
Todas las criaturas buscan la Unidad,
Toda la multiplicidad se aplica a conseguirla;
La meta universal de toda forma de vida
Es siempre esta Unidad.
Johann Tauler

En fin, lo mismo que el justo, después de haber subido todos estos grados, corre hacia la vida con un corazón gozoso y sin trabajo, en alas de la buena costumbre, así el impío, cuando ha bajado todos los grados correspondientes, ya no se rige por la razón ni se domina con el freno del temor; los malos hábitos se lo impiden, y se lanza temerariamente hacia la muerte. Entre estos dos extremos están los que se esfuerzan y angustian ; aquellos que, atormentados por el miedo del infierno o embarazados por sus antiguas malas costumbres, se debaten sufriendo continuos altibajos.
Solamente corren sin tropiezos y sin fatiga los que están en el grado supremo o en el ínfimo. Unos van veloces hacia la muerte, y otros hacia la vida. Estos caminan con alegría; aquéllos se abocan vertiginosamente. A los primeros, la caridad les estimula. A los segundos, la pasión les arrastra. Unos y otros no sienten el peso de la vida; pues tanto el amor perfecto como la iniquidad consumada echan fuera todo temor. La verdad da seguridad a unos; la ceguera, a otros. En consecuencia, el duodécimo grado puede ser denominado costumbre de pecar; costumbre en la que se pierde el temor de Dios y se incurre en desprecio.Tengamos en cuenta que todos estos grados, doce en total, pueden reducirse a tres. Los seis primeros se refieren al desprecio a los hermanos; los cuatro siguientes, al desprecio del maestro; los dos restantes, al desprecio de Dios. No olvidemos tampoco que estos dos últimos grados de soberbia corresponden inversamente a los dos primeros de humildad y que deben subirse antes de comprometerse en la vida comunitaria.
Por esta misma razón son dos grados a los que nunca debe llegar hermano alguno. La Regla misma presupone que deben subirse previamente, según leemos en el tercer grado de humildad: EI tercer grado, dice, consiste en someterse por amor de Dios al superior con una obediencia sin límite. Si se coloca la sumisión en el tercer grado, el novicio la adquiere cuando se asocia a la comunidad. Se supone, por tanto, que ya ha subido los dos grados anteriores. En fin, cuando el monje desprecia la concordia de los hermanos y las órdenes del maestro, ¿qué está haciendo en el monasterio sino fomentar el escándalo?
En fin, vive siempre al acecho de sus propios intereses v es indolente en los asuntos comunes. Vela en cama y duerme en el coro. Se pasa adormilado toda la noche durante el canto de las vigilias. Después, mientras los demás respiran el sosiego del claustro, él se queda solo en el oratorio; carraspea y tose; y desde el rincón donde se encuentra aturde con sus gemidos y suspiros a los que están fuera sentados. Con todas estas rarezas carentes de mérito, se acredita un excelente prestigio ante los más ingenuos, que tienen por cierto lo que ven y no se paran a pensar de dónde procede tal rumor santo, aplicado a ese individuo; e incurren en engaño.
Si la conversación declina en mera diversión, entonces se muestra como un fenómeno de locuacidad que domina la materia a las mil maravillas. Si le oyes, dirás que su boca es todo un torrente de vanidad, un alud de chocarrerías, hasta el punto de provocar la ligereza incluso en las personas más sensatas v recatadas. Resumiendo en breve todo lo dicho: En el mucho hablar se descubre la jactancia. A lo largo de estas líneas tienes descrito y enumerado el cuarto grado. Huye de él, pero recuerda su contenido. Con esta advertencia pasemos ya al quinto; lo titulo "la singularidad
El curioso se entretiene en apacentar a estos cabritos, mientras que no se preocupa de conocer su estado interior. Si cuidas con suma atención de ti mismo, difícil será que pienses en cualquier otra cosa. ¡Curioso!, escucha a Salomón. Escucha, necio, al sabio: Por encima de todo guarda tu corazón; y todos tus sentidos vigilarán para guardar aquello de donde brota la vida. ¡Curioso!, ¿adónde vas cuando te alejas de ti?; ¿a quién te confías durante ese tiempo?; ¿cómo te atreves a levantar los ojos al cielo, tú que pecaste contra el cielo? Clava tus ojos en tierra para que te conozcas. La tierra te dará tu propia imagen; porque eres tierra y a la tierra has de volver.


El abad AGATÓN dijo a unos hermanos que le preguntaron cuál era la virtud que pide más esfuerzo. Dijo: a mí me parece que la que pide más esfuerzo es rogar a Dios. Si el hombre desea rogar a Dios, los demonios lucharán para interrumpir su oración, ellos saben que nada los hace tanto obstáculo como la plegaria que se levanta hacia el cielo. En efecto, cualquier trabajo que haga el hombre religioso, aunque le pida mucho ardor y constancia, acabará por obtener el reposo. La plegaria, en cambio exige hasta el último respiro, un combate penoso.
Abad HIPERÈQUIOS: Así como es imposible ver la propia cara en el agua turbia, tampoco podemos contemplar a Dios sin ser purificado de los deseos malsanos.
Abad POEMEN: El Penthos (arrepentimiento) tiene una doble función: cultivar, y guardar, el paraíso del monje.
Abad HIPEREQUIOS: El monje que vela transforma la noche en día, por su asiduidad a la plegaria. El monje que se golpea el pecho hace brillar las lágrimas y atrae la misericordia de Dios.
El abad ANTONIO dijo: la vida y la muerte nos vienen del prójimo. Si ganamos a nuestro hermano ganamos a Dios, si lo escandalizamos es contra Cristo que pecamos.
Abad AGATÓN: En tanto como he podido, no he ido nunca a dormir guardando en mi corazón resentimiento contra nadie, y no he dejado nunca que nadie fuera a dormir teniendo alguna cosa contra mí.
Abad PASTOR: No hay nada más grande que el amor, que consiste en dar la vida para el prójimo. En efecto, cuándo alguien es insultado o malherido por un hermano, si le devuelve bien por mal él da su vida para el prójimo.