta y está solo. Nadie le puede hacer salir mediante engaños porque no responde a otro señuelo que no sea el de la libertad divina.
Triste es el caso de ese yo exterior que imagina ser contemplativo y busca alcanzar la contemplación como el fruto de un esfuerzo planificado y de la ambición espiritual. Asumirá actitudes diversas, meditará sobre el significado interno de sus propias posturas y tratará de fabricarse para sí mismo una identidad contemplativa: pero mientras esto sucede, no hay nadie allí. Tan sólo un yo ilusorio, ficticio, que se busca a sí mismo, que lucha para crearse a partir de la nada, y cuyo ser se mantiene por su propia compulsión, preso de una ilusión privada.
La llamada a la contemplación ni es ni puede dirigirse a ese yo".
Thomas Merton.
del Blog Amigos de TOMAS MERTON
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El yo exterior y el yo interior,
Tomas Merton
miércoles, 5 de mayo de 2010
Las ascesis de la solidaridad
La ascesis nos capacita para la solidaridad: la abstención y dominio de nuestros deseos nos permite escuchar los deseos de los demás. La ascesis nos da libertad para no ser dependientes de las cosas y vivir con lo esencial. En nuestro país existen grupos que promueven compromisos audaces (Comité Oscar Romero y grupo Kairós): tratar de vivir con el sueldo mínimo interprofesional (unas 60.000 pesetas mensuales) y practicar el comercio justo (adquirir y pagar como es debido los artículos que se hacen en el Tercer Mundo en condiciones de justicia y respetando los derechos humanos, no mediante la explotación). Nuestra vida de urbanitas "solidarios" permite el ejercicio del Monacato Interiorizado a través de diversas ascesis: las molestias de los espacios pequeños, de los ruidos, de los desplazamientos a la periferia, de no disponer de un tiempo ordenado debido a la disponibilidad de los vecinos...
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Las ascesis de la solidaridad
viernes, 30 de abril de 2010
LOS SIGNOS DE LA PERSONA TRANSFIGURADA
El testimonio anterior nos lleva a tratar uno de los últimos aspectos de nuestro itinerario: la progresiva vida en Dios va transformando a toda la persona, la va transfigurando ya en esta vida. Las virtudes ya son un signo de ello. "Virtud" viene de "vir", que significa "fuerza". La virtud es la fuerza de Dios en nosotros. Como dice el teólogo ruso Paul Eudokimov, "el Espíritu es dador de las energías trinitarias divinizantes que actualizan la salvación". La virtud -entendida como fortaleza de la acción de Dios en nosotros- es precisamente uno de los siete dones del Espíritu Santo (Is11,1-4). He elegido cinco signos de esta transformación.
5.1. Reconciliados y pacificados
El escritor de la posguerra alemana, Heinrich Böll, en su novela Billar a las nueve y media (1959), distingue la mirada limpia e inocente de los que han comido el Sacramento del Cordero en contraposición a la mirada turbia y altiva de los que han comido del Sacramento del Búfalo, cómplices del régimen nazi. Dicho de otro modo, la mirada de aquel o aquella que vive sumergido en la presencia de Dios irradia una calidad de existencia que pacifica y transforma a los que son mirados por ellos. La irradiación de esta calidad de existencia es lo que el Monacato de Oriente denomina "hesiquia" que integra una conjunción de serenidad, pacificación, plenitud, ternura, etc.
En palabras de Isaac el Sirio, un monje del siglo VII, esta hesiquia crea "un corazón que arde por toda la creación, por todos los seres humanos, por los pájaros, por los animales, por los demonios, por toda criatura. Cuando piensa en ellos y cuando los ve, sus ojos se llenan de lágrimas. Tan intensa y violenta es su compasión, tan grande su constancia, que su corazón se encoge y no puede soportar sentir o presenciar el mal o la tristeza más pequeña en el seno de la creación. Esa es la razón por la cual, con lágrimas, intercede sin cesar por los animales irracionales, por los enemigos de la verdad y por todos los que lo molestan, para que sean protegidos del mal y perdonados. En la inmensa compasión que se eleva de su corazón, -una compasión sin límites, a imagen de Dios- llega a orar hasta por las serpientes" (27). Estamos más necesitados que nunca de este amor desarmado que nos devuelva la inocencia, más allá de la contraposición de víctimas y verdugos, de oprimidos y opresores, porque todos somos Uno y el daño que nos hacemos nos los hacemos todos.
5.2 Enraizados y disponibles
El segundo signo de transformación interior es la capacidad de estar muy convencido de una llamada personal y, al mismo tiempo, de adaptarse a toda persona y a toda situación. Quien está en su centro, no depende de las circunstancias.
Así lo expresa San Juan de la Cruz:
"Las condiciones del pájaro solitario son cinco: la primera, que se va a lo más alto; la segunda, que no sufre compañía, aunque sea de su naturaleza; la tercera, que pone el pico al aire; la cuarta, que no tiene determinado color; la quinta, que canta suavemente. Las cuales ha de tener el alma contemplativa que se ha de subir sobre las cosas transitorias, no haciendo más caso de ellas que si no fuesen, y ha de ser tan amiga de la soledad y silencio, que no sufra compañía de otra criatura; ha de poner el pico al aire del Espíritu Santo, correspondiendo a sus inspiraciones, para que, haciéndolo así, se haga más digna de su compañía; no ha de tener determinado color, no teniendo determinación en ninguna cosa, sinó en lo que es voluntad de Dios; ha de cantar suavemente en la contemplación y amor de su Esposo .(Dichos de luz y amor, 120)
"El pájaro solitario", es decir, una criatura ligera, que está vinculada a un nido (una Tradición determinada), pero que al mismo tiempo permanece abierta a otras corrientes e interpelaciones, y no las vive como amenaza sino como oportunidad.
1. "Va a lo más alto": esta altura es, al mismo tiempo, lo más hondo, el reencuentro con el propio Centro, el espacio del corazón del que hemos ido hablando.
2. "No sufre compañía", es decir, ni crea dependencias ni se hace dependiente, porque tiene conciencia del carácter sagrado de cada persona y de que nadie puede sustituir la experiencia de Dios del otro.
3. "Pone el pico al aire", a saber, expone su deseo a la intemperie y se arriesga con la audacia que da la confianza de saberse en Dios.
4. "Sin color",es decir, sin estar aferrado a nada, sino adaptable a cualquier circunstancia y a cualquier situación. Recordemos que, cuando hablábamos de la vocación personal, decíamos que va más allá de cualquier concreción, siendo, al mismo tiempo, el alma de toda misión.
5. "Canta suavemente", es decir, sabe tener profundas convicciones y hábitos y, al mismo tiempo, sabe respetar los de los demás. Esta es la diferencia entre la sabiduría y las "ideologías", cuya forma más burda son los fundamentalismos.
5.3. Interiores y solidarios
El Pájaro solitario es también el Pájaro solidario. Como hemos intentado mostrar a lo largo del Itinerario, la vida interior no discapacita para ser sensibles y solidarios con la pobreza social, sino al contrario, va liberando de los miedos para que podamos intensificar nuestra presencia en medio de ella. La experiencia de Dios va simplificando. Este es uno de los signos de discernimiento.
Todas las reformas religiosas empiezan al lado de los pobres y tienen a la pobreza como madre. De hecho, parte de nuestro malestar cultural y religioso viene de la lejanía de los pobres. Se ha llegado a relacionar de manera sugerente "explotación" con "depresión": en los países del Primer Mundo es donde más se sufre la depresión, porque la sorda violencia de la explotación de las colonias va creando un clima de aislamiento, sospechas y soledad en la metrópolis. Todo está en comunión con todo, para bien y para mal.
5.4 Contemplativos del misterio del otro
La capacidad de contemplar y de escuchar procede de la capacidad de hacer SILENCIO, es decir, de acoger sin proyectar. Aprender a "mirar" y no sólo a ver; aprender a escuchar, y no sólo a "oír". La oración es el lugar de este aprendizaje, para que lo sea también cada instante. Ya hemos destacado la importancia de vivir en estado de atención, lo que en la Tradición ignaciana se propicia mediante el Examen de conciencia, que debería llamarse más bien Examen de lo Consciente, porque se había convertido en un ejercicio culpabilizador con mucha frecuencia (28).
Se trata de lograr la limpieza de corazón de la sexta bienaventuranza (Mt 5,8) que permite decir a un Padre del desierto: "Una sola alma creada a imagen de Dios es más preciosa a Dios que diez mil mundos y todo lo que puedan contener". Esta capacidad de sorpresa y de admiración, esta mirada de niño, se extiende a todas las cosas, de manera que todo lo agradece, todo lo ama, todo lo venera.
5.5. El don más grande, puerta y puerto de todos los anteriores: la humildad
Lo propio de la persona humilde es que su presencia posibilita la existencia de los demás sin que nadie se dé cuenta. Al humilde sólo se le percibe y se le busca cuando no está. Dios es el Humilde por excelencia: nos crea y se retira, para dejarnos ser. Como dice el Maestro Eckhart, "aquella virtud que se llama humildad está arraigada en el fondo de la Divinidad".
El humilde no tiene nada que defender, nada que justificar. Silván, del Monte Athos dice que "el que es humilde ha vencido a todos los enemigos", pero también dice que "estamos completamente endurecidos y no podemos comprender qué es la humildad ni el amor de Cristo. Se necesita mucho esfuerzo y muchas lágrimas para conservar el humilde espíritu de Cristo. Humíllate y verás como tus pruebas se convierten en descanso" (29). Esta última frase da que pensar: muchos de nuestros sufrimientos han sido causados por nuestras resistencias, porque no nos entregamos. De ahí la invitación de Jesús: "Venid a mí los que estáis fatigados y sobrecargados, aprended de mí que soy manso y humilde de corazón" (Mt11,28-29). No es cuestión de "humillarse", sino de "humildarse", de convertirse en "tierra fértil". "Bienaventurados los humildes, porque ellos poseerán la tierra", dice Jesús (Mt 5,5). Poseerán la tierra sin poseerla, porque ellos mismos se habrán transformado en tierra.
San Ignacio, hacia el final de su vida, registra en su Diario íntimo un combate de cuarenta días con Dios a propósito de un asunto de pobreza de la Compañía. No lo finaliza hasta que se rinde, rendición que aparece con una peculiar expresión en el Diario: la "humildad amorosa". Una humildad que primero se refiere a Dios y que después se extiende a todas las criaturas (Diario Espiritual, 178-179.182).
Como se pregunta Isaac el Sirio "¿qué criatura no se deja enternecer por el humilde? El que menosprecia a un humilde, menosprecia a Dios. Cuanto más despreciado es un humilde por los hombres, más amado por el resto de la Creación (...). La humildad es el vestido de Dios. Al hacerse hombre, Dios se ha revestido de ella" (30). Es decir, si la encarnación de Dios pasa por el camino de la humildación ("hacerse humilde"), nuestra cristificación es divinización que pasa por el mismo movimiento de abajamiento lo cual pone de manifiesto que la divinización nos reviste de un poder que nos despoja de todo poder.
ITINERARIO HACIA UNA VIDA EN DIOS
Javier Melloni
5.1. Reconciliados y pacificados
El escritor de la posguerra alemana, Heinrich Böll, en su novela Billar a las nueve y media (1959), distingue la mirada limpia e inocente de los que han comido el Sacramento del Cordero en contraposición a la mirada turbia y altiva de los que han comido del Sacramento del Búfalo, cómplices del régimen nazi. Dicho de otro modo, la mirada de aquel o aquella que vive sumergido en la presencia de Dios irradia una calidad de existencia que pacifica y transforma a los que son mirados por ellos. La irradiación de esta calidad de existencia es lo que el Monacato de Oriente denomina "hesiquia" que integra una conjunción de serenidad, pacificación, plenitud, ternura, etc.
En palabras de Isaac el Sirio, un monje del siglo VII, esta hesiquia crea "un corazón que arde por toda la creación, por todos los seres humanos, por los pájaros, por los animales, por los demonios, por toda criatura. Cuando piensa en ellos y cuando los ve, sus ojos se llenan de lágrimas. Tan intensa y violenta es su compasión, tan grande su constancia, que su corazón se encoge y no puede soportar sentir o presenciar el mal o la tristeza más pequeña en el seno de la creación. Esa es la razón por la cual, con lágrimas, intercede sin cesar por los animales irracionales, por los enemigos de la verdad y por todos los que lo molestan, para que sean protegidos del mal y perdonados. En la inmensa compasión que se eleva de su corazón, -una compasión sin límites, a imagen de Dios- llega a orar hasta por las serpientes" (27). Estamos más necesitados que nunca de este amor desarmado que nos devuelva la inocencia, más allá de la contraposición de víctimas y verdugos, de oprimidos y opresores, porque todos somos Uno y el daño que nos hacemos nos los hacemos todos.
5.2 Enraizados y disponibles
El segundo signo de transformación interior es la capacidad de estar muy convencido de una llamada personal y, al mismo tiempo, de adaptarse a toda persona y a toda situación. Quien está en su centro, no depende de las circunstancias.
Así lo expresa San Juan de la Cruz:
"Las condiciones del pájaro solitario son cinco: la primera, que se va a lo más alto; la segunda, que no sufre compañía, aunque sea de su naturaleza; la tercera, que pone el pico al aire; la cuarta, que no tiene determinado color; la quinta, que canta suavemente. Las cuales ha de tener el alma contemplativa que se ha de subir sobre las cosas transitorias, no haciendo más caso de ellas que si no fuesen, y ha de ser tan amiga de la soledad y silencio, que no sufra compañía de otra criatura; ha de poner el pico al aire del Espíritu Santo, correspondiendo a sus inspiraciones, para que, haciéndolo así, se haga más digna de su compañía; no ha de tener determinado color, no teniendo determinación en ninguna cosa, sinó en lo que es voluntad de Dios; ha de cantar suavemente en la contemplación y amor de su Esposo .(Dichos de luz y amor, 120)
"El pájaro solitario", es decir, una criatura ligera, que está vinculada a un nido (una Tradición determinada), pero que al mismo tiempo permanece abierta a otras corrientes e interpelaciones, y no las vive como amenaza sino como oportunidad.
1. "Va a lo más alto": esta altura es, al mismo tiempo, lo más hondo, el reencuentro con el propio Centro, el espacio del corazón del que hemos ido hablando.
2. "No sufre compañía", es decir, ni crea dependencias ni se hace dependiente, porque tiene conciencia del carácter sagrado de cada persona y de que nadie puede sustituir la experiencia de Dios del otro.
3. "Pone el pico al aire", a saber, expone su deseo a la intemperie y se arriesga con la audacia que da la confianza de saberse en Dios.
4. "Sin color",es decir, sin estar aferrado a nada, sino adaptable a cualquier circunstancia y a cualquier situación. Recordemos que, cuando hablábamos de la vocación personal, decíamos que va más allá de cualquier concreción, siendo, al mismo tiempo, el alma de toda misión.
5. "Canta suavemente", es decir, sabe tener profundas convicciones y hábitos y, al mismo tiempo, sabe respetar los de los demás. Esta es la diferencia entre la sabiduría y las "ideologías", cuya forma más burda son los fundamentalismos.
5.3. Interiores y solidarios
El Pájaro solitario es también el Pájaro solidario. Como hemos intentado mostrar a lo largo del Itinerario, la vida interior no discapacita para ser sensibles y solidarios con la pobreza social, sino al contrario, va liberando de los miedos para que podamos intensificar nuestra presencia en medio de ella. La experiencia de Dios va simplificando. Este es uno de los signos de discernimiento.
Todas las reformas religiosas empiezan al lado de los pobres y tienen a la pobreza como madre. De hecho, parte de nuestro malestar cultural y religioso viene de la lejanía de los pobres. Se ha llegado a relacionar de manera sugerente "explotación" con "depresión": en los países del Primer Mundo es donde más se sufre la depresión, porque la sorda violencia de la explotación de las colonias va creando un clima de aislamiento, sospechas y soledad en la metrópolis. Todo está en comunión con todo, para bien y para mal.
5.4 Contemplativos del misterio del otro
La capacidad de contemplar y de escuchar procede de la capacidad de hacer SILENCIO, es decir, de acoger sin proyectar. Aprender a "mirar" y no sólo a ver; aprender a escuchar, y no sólo a "oír". La oración es el lugar de este aprendizaje, para que lo sea también cada instante. Ya hemos destacado la importancia de vivir en estado de atención, lo que en la Tradición ignaciana se propicia mediante el Examen de conciencia, que debería llamarse más bien Examen de lo Consciente, porque se había convertido en un ejercicio culpabilizador con mucha frecuencia (28).
Se trata de lograr la limpieza de corazón de la sexta bienaventuranza (Mt 5,8) que permite decir a un Padre del desierto: "Una sola alma creada a imagen de Dios es más preciosa a Dios que diez mil mundos y todo lo que puedan contener". Esta capacidad de sorpresa y de admiración, esta mirada de niño, se extiende a todas las cosas, de manera que todo lo agradece, todo lo ama, todo lo venera.
5.5. El don más grande, puerta y puerto de todos los anteriores: la humildad
Lo propio de la persona humilde es que su presencia posibilita la existencia de los demás sin que nadie se dé cuenta. Al humilde sólo se le percibe y se le busca cuando no está. Dios es el Humilde por excelencia: nos crea y se retira, para dejarnos ser. Como dice el Maestro Eckhart, "aquella virtud que se llama humildad está arraigada en el fondo de la Divinidad".
El humilde no tiene nada que defender, nada que justificar. Silván, del Monte Athos dice que "el que es humilde ha vencido a todos los enemigos", pero también dice que "estamos completamente endurecidos y no podemos comprender qué es la humildad ni el amor de Cristo. Se necesita mucho esfuerzo y muchas lágrimas para conservar el humilde espíritu de Cristo. Humíllate y verás como tus pruebas se convierten en descanso" (29). Esta última frase da que pensar: muchos de nuestros sufrimientos han sido causados por nuestras resistencias, porque no nos entregamos. De ahí la invitación de Jesús: "Venid a mí los que estáis fatigados y sobrecargados, aprended de mí que soy manso y humilde de corazón" (Mt11,28-29). No es cuestión de "humillarse", sino de "humildarse", de convertirse en "tierra fértil". "Bienaventurados los humildes, porque ellos poseerán la tierra", dice Jesús (Mt 5,5). Poseerán la tierra sin poseerla, porque ellos mismos se habrán transformado en tierra.
San Ignacio, hacia el final de su vida, registra en su Diario íntimo un combate de cuarenta días con Dios a propósito de un asunto de pobreza de la Compañía. No lo finaliza hasta que se rinde, rendición que aparece con una peculiar expresión en el Diario: la "humildad amorosa". Una humildad que primero se refiere a Dios y que después se extiende a todas las criaturas (Diario Espiritual, 178-179.182).
Como se pregunta Isaac el Sirio "¿qué criatura no se deja enternecer por el humilde? El que menosprecia a un humilde, menosprecia a Dios. Cuanto más despreciado es un humilde por los hombres, más amado por el resto de la Creación (...). La humildad es el vestido de Dios. Al hacerse hombre, Dios se ha revestido de ella" (30). Es decir, si la encarnación de Dios pasa por el camino de la humildación ("hacerse humilde"), nuestra cristificación es divinización que pasa por el mismo movimiento de abajamiento lo cual pone de manifiesto que la divinización nos reviste de un poder que nos despoja de todo poder.
ITINERARIO HACIA UNA VIDA EN DIOS
Javier Melloni
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LOS SIGNOS DE LA PERSONA TRANSFIGURADA
LA TRANFIGURACIÓN DEL MUNDO: CUERPO, MATERIA, TÉCNICA Y JUSTICIA
El camino de transformación personal de cada persona implica también el camino de transformación de la historia del mundo. "El itinerario hacia una vida en Dios" es también el itinerario de toda la Creación, hasta que "Dios sea todo en todos" (1Cor15,28).
Esto implica la incorporación de las diferentes dimensiones del cosmos: el plano mineral, biológico, psíquico, mental y espiritual. De hecho, ya los primeros teólogos del Cristianismo concebían al ser humano como un "microcosmos". Lo que queremos subrayar es que el paso progresivo de la "carne" ("sarx") cerrada en sí misma, al espíritu ("pneuma"), que es todo apertura, todo donación, pasando por el psiquismo (1Cor 2,10-15) afecta a toda la Creación.
6.1 Los signos de la transfiguración en el cuerpo
El cuerpo es el "soma", no la carne ("sarx"). El aparente rechazo de San Pablo al cuerpo no es tal, sino que es contra la carne, es decir, contra las pulsiones de apropiación de nuestros instintos, pero no contra los instintos mismos, porque estos, tal como hemos visto en la Primera Parte, son también fuerzas dinamizadoras del espíritu.
Dicho de otro modo, el cuerpo es el "lugar" en el que se produce esta transformación en la dirección de los instintos. El cuerpo está llamado a convertirse en sacramento de la presencia de Dios en la persona: ""vuestro cuerpo es el templo del Espíritu Santo; por tanto glorificad a Dios en vuestro cuerpo" (1Cor 6,19-20). No se trata de caer en un "culto"al cuerpo, como tal vez está sucediendo en la cultura contemporánea (aunque está reacción sea inevitable, debido al olvido que ha sufrido durante generaciones), sino de incorporarlo al proceso de "cristificación". Aquí, la sabiduría de Oriente tiene cosas que aportar: la atención a la respiración, el equilibrio de la dieta, la adecuación de las posturas, etc. De hecho, cada vez somos más conscientes de que es en nuestro cuerpo donde se inscribe el registro del espíritu; a menudo, nuestras enfermedades son signos de nuestro estado psíquico y espiritual, porque somos una unidad en grados y manifestaciones
diversas de vibraciones y de energía. De toda nuestra corporeidad, tal vez sea la mirada donde más se refleje el estado de nuestra alma. La mirada es aquella luz que hay detrás de los ojos. Cuanto más un ser se vuelve de Luz, más brillo pacífico y profundo transparenta su mirada. Esta mirada luminosa no sólo se dirige a las personas sino también al mundo.
6.2. La tarea mística de la justicia
La tarea de la justicia no es otra que la de restablecer las relaciones trinitarias en el corazón del mundo. Es decir, restablecer la reciprocidad plena entre los humanos, donde el poder deje de ser dominación para convertirse en "capacitación" de las potencialidades de los demás. La opción por los pobres es un acto místico, que participa del "amor loco" de Dios. En otras palabras, se trata de participar en la tarea crística de la reconciliación: "En Él reside toda la Plenitud y por Él y para Él se han reconciliado todas las cosas pacificando mediante la sangre de su cruz lo que hay en la tierra y en los cielos" (Col 1, 20). El sentido de nuestro existir es incorporarnos a esta tarea de reconciliación universal. A nosotros, que "antes éramos hijos de la ira (Ef 2,3) "nos ha confiado el ministerio de la reconciliación" (2Cor 5,18).
El trabajo por la justicia tiene que cuidar de no caer en la tentación de la "totalidad": toda organización, todo sistema, corre el peligro de querer dominar el Misterio y poseer la última interpretación, a la que han de someterse todas las personas. Esta ha sido la tentación de los totalitarismos. La alternativa a la Totalidad es el Infinito (E.Lévinas), es decir, la apertura a un dinamismo de relación y de fraternidad en el que el Otro /otro siempre sigue siendo un misterio, es decir, es espacio sagrado.
La inspiración mística es necesaria para la tarea política, tal como la mística necesita encarnarse en la política. Tal como ha señalado Leonardo Boff (31), pueden distinguirse tres grados de inspiración en la tarea política: el terreno técnico, en donde los diferentes programas sólo se diferencian en la forma de gestionar el bien común; el terreno ético, en el que las propuestas políticas empiezan a tener personalidad propia y son capaces de mirar un poco más allá de lo inmediato; y, por último, está la inspiración mística que, cuando está presente, otorga a la propuesta política una dimensión un alcance mucho mayor y tanto más radical. La crisis de las alternativas políticas se debe a la pérdida de la dimensión ética y mística de la política.
6.3. La transformación de la materia
La técnica y la ciencia forman parte de esta tarea de cristificación de la materia, Ciencia y religión no están en relación de oposición, sino de complementariedad. Después de siglos de mutuas sospechas y descalificaciones (el tiempo de la Modernidad), vamos descubriendo que nos necesitamos mutuamente: la ciencia escrutando el camino y la religión indicando el Horizonte. De ahí, la ofrenda de Teilhard de Chardin, científico, poeta y místico:
"Mi cáliz y mi patena son las profundidades de una alma ampliamente abierta a todas las fuerzas que, dentro de un instante, se elevarán desde todos los puntos del planeta y convergirán en el Espíritu (...). Todo lo que aumentará en el mundo a lo largo de esta jornada, todo lo que disminuirá es lo que me esfuerzo por recoger en mí para poder ofrecéroslo; esta es la materia de mi sacrificio, lo único que Vos deseáis", La Misa sobre el mundo).
Desde esta perspectiva, se puede concebir una sucesión de esferas en la evolución del planeta: en primer lugar, la aparición de la atmósfera, que permitió el origen de la vida; después, la aparición de la biosfera, que desarrolló las diversas formas de especies vivas; con la aparición del ser humano empieza a desarrollarse lo que se ha denominado la noosfera (la esfera del pensamiento). Hoy en día, con los medios de comunicación social y con Internet, esta noosfera está gestando una nueva etapa en la evolución de la Tierra, cuyo alcance todavía no percibimos. De hecho, el desarrollo actual de la noosfera es lo que está posibilitando la conciencia y la realidad creciente de la "Aldea global", que inaugura un nuevo estadio en la historia del planeta. Es una oportunidad para nuestra civilización y como toda oportunidad, no está exenta de riesgos.
Por otro lado, desde otro orden de la realidad, la resurrección de Cristo y de su cuerpo espiritual ("soma pneumatikós" 1Cor 15,44)) inauguró lo que podemos denominar pneumatosphera. Esta pneumatosphera se ha introducido como levadura en la masa de la historia y hace sólo dos mil años que ha empezado a fermentar.
Porque, ¿qué son dos mil años en el conjunto de la evolución? Si tomamos la vida de nuestro planeta (4.500 millones de años) y la comparamos con una jornada de 24 horas, podemos llegar a unas constataciones sorprendentes: la vida aparece a as 5 de la mañana (hace 4.000 millones de años); hasta la ocho de la tarde no aparecen los primeros moluscos (hace unos 1.000 millones de años); hacia las 11 de la noche (hace unos 200 millones de años) aparecen los dinosaurios, que desaparecen a las 12 menos veinte (hace unos 65 millones de años, debido a un enfriamiento del planeta), dejando campo libre para el desarrollo de los mamíferos; nuestros primeros antepasados (el homo sapiens) aparecen en los cinco últimos minutos (hace unos 7 millones de años); el cerebro se duplica en el último minuto del día. La encarnación del Hijo de Dios "al llegar la plenitud de los tiempos" (Gal 4,4), tiene lugar en la última décima de segundo del último segundo del día. Así pues, la resurrección de Cristo que inaugura la Semana de la Nueva Creación no ha hecho más que empezar.
Esto implica la incorporación de las diferentes dimensiones del cosmos: el plano mineral, biológico, psíquico, mental y espiritual. De hecho, ya los primeros teólogos del Cristianismo concebían al ser humano como un "microcosmos". Lo que queremos subrayar es que el paso progresivo de la "carne" ("sarx") cerrada en sí misma, al espíritu ("pneuma"), que es todo apertura, todo donación, pasando por el psiquismo (1Cor 2,10-15) afecta a toda la Creación.
6.1 Los signos de la transfiguración en el cuerpo
El cuerpo es el "soma", no la carne ("sarx"). El aparente rechazo de San Pablo al cuerpo no es tal, sino que es contra la carne, es decir, contra las pulsiones de apropiación de nuestros instintos, pero no contra los instintos mismos, porque estos, tal como hemos visto en la Primera Parte, son también fuerzas dinamizadoras del espíritu.
Dicho de otro modo, el cuerpo es el "lugar" en el que se produce esta transformación en la dirección de los instintos. El cuerpo está llamado a convertirse en sacramento de la presencia de Dios en la persona: ""vuestro cuerpo es el templo del Espíritu Santo; por tanto glorificad a Dios en vuestro cuerpo" (1Cor 6,19-20). No se trata de caer en un "culto"al cuerpo, como tal vez está sucediendo en la cultura contemporánea (aunque está reacción sea inevitable, debido al olvido que ha sufrido durante generaciones), sino de incorporarlo al proceso de "cristificación". Aquí, la sabiduría de Oriente tiene cosas que aportar: la atención a la respiración, el equilibrio de la dieta, la adecuación de las posturas, etc. De hecho, cada vez somos más conscientes de que es en nuestro cuerpo donde se inscribe el registro del espíritu; a menudo, nuestras enfermedades son signos de nuestro estado psíquico y espiritual, porque somos una unidad en grados y manifestaciones
diversas de vibraciones y de energía. De toda nuestra corporeidad, tal vez sea la mirada donde más se refleje el estado de nuestra alma. La mirada es aquella luz que hay detrás de los ojos. Cuanto más un ser se vuelve de Luz, más brillo pacífico y profundo transparenta su mirada. Esta mirada luminosa no sólo se dirige a las personas sino también al mundo.
6.2. La tarea mística de la justicia
La tarea de la justicia no es otra que la de restablecer las relaciones trinitarias en el corazón del mundo. Es decir, restablecer la reciprocidad plena entre los humanos, donde el poder deje de ser dominación para convertirse en "capacitación" de las potencialidades de los demás. La opción por los pobres es un acto místico, que participa del "amor loco" de Dios. En otras palabras, se trata de participar en la tarea crística de la reconciliación: "En Él reside toda la Plenitud y por Él y para Él se han reconciliado todas las cosas pacificando mediante la sangre de su cruz lo que hay en la tierra y en los cielos" (Col 1, 20). El sentido de nuestro existir es incorporarnos a esta tarea de reconciliación universal. A nosotros, que "antes éramos hijos de la ira (Ef 2,3) "nos ha confiado el ministerio de la reconciliación" (2Cor 5,18).
El trabajo por la justicia tiene que cuidar de no caer en la tentación de la "totalidad": toda organización, todo sistema, corre el peligro de querer dominar el Misterio y poseer la última interpretación, a la que han de someterse todas las personas. Esta ha sido la tentación de los totalitarismos. La alternativa a la Totalidad es el Infinito (E.Lévinas), es decir, la apertura a un dinamismo de relación y de fraternidad en el que el Otro /otro siempre sigue siendo un misterio, es decir, es espacio sagrado.
La inspiración mística es necesaria para la tarea política, tal como la mística necesita encarnarse en la política. Tal como ha señalado Leonardo Boff (31), pueden distinguirse tres grados de inspiración en la tarea política: el terreno técnico, en donde los diferentes programas sólo se diferencian en la forma de gestionar el bien común; el terreno ético, en el que las propuestas políticas empiezan a tener personalidad propia y son capaces de mirar un poco más allá de lo inmediato; y, por último, está la inspiración mística que, cuando está presente, otorga a la propuesta política una dimensión un alcance mucho mayor y tanto más radical. La crisis de las alternativas políticas se debe a la pérdida de la dimensión ética y mística de la política.
6.3. La transformación de la materia
La técnica y la ciencia forman parte de esta tarea de cristificación de la materia, Ciencia y religión no están en relación de oposición, sino de complementariedad. Después de siglos de mutuas sospechas y descalificaciones (el tiempo de la Modernidad), vamos descubriendo que nos necesitamos mutuamente: la ciencia escrutando el camino y la religión indicando el Horizonte. De ahí, la ofrenda de Teilhard de Chardin, científico, poeta y místico:
"Mi cáliz y mi patena son las profundidades de una alma ampliamente abierta a todas las fuerzas que, dentro de un instante, se elevarán desde todos los puntos del planeta y convergirán en el Espíritu (...). Todo lo que aumentará en el mundo a lo largo de esta jornada, todo lo que disminuirá es lo que me esfuerzo por recoger en mí para poder ofrecéroslo; esta es la materia de mi sacrificio, lo único que Vos deseáis", La Misa sobre el mundo).
Desde esta perspectiva, se puede concebir una sucesión de esferas en la evolución del planeta: en primer lugar, la aparición de la atmósfera, que permitió el origen de la vida; después, la aparición de la biosfera, que desarrolló las diversas formas de especies vivas; con la aparición del ser humano empieza a desarrollarse lo que se ha denominado la noosfera (la esfera del pensamiento). Hoy en día, con los medios de comunicación social y con Internet, esta noosfera está gestando una nueva etapa en la evolución de la Tierra, cuyo alcance todavía no percibimos. De hecho, el desarrollo actual de la noosfera es lo que está posibilitando la conciencia y la realidad creciente de la "Aldea global", que inaugura un nuevo estadio en la historia del planeta. Es una oportunidad para nuestra civilización y como toda oportunidad, no está exenta de riesgos.
Por otro lado, desde otro orden de la realidad, la resurrección de Cristo y de su cuerpo espiritual ("soma pneumatikós" 1Cor 15,44)) inauguró lo que podemos denominar pneumatosphera. Esta pneumatosphera se ha introducido como levadura en la masa de la historia y hace sólo dos mil años que ha empezado a fermentar.
Porque, ¿qué son dos mil años en el conjunto de la evolución? Si tomamos la vida de nuestro planeta (4.500 millones de años) y la comparamos con una jornada de 24 horas, podemos llegar a unas constataciones sorprendentes: la vida aparece a as 5 de la mañana (hace 4.000 millones de años); hasta la ocho de la tarde no aparecen los primeros moluscos (hace unos 1.000 millones de años); hacia las 11 de la noche (hace unos 200 millones de años) aparecen los dinosaurios, que desaparecen a las 12 menos veinte (hace unos 65 millones de años, debido a un enfriamiento del planeta), dejando campo libre para el desarrollo de los mamíferos; nuestros primeros antepasados (el homo sapiens) aparecen en los cinco últimos minutos (hace unos 7 millones de años); el cerebro se duplica en el último minuto del día. La encarnación del Hijo de Dios "al llegar la plenitud de los tiempos" (Gal 4,4), tiene lugar en la última décima de segundo del último segundo del día. Así pues, la resurrección de Cristo que inaugura la Semana de la Nueva Creación no ha hecho más que empezar.
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LA TRANFIGURACIÓN DEL MUNDO: CUERPO,
MATERIA,
TÉCNICA Y JUSTICIA
El corazón
Ahora bien, según la Tradición de Oriente, el Espíritu no se encuentra desamparado, sino custodiado por un centro unificador: el corazón (leb en hebreo, kardía en griego). Pero no el corazón entendido como el órgano de la afectividad (esto sólo sería el timos, una zona demasiado inconsistente e inestable), sino un ámbito más interno y transparente, que se convierte en "sede" del espíritu. El encuentro con Dios se da en el espíritu a través del corazón; de ahí que la verdadera experiencia espiritual sea unificadora, porque integra y convoca a las diferentes dimensiones de la persona. "El sentido de nuestra vida no es otro que la búsqueda de este lugar del corazón", dice Olivier Clément. Es decir, en el centro de nosotros mismos, unificando nuestro ser, está el corazón, el "cofre" donde se custodia-oculta el espíritu (el atman hindú; de hecho, el Hinduismo también conoce la dimensión mística del corazón, a la que denomina hridaya). Por ello Jesús daba tanta importancia al corazón: "De lo que rebosa el corazón, habla la boca" (Lc 6,45); "Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios" (Mt 5,8). En las Cartas del Nuevo Testamento se menciona con frecuencia el corazón: "Que vuestro adorno no esté en el exterior, sino en lo oculto del corazón, en la incorruptibilidad de un espíritu (pneuma) dulce y sereno (1P 3,4); "Y la paz de Dios, que supera todo conocimiento, custodiará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús" (Fil 4,7). Se trata, pues, de llegar a la unificación de toda la persona, que integre la afectividad, la sensibilidad, el raciocinio, más allá de la bella expresión de Pascal, que es todavía dualista: "El corazón tiene razones que la razón no conoce". Y es que hay unos ojos en el corazón que permiten comprender lo que ni los ojos del cuerpo ni la razón son capaces de percibir: "Ruego a Dios que ilumine los ojos de vuestro corazón para que conozcáis cuál es la esperanza a la que habéis sido llamados" (Ef 1,18).
Llegar al lugar del corazón es don de Dios: "Les daré un corazón, para conocerme; sabrán que yo soy el Señor. Ellos serán mi pueblo y yo seré su Dios; se convertirán a mí con todo su corazón" (Jer 24,7). El corazón es el lugar de la renovación de la Alianza con Israel: "Pondré mi ley en su interior y sobre sus corazones la escribiré, y yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo" (Jer 31, 33). Este vivir desde el corazón es lo que nos hace entrar en comunión: "Les daré a todos un solo corazón y un solo comportamiento, de suerte que me venerarán todos los días, para bien de ellos y de sus hijos después de ellos" (Jer 32, 39). Y también: "Y os daré un corazón nuevo, infundiré en vosotros un espíritu nuevo; quitaré de vuestra carne el corazón de piedra y os daré un corazón de carne" (Ez 36,26).
En palabras de San Serafino de Sarov: "Para poder ver la luz de Cristo hay que introducir el intelecto en el corazón, la mente tiene que encontrar su lugar en el corazón. Entonces, la luz de Cristo encenderá todo el pequeño templo de vuestra alma con sus rayos divinos, aquella luz que es unión y vida con él (...). El signo de una persona prudente es cuando sumerge en su interior su intelecto y cuando toda su actividad se realiza en su corazón. Cuando la gracia de Dios lo ilumina y todo él se encuentra en un estado pacificado" (8).
En el Monacato Oriental, lo contrario de esta apertura del corazón es la sklerokardia, es decir, la "dureza del corazón", que impide la entrada en uno mismo, en los demás y en Dios.
El viaje hacia la propia interioridad, hacia la tierra sagrada del corazón de cada uno, necesita un hábil discernimiento para conocer las trampas y los "enemigos" que aparecen a lo largo del recorrido.
De hecho, el ser humano es muy vulnerable. Según la tradición ignaciana, está sometido a dos polaridades fundamentales: la consolación y la desolación. San Ignacio las define como dos movimientos: la consolación, que expande a la persona y la aligera (EE,316) y la desolación, que la retiene y la paraliza (EE,317). Tal vez no sea algo muy distinto de lo que Freud identificó como "eros" y "thanatos", es decir, las "pulsiones de vida" y las "pulsiones de muerte" que combaten en el interior del ser humano. La diferencia entre la psicología y la espiritualidad estaría en dónde se identifica el origen de estas fuerzas o pulsiones.
ITINERARIO HACIA UNA VIDA EN DIOS
Javier Melloni
Llegar al lugar del corazón es don de Dios: "Les daré un corazón, para conocerme; sabrán que yo soy el Señor. Ellos serán mi pueblo y yo seré su Dios; se convertirán a mí con todo su corazón" (Jer 24,7). El corazón es el lugar de la renovación de la Alianza con Israel: "Pondré mi ley en su interior y sobre sus corazones la escribiré, y yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo" (Jer 31, 33). Este vivir desde el corazón es lo que nos hace entrar en comunión: "Les daré a todos un solo corazón y un solo comportamiento, de suerte que me venerarán todos los días, para bien de ellos y de sus hijos después de ellos" (Jer 32, 39). Y también: "Y os daré un corazón nuevo, infundiré en vosotros un espíritu nuevo; quitaré de vuestra carne el corazón de piedra y os daré un corazón de carne" (Ez 36,26).
En palabras de San Serafino de Sarov: "Para poder ver la luz de Cristo hay que introducir el intelecto en el corazón, la mente tiene que encontrar su lugar en el corazón. Entonces, la luz de Cristo encenderá todo el pequeño templo de vuestra alma con sus rayos divinos, aquella luz que es unión y vida con él (...). El signo de una persona prudente es cuando sumerge en su interior su intelecto y cuando toda su actividad se realiza en su corazón. Cuando la gracia de Dios lo ilumina y todo él se encuentra en un estado pacificado" (8).
En el Monacato Oriental, lo contrario de esta apertura del corazón es la sklerokardia, es decir, la "dureza del corazón", que impide la entrada en uno mismo, en los demás y en Dios.
El viaje hacia la propia interioridad, hacia la tierra sagrada del corazón de cada uno, necesita un hábil discernimiento para conocer las trampas y los "enemigos" que aparecen a lo largo del recorrido.
De hecho, el ser humano es muy vulnerable. Según la tradición ignaciana, está sometido a dos polaridades fundamentales: la consolación y la desolación. San Ignacio las define como dos movimientos: la consolación, que expande a la persona y la aligera (EE,316) y la desolación, que la retiene y la paraliza (EE,317). Tal vez no sea algo muy distinto de lo que Freud identificó como "eros" y "thanatos", es decir, las "pulsiones de vida" y las "pulsiones de muerte" que combaten en el interior del ser humano. La diferencia entre la psicología y la espiritualidad estaría en dónde se identifica el origen de estas fuerzas o pulsiones.
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Javier Melloni
LA ZARZA ARDIENDO O LA EXPERIENCIA FUNDANTE
2.1. La experiencia fundante de los orígenes y la vida espiritual como una llamada constante a la conversión
Con mucha frecuencia, lo que está al final se nos ofrece al principio como un estallido, como una anticipación. Casi todos nosotros podemos identificar en nuestra vida este primer momento de irrupción de Dios, que desencadenó en nosotros un movimiento irreversible y que ha marcado un "antes" y un "después". La teología contemporánea denomina a esta irrupción de lo Divino la Experiencia Fundante (4). Esta fue la experiencia paradigmática de Moisés en el Sinaí (Ex.3, 1-14) en la que pueden distinguirse tres elementos:
- 1. Una Teofanía (la zarza ardiendo), que muestra una Alteridad Racional.
- 2. El descubrimiento de la propia identidad (enstasis), que se convierte al mismo tiempo en el despertar de una vocación.
- 3. El dinamismo de esta vocación que se derrama hacia fuera y que se convierte en Misión (éxtasis). Moisés siempre regresará al Monte Horeb. Se trata de su experiencia fundante, que le servirá para siempre como punto de referencia en la orientación y sentido de la propia existencia.
De una u otra forma, en algún momento todos hemos experimentado un cierto estallido de luz o de comunión. Desde entonces, nos hemos sentido heridos:
"A dónde te escondiste,
Amado, y me dejaste con gemido?
Como el ciervo huiste,
habiéndome herido;
salí tras ti clamando, y eras ido.
¡Ay!, ¿quién podrá sanarme?"
San Juan de la Cruz, Cántico Espiritual, Estrofas 1 y 6.
De estas experiencias fundantes existen muchos testimonios. Sólo podemos recordar aquí algunas: la ilustración del Cardoner de San Ignacio, después de la cual "todas las cosas le parecieron nuevas; le parecía como si fuese otro hombre y tuviera otro intelecto distinto al que tenía antes" (Autobiografía, 30). Blas Pascal había cosido en la gabardina que siempre llevaba el siguiente escrito: "El año de gracia de 1654, lunes 23 noviembre, día de San Clemente, desde las nueve y media de la noche hasta las doce y media, fuego (...). Alegría, alegría, alegría, lágrimas de alegría". También Paul Claudel tuvo su experiencia fundante una Nochebuena en Nôtre Dame, a los dieciocho años; o el filósofo Manuel García Morente, hasta entonces agnóstico (5). En todos ellos se despertó el "yo profundo" al tiempo que se producía en ellos una conversión. En la Tradición Zen, es muy apreciada esta experiencia de iluminación (se conoce con el nombre de satori) a partir de la cual el practicante de Zen ya no vuelve a ser el mismo (6).
2.2 Características y criterios de discernimiento para percibir la autenticidad de la experiencia fundante de Dios
1. Se trata de una experiencia "teopática", es decir, ninguna persona tiene la iniciativa o puede provocársela, sino que sòlo puede recibirse o "padecerla". Como dice Pascal en boca de Dios, "no me buscarías si no me hubieses hallado".
2. Contiene rasgos paradójicos: a)comporta una conciencia cierta y oscura al mismo tiempo; b) se impone por sí misma, pero al mismo tiempo requiere el consentimiento de la persona; c) es inmediata, pero llega a través de un signo: sacramento, lugar, situación personal, paisaje...
3. Marca un "antes" y un "después". Es una referencia para siempre. "Re-liga" cuando se hace memoria de ella y al mismo tiempo arraiga en el presente.
4. Dinamiza a toda la persona en una dirección determinada, unificándola y abriéndola al mismo tiempo. Es decir, des-centra (ek-stasis) y re-centra (en-stasis) al mismo tiempo.
Ahora bien, esta experiencia requiere una cierta disposición (7). En principio, no se da en las siguientes circunstancias:
1. La mirada dispersa, perdida en la diversión, distraída de sí misma. Supone una existencia que camina hacia su centro. De ahí la llamada a la unificación.
2. Tampoco en la mirada anónima, propia del hombre masificado. La experiencia de Dios personifica, da un nombre, una identidad propia.
3. Tampoco puede darse en la mirada superficial, que se contenta con el qué y el cómo de las cosas, sino que necesita una apertura de admiración y de búsqueda.
4. Tampoco en la persona dominada por el consumo, el utilitarismo, el afán de lucro, que ha reducido su mundo a su disfrute personal, insensibilizado a las situaciones ajenas. Es necesario un cierto autodominio, la capacidad de hacerse cargo de los deseos y necesidades de los demás.
5. Tampoco en la mirada dominadora, que hace y deshace según su voluntad de poder. Es necesaria una cierta capacidad de gratuidad. A esta interrelación entre don y disposición la Iglesia de Oriente la denomina synergeia, literalmente: "co-operación" -actuar conjuntamente-. Resuena aquí el lema ignaciano: " Haz todas las cosas como si dependiesen sólo de ti, pero sabiendo que dependen sólo de Dios". Algunas corrientes de espiritualidad hablan de teandrismo ("theos"(Dios) - "andros"(hombre)).
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Javier Melloni
Con mucha frecuencia, lo que está al final se nos ofrece al principio como un estallido, como una anticipación. Casi todos nosotros podemos identificar en nuestra vida este primer momento de irrupción de Dios, que desencadenó en nosotros un movimiento irreversible y que ha marcado un "antes" y un "después". La teología contemporánea denomina a esta irrupción de lo Divino la Experiencia Fundante (4). Esta fue la experiencia paradigmática de Moisés en el Sinaí (Ex.3, 1-14) en la que pueden distinguirse tres elementos:
- 1. Una Teofanía (la zarza ardiendo), que muestra una Alteridad Racional.
- 2. El descubrimiento de la propia identidad (enstasis), que se convierte al mismo tiempo en el despertar de una vocación.
- 3. El dinamismo de esta vocación que se derrama hacia fuera y que se convierte en Misión (éxtasis). Moisés siempre regresará al Monte Horeb. Se trata de su experiencia fundante, que le servirá para siempre como punto de referencia en la orientación y sentido de la propia existencia.
De una u otra forma, en algún momento todos hemos experimentado un cierto estallido de luz o de comunión. Desde entonces, nos hemos sentido heridos:
"A dónde te escondiste,
Amado, y me dejaste con gemido?
Como el ciervo huiste,
habiéndome herido;
salí tras ti clamando, y eras ido.
¡Ay!, ¿quién podrá sanarme?"
San Juan de la Cruz, Cántico Espiritual, Estrofas 1 y 6.
De estas experiencias fundantes existen muchos testimonios. Sólo podemos recordar aquí algunas: la ilustración del Cardoner de San Ignacio, después de la cual "todas las cosas le parecieron nuevas; le parecía como si fuese otro hombre y tuviera otro intelecto distinto al que tenía antes" (Autobiografía, 30). Blas Pascal había cosido en la gabardina que siempre llevaba el siguiente escrito: "El año de gracia de 1654, lunes 23 noviembre, día de San Clemente, desde las nueve y media de la noche hasta las doce y media, fuego (...). Alegría, alegría, alegría, lágrimas de alegría". También Paul Claudel tuvo su experiencia fundante una Nochebuena en Nôtre Dame, a los dieciocho años; o el filósofo Manuel García Morente, hasta entonces agnóstico (5). En todos ellos se despertó el "yo profundo" al tiempo que se producía en ellos una conversión. En la Tradición Zen, es muy apreciada esta experiencia de iluminación (se conoce con el nombre de satori) a partir de la cual el practicante de Zen ya no vuelve a ser el mismo (6).
2.2 Características y criterios de discernimiento para percibir la autenticidad de la experiencia fundante de Dios
1. Se trata de una experiencia "teopática", es decir, ninguna persona tiene la iniciativa o puede provocársela, sino que sòlo puede recibirse o "padecerla". Como dice Pascal en boca de Dios, "no me buscarías si no me hubieses hallado".
2. Contiene rasgos paradójicos: a)comporta una conciencia cierta y oscura al mismo tiempo; b) se impone por sí misma, pero al mismo tiempo requiere el consentimiento de la persona; c) es inmediata, pero llega a través de un signo: sacramento, lugar, situación personal, paisaje...
3. Marca un "antes" y un "después". Es una referencia para siempre. "Re-liga" cuando se hace memoria de ella y al mismo tiempo arraiga en el presente.
4. Dinamiza a toda la persona en una dirección determinada, unificándola y abriéndola al mismo tiempo. Es decir, des-centra (ek-stasis) y re-centra (en-stasis) al mismo tiempo.
Ahora bien, esta experiencia requiere una cierta disposición (7). En principio, no se da en las siguientes circunstancias:
1. La mirada dispersa, perdida en la diversión, distraída de sí misma. Supone una existencia que camina hacia su centro. De ahí la llamada a la unificación.
2. Tampoco en la mirada anónima, propia del hombre masificado. La experiencia de Dios personifica, da un nombre, una identidad propia.
3. Tampoco puede darse en la mirada superficial, que se contenta con el qué y el cómo de las cosas, sino que necesita una apertura de admiración y de búsqueda.
4. Tampoco en la persona dominada por el consumo, el utilitarismo, el afán de lucro, que ha reducido su mundo a su disfrute personal, insensibilizado a las situaciones ajenas. Es necesario un cierto autodominio, la capacidad de hacerse cargo de los deseos y necesidades de los demás.
5. Tampoco en la mirada dominadora, que hace y deshace según su voluntad de poder. Es necesaria una cierta capacidad de gratuidad. A esta interrelación entre don y disposición la Iglesia de Oriente la denomina synergeia, literalmente: "co-operación" -actuar conjuntamente-. Resuena aquí el lema ignaciano: " Haz todas las cosas como si dependiesen sólo de ti, pero sabiendo que dependen sólo de Dios". Algunas corrientes de espiritualidad hablan de teandrismo ("theos"(Dios) - "andros"(hombre)).
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LA ZARZA ARDIENDO O LA EXPERIENCIA FUNDANTE
EL MONACATO INTERIORIZADO
El ser humano, en tanto que ser creatural, esta constituido como receptáculo; esto lo configura con un vacío radical que hace que experimente diferentes carencias: desde la necesidad de respirar el aire, pasando por la necesidad de alimentos, de afecto y de reconocimiento por parte de los otros, hasta la aspiración a lo Otro que trascienda su misma necesidad, ese Otro en el que culmina la aspiración de todo deseo "creatural". Ahora bien, este vacío radical puede sostenerse de dos formas muy diferentes: cuando se vive como "voracidad" se convierte en opacidad. Cuando se vive en actitud de ofrenda, se convierte en transparencia y verdadera comunión.
La opacidad deriva de nuestra retención o "pulsión de apropiación", que revienta la comunión porque queremos absorberla.. La "pulsión de apropiación" deriva del instinto de supervivencia de nuestra existencia biológica y de nuestro yo psíquico individualizado. Fue éste, precisamente, el error de los Orígenes: querer ser dioses a costa o al margen de Dios (Gn 3). Los Primeros Padres hablaban de que si bien fuimos creados "a imagen y semejanza de Dios", al dejarnos llevar por la pulsión de apropiación, perdimos la semejanza (Gn 1,26), pero no la imagen (icono), que es la huella -o semilla- divina presente en todo ser humano. La tarea de todo ser humano es la de restaurar la semejanza con Dios: pasar de la pulsión de apropiación a la actitud de donación. Por otro lado, dice el texto bíblico que "Dios creó al ser humano a imagen suya, lo creo a imagen de Dios, hombre y mujer lo creó (Gn 1, 27). Así, la masculinidad y la feminidad son aspectos de Dios y de la realidad (animus et anima, el yin y el yang, actividad y pasividad...) que hay que aprender a armonizar.
Otra forma de hablar de esta restauración de la semejanza es la "cristificación" o "divinización" (Ef 4, 12-13), término este último, poco frecuente en la teología occidental. La divinización implica al mismo tiempo una unificación, que integra tres dimensiones simultáneas: unión con Dios, unión con los otros y unificación interior. Esta tarea no es un lujo reservado a algunos, sino que es camino de humanización indispensable para todo el mundo.
El teólogo ruso Paul Eudokimov se ha referido a esta vocación del hombre contemporáneo con la expresión monacato interiorizado. (1) Monachos viene de "monos", "uno", "único", en griego. Es decir, "monje" es aquel o aquella que está unificado: unificado con Dios, consigo mismo, con los demás y con el mundo que lo rodea. Pero para estar unido a ellos, al mismo tiempo está "apartado". Se trata de una difícil presencia-distancia respecto de sí mismo, de los demás y del mundo, para vivir sin devorar, sino entregando. Monacato interiorizado porque nosotros somos "urbanitas", es decir, habitantes de la ciudad. Nuestro desierto, nuestro monasterio, es la vida hiperurbana. Éste ha de ser el lugar de nuestro encuentro con Dios, porque éste es el escenario de nuestra donación. Se trata de ir alcanzando aquello que dijo San Serafín de Sarov, monje ruso del siglo XIX: "Encuentra la paz y miles de personas a tu alrededor se salvarán".
1.1 Sospechas y dificultades ante la tarea de la transformación interior
Para entrar en este camino, hay que superar la dicotomía ética-mística y descubrir que se necesitan mutuamente. Contraponerlas comporta debilitarlas. La ética es la carne de la mística; la mística, el alma de la ética. José María Valverde, para solidarizarse con la expulsión de Aranguren dijo: "Nulla aesthetica sine ethica". Nosotros podríamos decir hoy: "Nulla mystica sine ethica", pero también: "Nulla ethica sine mystica". Porque la solidaridad no puede comerse a la interioridad, del mismo modo que el criterio de verificación de la interioridad es la solidaridad. Ésta no puede concebirse en modo alguno como algo exterior a la experiencia espiritual, sino como algo profundamente interior: la comunión es con todo, puesto que sólo tenemos un corazón.
Pere Casaldàliga es testigo de esta integración:
La vida sobre ruedas o a caballo,
Yendo y viniendo de misión cumplida,
Árbol entre los árboles me callo
Y oigo cómo se acerca tu venida.
Cuanto menos Te encuentro, más te hallo,
Libres los dos de nombre y de medida.
Dueño del miedo que Te doy vasallo,
Vivo de la esperanza de Tu vida.
Al acecho del reino diferente,
Voy amando las cosas y la gente,
Ciudadano de todo y extranjero.
Y me llama tu paz como un abismo
Mientras cruzo las sombras, guerrillero
Del Mundo, de la Iglesia y de mí mismo.
Sonetos Neobíblicos precisamente(2)
En la primera estrofa se percibe la agitación del hombre contemporáneo ("la vida sobre ruedas o a caballo/yendo y viniendo de misión cumplida"), pero también su capacidad contemplativa ("árbol entre los árboles me callo/y oigo cómo se acerca tu venida"). Las tres segundas estrofas expresan la búsqueda, la presencia y las ausencias de Dios en el revolucionario y el ermitaño que todos llevamos dentro: "Al acecho del Reino diferente/voy amando las cosas y la gente/ciudadano de todo y extranjero./ Y me llama tu paz como un abismo..."
Precisamente, el otro reto al que tiene que hacer frente la tarea de unificación integral es nuestro desbarajuste, nuestra agitación como "urbanitas" que somos. ¿Cuál es la espiritualidad posible -la vida en el Espíritu- para un habitante de la ciudad? En el denominado Primer Mundo, nunca el ser humano había tenido que afrontar tanta dispersión de estímulos, tanta inmediatez de posibilidades de consumo, tanta simultaneidad de ámbitos, tanto anonimato... Todo ello parece incompatible con la vida del Espíritu. Pero al igual que los Padres del Desierto convirtieron el hambre, la falta de sueño y las enfermedades (los elementos adversos de su cultura) en medios espirituales, también nosotros estamos llamados a descubrir cómo transformar los actuales elementos perturbadores. Ésta es precisamente la tarea de la espiritualidad. Tarea que, sin duda, es un combate ("guerrillero de mí mismo", decía el poema de Casaldáliga).
De hecho, se dan dos caminos simultáneos.: la búsqueda de la interioridad (en-stasis) en la condición urbana y el desprendimiento de la solidaridad (ex -stasis). Más que nunca, la solidaridad está llamada a ser descubierta como un camino ético y místico al mismo tiempo: dejar que el rostro desfigurado del otro se revele como el "sacramento del hermano". Este desprendimiento (kenosis) es camino de libertad, otro nombre para la más que nunca necesaria austeridad en una sociedad esclavizada por el consumo, que lleva a la divinización (Fil 2,5-9). La estructura de la experiencia mística cristiana pasa por el movimiento:kenosis-teosis. Éste es su criterio de verificación.
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Javier Melloni
La opacidad deriva de nuestra retención o "pulsión de apropiación", que revienta la comunión porque queremos absorberla.. La "pulsión de apropiación" deriva del instinto de supervivencia de nuestra existencia biológica y de nuestro yo psíquico individualizado. Fue éste, precisamente, el error de los Orígenes: querer ser dioses a costa o al margen de Dios (Gn 3). Los Primeros Padres hablaban de que si bien fuimos creados "a imagen y semejanza de Dios", al dejarnos llevar por la pulsión de apropiación, perdimos la semejanza (Gn 1,26), pero no la imagen (icono), que es la huella -o semilla- divina presente en todo ser humano. La tarea de todo ser humano es la de restaurar la semejanza con Dios: pasar de la pulsión de apropiación a la actitud de donación. Por otro lado, dice el texto bíblico que "Dios creó al ser humano a imagen suya, lo creo a imagen de Dios, hombre y mujer lo creó (Gn 1, 27). Así, la masculinidad y la feminidad son aspectos de Dios y de la realidad (animus et anima, el yin y el yang, actividad y pasividad...) que hay que aprender a armonizar.
Otra forma de hablar de esta restauración de la semejanza es la "cristificación" o "divinización" (Ef 4, 12-13), término este último, poco frecuente en la teología occidental. La divinización implica al mismo tiempo una unificación, que integra tres dimensiones simultáneas: unión con Dios, unión con los otros y unificación interior. Esta tarea no es un lujo reservado a algunos, sino que es camino de humanización indispensable para todo el mundo.
El teólogo ruso Paul Eudokimov se ha referido a esta vocación del hombre contemporáneo con la expresión monacato interiorizado. (1) Monachos viene de "monos", "uno", "único", en griego. Es decir, "monje" es aquel o aquella que está unificado: unificado con Dios, consigo mismo, con los demás y con el mundo que lo rodea. Pero para estar unido a ellos, al mismo tiempo está "apartado". Se trata de una difícil presencia-distancia respecto de sí mismo, de los demás y del mundo, para vivir sin devorar, sino entregando. Monacato interiorizado porque nosotros somos "urbanitas", es decir, habitantes de la ciudad. Nuestro desierto, nuestro monasterio, es la vida hiperurbana. Éste ha de ser el lugar de nuestro encuentro con Dios, porque éste es el escenario de nuestra donación. Se trata de ir alcanzando aquello que dijo San Serafín de Sarov, monje ruso del siglo XIX: "Encuentra la paz y miles de personas a tu alrededor se salvarán".
1.1 Sospechas y dificultades ante la tarea de la transformación interior
Para entrar en este camino, hay que superar la dicotomía ética-mística y descubrir que se necesitan mutuamente. Contraponerlas comporta debilitarlas. La ética es la carne de la mística; la mística, el alma de la ética. José María Valverde, para solidarizarse con la expulsión de Aranguren dijo: "Nulla aesthetica sine ethica". Nosotros podríamos decir hoy: "Nulla mystica sine ethica", pero también: "Nulla ethica sine mystica". Porque la solidaridad no puede comerse a la interioridad, del mismo modo que el criterio de verificación de la interioridad es la solidaridad. Ésta no puede concebirse en modo alguno como algo exterior a la experiencia espiritual, sino como algo profundamente interior: la comunión es con todo, puesto que sólo tenemos un corazón.
Pere Casaldàliga es testigo de esta integración:
La vida sobre ruedas o a caballo,
Yendo y viniendo de misión cumplida,
Árbol entre los árboles me callo
Y oigo cómo se acerca tu venida.
Cuanto menos Te encuentro, más te hallo,
Libres los dos de nombre y de medida.
Dueño del miedo que Te doy vasallo,
Vivo de la esperanza de Tu vida.
Al acecho del reino diferente,
Voy amando las cosas y la gente,
Ciudadano de todo y extranjero.
Y me llama tu paz como un abismo
Mientras cruzo las sombras, guerrillero
Del Mundo, de la Iglesia y de mí mismo.
Sonetos Neobíblicos precisamente(2)
En la primera estrofa se percibe la agitación del hombre contemporáneo ("la vida sobre ruedas o a caballo/yendo y viniendo de misión cumplida"), pero también su capacidad contemplativa ("árbol entre los árboles me callo/y oigo cómo se acerca tu venida"). Las tres segundas estrofas expresan la búsqueda, la presencia y las ausencias de Dios en el revolucionario y el ermitaño que todos llevamos dentro: "Al acecho del Reino diferente/voy amando las cosas y la gente/ciudadano de todo y extranjero./ Y me llama tu paz como un abismo..."
Precisamente, el otro reto al que tiene que hacer frente la tarea de unificación integral es nuestro desbarajuste, nuestra agitación como "urbanitas" que somos. ¿Cuál es la espiritualidad posible -la vida en el Espíritu- para un habitante de la ciudad? En el denominado Primer Mundo, nunca el ser humano había tenido que afrontar tanta dispersión de estímulos, tanta inmediatez de posibilidades de consumo, tanta simultaneidad de ámbitos, tanto anonimato... Todo ello parece incompatible con la vida del Espíritu. Pero al igual que los Padres del Desierto convirtieron el hambre, la falta de sueño y las enfermedades (los elementos adversos de su cultura) en medios espirituales, también nosotros estamos llamados a descubrir cómo transformar los actuales elementos perturbadores. Ésta es precisamente la tarea de la espiritualidad. Tarea que, sin duda, es un combate ("guerrillero de mí mismo", decía el poema de Casaldáliga).
De hecho, se dan dos caminos simultáneos.: la búsqueda de la interioridad (en-stasis) en la condición urbana y el desprendimiento de la solidaridad (ex -stasis). Más que nunca, la solidaridad está llamada a ser descubierta como un camino ético y místico al mismo tiempo: dejar que el rostro desfigurado del otro se revele como el "sacramento del hermano". Este desprendimiento (kenosis) es camino de libertad, otro nombre para la más que nunca necesaria austeridad en una sociedad esclavizada por el consumo, que lleva a la divinización (Fil 2,5-9). La estructura de la experiencia mística cristiana pasa por el movimiento:kenosis-teosis. Éste es su criterio de verificación.
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Colgate la cruz en el cuello, te protegera de todo peligro, sera tu aliada en la tentacion y espantara todo mal.
Espacios dedicados a Dios.
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VATICAN MUSEUMS 1/3Hace 8 años
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